El año pasado, la ceremonia inaugural de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA se celebró en el Estadio Nacional de Tokio. Este año, sin embargo, el estadio Toyota, sede de TOYOTA, el Presenting Partner del certamen, se convirtió en el escenario de las celebraciones.
Antes del pitido inicial del primer partido del certamen, que enfrentó al Auckland City y al Al Ahly, el estadio Toyota albergó una especial Fan Fest. Desde varias horas antes del horario oficial de apretura de las puertas (la una en punto de la tarde), se habían formado largas colas de gente ansiosa por asistir a la gran fiesta. En esta tarde soleada en Japón, unas 10,000 personas abarrotaron el recinto donde se celebró el gran espectáculo, incluidas familias enteras y también seguidores de ambos equipos.
Entre las atracciones que contribuyeron a crear un incomparable ambiente antes del partido, los asistentes disfrutaron de los maravillosos malabarismos y exhibiciones futbolísticas del grupo Cube, y de un programa de entrevistas muy especial protagonizado por Nobuhiro Takeda, comentarista futbolístico y antiguo delantero de la selección japonesa.
Takeda apuntó al "Barcelona, por supuesto" como probable campeón de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA y se apresuró a añadir que en el fútbol no hay certezas: "Cada uno de los clubes es el representante de su continente, por eso luchará con uñas y dientes hasta el final. Eso es precisamente lo que engrandece esta competición". Los visitantes a la Fan Fest, probaron por sí mismos (nunca mejor dicho) el carácter mundial del certamen en los diferentes platos gastronómicos de todos los continentes que sirvieron los concurridísimos puestos de comida. Entre otros servicios, el recinto ofreció una "zona de esparcimiento", en la que los visitantes podían relajarse, y un parque de fútbol para los chavales que se convirtió en el mayor éxito de la fiesta.
La estupenda Fan Fest concluyó con la iluminación del futurista estadio Toyota, que dio paso a la celebración de la ceremonia inaugural. A las 19:00, las luces se apagaron durante unos segundos y, con una fanfarria musical de fondo, las primeras imágenes del vídeo de presentación aparecieron en la pantalla gigante (30 x 40 metros) que domina el estadio.
Como símbolo del carácter planetario que tiene la Copa Mundial de Clubes de la FIFA, en las gradas situadas detrás de una de las porterías emergió un globo terráqueo de 7 metros de diámetro, mientras de la tribuna posterior surgía un dragón gigante con seis brillantes esferas pintadas con los colores de los seis equipos participantes. La música china que interpretaron instrumentos típicos, incluido el erhu, ayudó a crear una atmósfera muy oriental. Entonces, una a una, como planetas llenos de color, las seis esferas iluminaron la Tierra.
El mensaje subyacente que simbolizaba la luz de las esferas era que, en cualquier momento del día, el deporte rey se está jugando en algún lugar del mundo. Estos partidos, en los que sólo cabe un ganador, como igualmente sucede en los retos que nos plantea la propia vida, siempre serán motivo de júbilo y desilusión a partes iguales, pero el espectáculo y la pasión que despiertan siguen atrayéndonos sin cesar. Incluso el club más modesto puede tratar de tú a tú a un equipo repleto de las más brillantes estrellas cuando ambos se encuentran sobre el terreno de juego.
Japón 2006 es buena muestra de ello. Los seis campeones continentales ocupan el lugar que por derecho les pertenece en la Copa Mundial de Clubes de la FIFA. Por lo tanto, nos espera una semana de apasionante fútbol. Al final, el domingo 17 de diciembre, sabremos cuál de los seis contendientes se coronará campeón del mundo.