Después de rozar el éxtasis tras su histórica clasificación para semifinales, lograda ante la República Checa, la selección de Italia ha vuelto con rapidez a un cierto estado de concentración. Una serenidad propia de los grandes equipos, y una condición que deberá aplicar a fondo en la semifinal del Campeonato Mundial de Futsal de la FIFA Chinese Taipei 2004 frente a la temible Argentina, el viernes 3 de diciembre. He aquí el relato de una velada feliz pero sin excesos en el seno de la Squadra Azzurra.
Muchos minutos después de derrotar a la República Checa (0-3), los italianos seguían frente a la entrada del NTU de Ciudad de Taipei. Sin prisa por subir al autobús para regresar al hotel, los jugadores de Alessandro Nuccorini firmaban autógrafo tras autógrafo a los seguidores que acudieron este miércoles para verles entrar en la historia del fútbol sala transalpino. De esta forma, prolongaban la alegría por su clasificación entre los cuatro mejores del mundo.
El seleccionador posó para una foto con Adriano Foglia, la estrella del equipo, intercambiando sonrisas. Sin embargo, durante el partido, un intercambio verbal entre estos dos hombres estuvo a punto de hacer saltar chispas. Pero la victoria hizo olvidar rápidamente el pequeño rifirrafe. "Son cosas lógicas entre dos personas que trabajan juntas", estimó Nuccorini al final del partido. "Le considera un poco como su hijo", reconoció uno de los miembros de la delegación italiana.
Toda el mundo acabó subiendo al autocar para emprender el camino hacia el hotel Imperial. Al fondo, Grana tomó el micrófono e hizo de improvisado director de coro: "¡Los campeones de Europa somos nosotros! ¡Y nadie más que nosotros!", gritaba todo el grupo alocadamente. Como réplica, Foglia tomó posición en la parte delantera del vehículo: "¡Estamos en semifinales...!". El propio Nuccorini marcaba el compás golpeando con todas sus fuerzas en el techo y en los cristales del autobús.
¿Teñirse de rojo o raparse al cero?
Como todos los equipos, Italia tenía que tener su 'mascota'. Se llama Piero, y es un miembro más de la delegación. Soportando desde la entrevista en la que no le dejan responder, hasta las peores bromas de colegial, este hombre con las patillas teñidas de rosa es el simpático hazmerreír de la cuadrilla. "Piero, si ganamos el título, tienes que elegir entre el pelo rojo o la cabeza rapada", apuntó un Nuccorini más suelto que nunca.
Pero nada más llegar al hotel, la calma y la concentración volvieron a ser protagonistas. Tras dejar las cosas en sus habitaciones, los jugadores se dieron cita en el amplio comedor. Verduras, carne blanca, pescado... y, por supuesto, pizza: la cena aguardaba. Para no perder las buenas costumbres, los italianos se han traído en sus maletas 700 kilos de alimentos. Desde el aceite de oliva hasta el vinagre balsámico, pasando por pasta, embutidos o queso parmesano, cualquiera creería encontrarse en una auténtica trattorìa romana.
Los jugadores comieron poco, sin duda a causa de la excitación o de los primeros atisbos de ansiedad. Uno a uno fueron abandonando la sala -no sin antes pedirle permiso al 'Míster' Nuccorini-, para ir a recibir la necesaria sesión de masajes. De paso, muchos dejaron caer ante el médico del equipo: "¿Vienes a verme a la habitación? Los golpes, los dolores musculares... todo debía ser tratado lo antes posible: no en vano la semifinal se juega dentro de dos días. Algunos jugadores se quedaron allí, reconstruyendo el partido contra la República Checa. Alessandro Nuccorini, mientras, respondía a las preguntas de una televisión italiana. La concurrencia volvía a estar tranquila, casi silenciosa.
Era el momento de dejar a esta Squadra Azzurra enfrascarse poco a poco en la preparación de su partido contra Argentina. El próximo viernes podría escribirse una nueva página en la historia del fútbol sala italiano. En caso de victoria, no nos atrevemos a imaginar la suerte que le reservarán a Piero, la mascota...