Fue en su momento uno de los fichajes más caros, y ha deslumbrado a los aficionados de Brasil, Italia y Alemania, al mismo tiempo que compartió vestuario con Kazu Miura en el Verdy Kawasaky (hoy conocido como Tokio Verdy 1969). Ahora a sus 31 años, Marcio Amoroso está listo para desafiar al Campeonato del Mundo de Clubes de la FIFA Copa TOYOTA Japón 2005.  

El delantero del São Paulo Amoroso se muestra confiado. "A partir de ahora son cuatro equipos, cada uno con sus características. Independientemente de cuántos partidos se jueguen, la plantilla está preparada para traer el título a Brasil".

"Estoy encantado de volver al país donde comencé mi carrera internacional", dijo el delantero quien, siendo adolescente, formó parte del grupo que ganó en Tokio el título en 1992 y 1993. "Espero que la experiencia que he adquirido sirva a mis compañeros".

Como otros muchos brasileños, la vida deportiva de Amoroso le llevó a dejar su tierra. Sin embargo, pocos como el muchacho de Brasilia han alcanzo tanto éxito. Cuando fue traspasado del Udinese al Parma por 33.1 millones de dólares en 1999, el delantero vivía su momento más dulce. Una velocidad endiablada, gran técnica y goles decisivos, en un momento en el que Ronaldo era el segundo delantero de Brasil.

Pero una grave lesión se cruzó en el camino y Amoroso ya no pudo recuperar totalmente la magia que tenía en Italia. Aunque sí encontró el modo de conducir al Borussia Dortmund al éxito en 2002.

Regreso a casa
Amoroso fue contratado durante la semifinal de la Copa Toyota Libertadores, para sustituir al también delantero Grafite, que había tenido que pasar por el quirófano para recuperarse de una lesión en el tobillo. En el primer partido en que participó, la vuelta de las semifinales contra el River Plate, dejó su impronta al marcar en la victoria del conjunto brasileño en Buenos Aires (2-3).

El inicio de su trayectoria en el club fue bueno, y mejor aún la continuación. Cumplió con su cometido de goleador y anotó la primera diana de la final de la Copa Toyota Libertadores, contra el Atlético Paranaense. Su participación fue fundamental para que el São Paulo se convirtiese en el primer club brasileño tres veces campeón de la principal competición de clubes de Sudamérica. El desempeño de este gran futbolista fue recompensado, y Amoroso fue elegido mejor jugador de la final, siendo el segundo brasileño que gana el premio. Únicamente el guardameta Marcos, del Palmeiras, había conquistado antes ese galardón, en 1999, tras imponerse al Deportivo Cali colombiano.

El atacante ha pasado de ser sustituto a tener prácticamente garantizada una plaza de titular. Amoroso, que acaba de regresar de una semana de vacaciones, ha afirmado estar preparado para el desafío de conquistar el Campeonato Mundial de Clubes de la FIFA Copa TOYOTA. "Ahora nuestro objetivo es concentrarnos en el trabajo y en los objetivos tácticos". Acerca de una posible final contra el vencedor de la Liga de Campeones de la UEFA, el Liverpool, cree que el partido sería "de igual a igual. Ambos equipos son fuertes y la gente espera un espectáculo bonito".

Su seguridad también se debe a otro factor. Jugar en Japón no es ninguna novedad para Amoroso, que ya militó en el Verdi Kawasaki, en 1992. Aunque no hable japonés, el artillero demuestra un gran cariño por su antiguo club, y cree ser recordado aún por los hinchas que dejó allí.

Una coincidencia es que otro jugador del Verdi de hace trece años, el delantero Kazu, ídolo de la afición nipona, también está disputando el torneo. Fue compañero de Amoroso en aquella época, y ahora juega en el Sydney, representante de Oceanía en el certamen. El delantero brasileño se deshace en elogios al hablar de Kazu, un gran profesional al que le deseó mucha suerte. Sin embargo, el equipo australiano cayó en el partido de cuartos ante el Deportivo Saprissa y ahora jugará el partido por el quinto puesto ante el Al Ahly de Egipto.

Mientras evoca recuerdos de su estancia en Japón, Amoroso espera que su regreso sea triunfal y puede llevarse de vuelta en la maleta el título de campeón.