Los herederos de Nakata, Nakamura y Ono han presentado un rendimiento muy irregular en el Campeonato Mundial Juvenil de la FIFA Holanda 2005. Aunque, por contradictorio que parezca, enmendaron la plana en la derrota que los eliminó de la competición.

El conjunto azul inauguró su participación con mucha fuerza y, a pesar de todo, su actuación no dejó un sabor agridulce. Durante la primera mitad de su debut en esta edición de la competición, la Naranja Mecánica subyugó a los japoneses, que se fueron a los vestuarios con la cabeza gacha y un déficit de dos goles.

En la segunda parte, la escuadra nipona logró reparar parte de los daños sufridos, acortando a la mitad la distancia que la separaba del rival y, sobre todo, se las arregló para sofocar el ataque holandés y acallar al graderío. Alcanzó tal empuje que sus rivales agradecieron el pitido final con claras expresiones de alivio y, posteriormente, se refirieron a la hazaña del equipo japonés con una mezcla de admiración y sorpresa Pese a las deficiencias mostradas, era un prometedor comienzo

En los dos partidos siguientes, fue incapaz de cumplir con su promesa: contra Benín y Australia, los japoneses jugaron con cautela y control pero con muy poco dinamismo. Visto desde la grada, el equipo no mostraba ningún entusiasmo por la victoria Lo que sí dejaba traslucir era una negativa pertinaz a la derrota. En ambos partidos, Japón se recuperó de un marcador adverso y empató en los compases finales

Sorpresa en octavos de final
Al final, esos esfuerzos bastaron para colocar a Japón en la segunda posición de su grupo y concederle, por tanto, el acceso a octavos de final. Sin embargo, como admitió sin tapujos su entrenador, Kiyoshi Ohkuma, la clasificación fue un regalo inesperado. De hecho, Japón se convirtió en la primera selección de la historia del Campeonato Mundial Juvenil de la FIFA que se clasificaba para la fase eliminatoria sin haber ganado ni uno solo de sus partidos

En esos momentos, los muchos y fieles seguidores acérrimos de Japón, los hinchas del equipo nacional que asistían en Europa a la Copa FIFA Confederaciones y al Campeonato Mundial Juvenil de la FIFA, empezaron a temer que los chicos del conjunto sub-20 llegaran como ovejas al matadero al partido contra los habilidosos y agresivos marroquíes A los pocos segundos del inicio del encuentro, se disiparon todos sus temores

Los japoneses llegaron pletóricos, con la misma agresividad positiva que Marruecos demostró en todo el partido Se ha hablado hasta la saciedad del gol de la victoria de Mouhssine Iajour en tiempo añadido pero, incluso cuando faltaba menos de un minuto para que se cumpliera el tiempo reglamentario, Japón no daba muestras de rendirse Ohkuma cambió a uno de los defensas por un delantero, el joven de 17 años Takayuki Morimoto. El equipo se lanzó al ataque, se adjudicó un saque de esquina y estuvo a punto de meter el balón desde el consiguiente barullo de hombres agolpados ante la meta.

Pero todo fue en vano. Los nipones se quedaron lamentando la ironía de que sus mejores partidos se vieran recompensados con derrotas amargas, mientras que sus peores les dieran puntos y los clasificaran para la ronda siguiente.

Ohkuma, de forma harto sorprendente para un equipo que participaba en su sexta fase final consecutiva y en su séptima en total, seguía culpando del fracaso a la falta de experiencia de sus jugadores. Si se piensa bien, lo mismo podría aplicarse a todos los jugadores presentes en el campeonato: enfrentarse en el primer partido a la selección anfitriona o llegar con un empate al tiempo añadido en la fase eliminatoria de una competición internacional son experiencias que muy pocos de ellos habían vivido anteriormente.

Sin embargo, Ohkuma se refería a la falta de experiencia de sus jugadores en la más alta categoría de clubes del país. Su comentario apunta a la difícil situación en la que actualmente se encuentra el fútbol japonés. La cantera nipona, bien organizada y competitiva, produjo una generación de oro de jugadores muy dotados. La mayoría de ellos participaron en el Campeonato Mundial Juvenil de la FIFA en los años 1995, 1997 y 1999 (cuando, con el liderazgo del futbolista del Feyenoord Shinji Ono, Japón se hizo con la medalla de plata).

No obstante, ningún jugador de los equipos de aquellos tres campeonatos ha conseguido formar parte de la selección absoluta En el conjunto sub-20 actual, sólo unos cuantos juegan regularmente en la liga japonesa Esa situación contrasta vivamente con, por ejemplo, la de Holanda, donde sólo en el equipo sub-20 participan cuatro jugadores que han sido convocados también a la selección absoluta

Este grupo de jóvenes japoneses no está acabado todavía como equipo: ahora empezará a prepararse para los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 La experiencia obtenida en este campeonato le servirá para colocarse en un buen lugar. Como Ohkuma indicó en su última rueda de prensa, la calidad de un equipo se limita, en última instancia, a la de cada uno de sus individuos. Para el perfeccionamiento del fútbol japonés, la cantera actual de jóvenes internacionales debe empezar a sustituir a la generación de oro, tanto en el fútbol de clubes como en el internacional, lo más pronto posible.