Los grupos de jóvenes aficionados rondan los hoteles de concentración y los entrenamientos de los equipos buscando el autógrafo y la foto de una futura estrella que se destape en el Campeonato Mundial Juvenil de la FIFA Holanda 2005. En la selección española tienen muy claro a quien buscan: Cesc Fábregas es ya todo un ídolo.

Tras la reunión técnica de primera hora de la mañana, los jugadores de Argentina y España se mezclan en el vestíbulo del hotel de Enschede. Cesc se acerca a Lionel Messi para felicitarle en el día del cumpleaños y bromear acerca del partido que se avecina. Rivales en la cancha el próximo sábado en el partido de cuartos de final, pero buenos amigos por los ratos compartidos en Barcelona.

"Todos los rivales en este tipo de torneos son muy importantes y Argentina es siempre una de las selecciones que aspira a llegar a la final como Brasil o España", dice Fábregas a FIFA.com antes de salir a dar un paseo con sus compañeros.

No le pesa la etiqueta de joven estrella, a pesar de que atrae continuamente la atención de la prensa y los aficionados, porque él no se siente como tal. "Aquí somos todos iguales y vamos a jugar todos juntos. Yo sin mis compañeros no hago nada y ellos también me necesitan a mí. Somos un grupo y eso lo tenemos bien claro", comenta sin dejarse de tocarse el pelo, quizá una fórmula para vencer la timidez propia de sus dieciocho años.

Esa mentalidad de colectivo que el equipo de Iñaki Sáez muestra tanto dentro como fuera del terreno de juego es una de las claves de una selección madura y experimentada que superó sin problemas la fase de grupos y solventó con tranquilidad el choque de octavos ante Turquía (3-0).

"No hay ningún partido fácil. En el fútbol tienes que salir al 100% y darlo todo. Luego pueden salirte las cosas o no, pero no puedes salir confiado y pensando que ya lo has ganado desde el principio", señala Fábregas. "Nosotros, como en cada partido, estamos muy ilusionados por llegar a ganar este torneo y vamos a salir a dar la cara ante Argentina para estar un poquito más cerca de ese objetivo final".

El rival del sábado es un viejo conocido. Disputaron la semifinal del Campeonato Mundial Sub-17 de la FIFA Finlandia 2003 en la que España se impuso con un gol en el último suspiro de la prórroga. Algunos de los jugadores que protagonizaron aquel vibrante partido volverán a verse las caras esta vez en una categoría superior. Se conocen bien.

"En ese partido nos impusimos en el último minuto de la prórroga y nos iban ganando por 2-0 en la primera parte. Ya sabes que en el fútbol, en cinco minutos todo puede cambiar completamente", recuerda el centrocampista español que en aquella competición recibió la Bota de oro al mejor jugador del torneo y el Balón de oro al más goleador. Sin embargo se fue con el mal sabor de boca de la derrota ante Brasil en la final.

"Recibir un trofeo personal te da mucha moral. Es muy bonito que te reconozcan como el mejor jugador de un Mundial o que te hayan salido bien las cosas y hayas marcado muchos goles. Pero lo importante es siempre jugar para el equipo y si no fuera por este grupo no estaríamos aquí. No nos debemos fijar en un jugador solamente", explica con una sinceridad y humildad sorprendente.


Ahora, vive plenamente concentrado en dirigir el centro del campo de la selección juvenil que aspira ha llevarse el trofeo. "Somos 21 amigos que hemos venido aquí a divertirnos y pasarlo bien. Pero, sobre todo, a competir y a ganar. Creemos que somos los mejores y lo vamos a intentar demostrar dentro del campo", sentencia con total convicción.

Argentina no se lo pondrá fácil.  "Todos los jugadores argentinos son muy importantes, y si han llegado a cuartos es por algo. En medio campo tocan mucho, juegan bien la pelota y tienen mucha definición. Además, son muy competitivos", dice el centrocampista del Arsenal en un breve análisis de la albiceleste.

Desde Finlandia el jugador no ha dejado de crecer futbolísticamente. Fichado por el Arsenal con tan sólo 16 años en octubre de 2003, la oportunidad de compartir vestuario con gente de la talla de Tierry Henry, Robert Pirès o Patrick Vieira, le ayuda a perfeccionar su talento natural con el balón. Un talento precoz que ya le ha permitido participar con la selección nacional sub-21 con tan sólo 17 añitos.

"Las cosas de momento me van bien. Estoy trabajando muy duro para que todo siga así. Me he integrado muy bien en Inglaterra donde estoy aprendiendo mucho y muy deprisa. Estoy muy agradecido a mi club por haber confiado en mí cuando sólo tenía 16 años", comenta con una gran sonrisa.

Ahora sólo pide una cosa más, dejar la tierra de los tulipanes con la medalla de campeón mundial en la maleta.