LA PELÍCULA DE LA JORNADA - Si el Viejo Continente había recuperado su lustre al colocar a cuatro de sus formaciones en cuartos de final de Holanda 2005, pronto lo ha perdido. Ninguna de ellas formará parte del último cuarteto. Nigeria, verdugo inesperado del anfitrión holandés en Kerkrade este 25 de junio, se opondrá a Marruecos; en tanto que Argentina, que ha vencido en su clásico juvenil contra España en Enschede, se reencontrará con su viejo rival brasileño. Será, por tanto, una final latino-africana.
El sábado, 25 de junio, los Países Bajos despertaron bajo la lluvia. El duelo de cuartos de final del Campeonato Mundial Juvenil de la FIFA Holanda 2005 entre holandeses y nigerianos se preveía oscuro para los locales. Cuando aún no se había llegado a los 30 segundos de juego, una carambola increíble rematada a la red por John Owoeri dejaba un poco más fríos a los seguidores Oranje. Por primera vez en el torneo, los neerlandeses iban por detrás en el marcador. La descarga fue tan repentina que quedaron obnubilados durante diez minutos largos.
Como de costumbre, el tornado "Quincy" enseñó a los suyos el camino de regreso al partido, aunque no el de la portería rival. Y así Rick Kruys y Ron Vlaar fallaron las buenas ocasiones de que disfrutaron. Una vez capeado el primer temporal, las Águilas Voladoras ejercieron su derecho a réplica y atronaron varias veces la meta local. En una de ellas, Solomon Okoronkwo estuvo a dos dedos de doblar la ventaja; en el estadio Parkstad Limburg se hizo un silencio de catedral.
Un breve rayo de sol
A la vuelta de los vestuarios, el sol había regresado a Kerkrade, y se hizo la luz para los holandeses. Owusu-Abeyie desbordó por la derecha, envió un centro maravilloso al área y Ron Vlaar conectó un testarazo imparable. No había transcurrido ni el minuto de juego tras la reanudación, lo que permitió constatar una primicia histórica en la prueba reina juvenil: un gol en los primeros 60 segundos de cada tiempo. Tras despegar impulsados por el empate y por el público, los pupilos de Foppe de Haan deberían haber ido a por el partido pero los potentísimos nigerianos no tenían ninguna intención de dejarse avasallar, por lo que se hizo necesario recurrir a la prórroga.
Los africanos no habían perdido ninguno de los cuatro partidos de 120 minutos que habían disputado en la categoría juvenil. Por su parte, los holandeses nunca habían pasado por la prolongación. Y jamás habían logrado arribar a las semifinales del Campeonato Mundial Juvenil de la FIFA, fase que los nigerianos han alcanzado dos veces. La historia estaba por tanto del lado de Nigeria, y su influjo acabó por imponerse. Acaso gracias a la magia de Ambruse Vanzekin, los nigerianos cantaron victoria al término de la tanda de penales más larga en la historia de las competiciones de la FIFA: 10:9 (junto con un partido de la categoría juvenil entre Paraguay y Uruguay en 1999). En definitiva, las Águilas voladoras se enfrentarán a los marroquíes en semifinales; África estará en la final. El astro rey había dejado de brillar en Kerkrade desde hacía rato…
Mucho más tranquilo estaba el ambiente por la tarde en Enschede para presenciar el choque entre dos viejos veteranos de la prueba reina juvenil, Argentina y España: once participaciones cada uno, cinco títulos entrambos (cuatro para Argentina, uno para España), nueve cuartos de final para los iberos, ocho para los albicelestes… Y lo que es más, una buena parte de los dos conjuntos se conocía bien por haberse enfrentado en semifinales del Campeonato Mundial Sub-17 de la FIFA 2003.
La picadura mortal de la albiceleste
Por tanto, nada de protocolo de presentación. Los primeros en entrar en acción fueron los argentinos, que habían arrancado la competición de manera pausada, al contrario de los españoles, que mandaron desde su primera batalla. Lionel Messi empezó mareando a la excelente defensa de la Furia Roja (un sólo gol encajado hasta entonces), pero fue el capitán Pablo Zabaleta quien abrió la primera brecha. Aguijoneados en lo más vivo, los muchachos de Iñaki Sáez no tardaron en reaccionar, y Zapater empató tras una excelente dejada de Llorente. Para ser formaciones tan jóvenes, el trenzado de las jugadas a manera de tela de araña fue impresionante. Pero el inconveniente de esta seriedad en la organización fue una cierta falta de audacia.
El segundo periodo arrancó con los mismos visos. Pero la Albiceleste, transformada en tarántula, asestó de improviso una picadura mortal con la punta, hasta entonces adormecida, como ya lo hiciera contra los colombianos. Gustavo Oberman concluyó con un balón picado una acción magistralmente urdida a 20 minutos para el final. Los españoles quedaron groguis y no tuvieron tiempo de reaccionar para detener el nuevo pinchazo de Messi, que aumentó la sangría.
Messi, el más español de los argentinos, criado en Barcelona, tumbaba a sus hermanos adoptivos dos minutos después que Oberman. De esta manera, los argentinos se meten entre los cuatro mejores por quinta vez en las últimas seis ediciones. Allí se enfrentarán a sus eternos rivales brasileños en una semifinal 100% sudamericana.