No es ningún secreto que muchos jugadores de Sudamérica, Asia y, especialmente, África ven al Campeonato Mundial Juvenil de la FIFA no sólo como una oportunidad de llevar la alegría a sus compatriotas, sino también de impresionar a los acaudalados clubes europeos que andan a la caza de una ganga.
El veloz marroquí Rachid Tiberkanine ansía lo primero, aunque puede vivir sin lo segundo. Nacido en la ciudad belga de Amberes, este muchacho fue descubierto por el Ajax de Amsterdam cuando sólo tenía 15 años. Su ascensión a través de las categorías inferiores del afamado equipo neerlandés ha sido rápida, y después de marcar once goles como centrocampista la temporada pasada, ha dado el salto al primer equipo.
Su sensacional actuación en el Campeonato Africano Juvenil, en donde únicamente una tanda de penales ante Nigeria impidió a los magrebíes alcanzar la final, realzó todavía más su reputación, e hizo que numerosos ojeadores del presente certamen mundial sigan de cerca al número 14.
Sin embargo, a pesar de jugar en campos que le son conocidos, el torneo no ha ido bien para Tiberkanine. Cuando el marcador reflejaba un 1-0 en contra en el partido inaugural, frente a España, el jugador de 20 años falló una ocasión inmejorable para empatar, y después de que los europeos ampliasen su renta unos segundos más tarde, fue sustituido.
Aunque los jóvenes Leones ganaron sus dos siguientes partidos, endosándole un 5-0 a Honduras y un 1-0 a Chile, lo que les permitió clasificarse para octavos de final, el futbolista del Ajax siguió calentando el banquillo. Pese a los éxitos, entre la nutrida comunidad marroquí en Holanda (320,000 personas) se creía que o bien Tiberkanine estaba lesionado o había roto con el seleccionador, Jamal Fathi.
No obstante, la situación pareció cambiar en octavos de final, contra Japón. Marruecos no sólo pasaba apuros para doblegar a un equipo considerado por muchos de los más débiles de cuantos quedaban en liza, siendo superado en el aspecto físico y psicológico, sino que también tuvo suerte de no verse con desventaja en el marcador antes del descanso.
Corría el minuto 52, y cuando los gritos de ánimo de sus entregados seguidores estaban empezando a amainar, era el momento de arriesgarse: Tiberkanine saltó al campo, lo que provocó una inmediata reacción del público. El característico juego rápido y agresivo de los jóvenes Leones empezó a tomar forma. Se incrementó el ritmo, se ponderaron más los pases y se leyeron mejor las jugadas, al tiempo que las fuerzas de los japoneses empezaban a aflojar. A falta de unos segundos para el pitido final, Moussine Iajour marcó el gol que dio la victoria a los suyos y causó una explosión de júbilo entre los miles de espectadores presentes. "Hicimos un cambio y funcionó", señaló posteriormente Fathi. "Rachid fue el revulsivo".
En caso de que Tiberkanine estuviera empezando a lamentar su decisión de jugar con la selección sub-20 marroquí tras haber vestido la camiseta de la sub-19 belga, estas palabras llegaron el momento oportuno. "Estoy muy contento con mi elección (de nacionalidad)", indicó el jugador. "Mis padres son marroquíes, yo me siento marroquí y mi corazón es marroquí".
Se espera que miles de sus compatriotas acudan nuevamente a Utrecht para presenciar el choque de cuartos de final frente a Italia el viernes, y millones más seguirán desde África a su equipo sub-20, que nunca antes había llegado a esta ronda, con la esperanza de que continúe haciendo historia.
"Ya hemos conseguido mucho, pero no queremos detenernos aquí", añadió al término de la última sesión de entrenamiento previa al partido. "El apoyo de nuestro público es como tener un jugador más, y aunque Italia es un equipo potente, si seguimos jugando así lo conseguiremos".
Y es probable que no sepamos hasta el último momento si el sagaz Tiberkanine también lo logrará.