Aficionados al fútbol de todos los continentes seguirán con suma atención el Campeonato Mundial de Clubes de la FIFA Copa TOYOTA 2005, que se disputará en diciembre en el lejano Japón. Pese a jugar al otro lado del mundo, con un huso horario de doce horas de diferencia y condiciones climáticas muy distintas a las que está acostumbrado, el São Paulo, equipo brasileño campeón de la Copa Toyota Libertadores, tiene en eso una ventaja sobre sus adversarios.
Los vínculos que unen a ambos países son muy fuertes. En Brasil, los ciudadanos de origen japonés y sus descendientes se cuentan por millones, sobre todo en el Estado de São Paulo, feudo del representante sudamericano. Por otro lado, existen hoy cerca de 270 mil brasileños viviendo en Japón. Los "dekasséguis", como se llama a los inmigrantes, son normalmente descendientes de japoneses que regresan al país de sus antepasados para trabajar.
Por si eso no fuera suficiente para intensificar los lazos de amistad entre los dos países, es necesario recordar asimismo la admiración que sienten los nipones por el fútbol brasileño.
Actualmente, el entrenador de la selección japonesa es el ex delantero brasileño Zico. Su contribución al fútbol profesional de ese país ha sido fundamental. Participó en la fundación del Sumimoto, que después pasaría a llamarse Kashima Antlers. Se convirtió en jugador del club, con el que disputó 88 encuentros, hasta su despedida, en una emotiva fiesta promovida por el público japonés, que sigue considerándolo hoy como el mayor ídolo del deporte nipón. En 2002, cuando terminó la Copa Mundial de la FIFA en Asia, Zico acabó aceptando la oferta de dirigir a la selección japonesa.
En la Copa Mundial de la FIFA Francia 1998, los futbolistas Rui Ramos y Wagner Lopes se habían nacionalizado japoneses para tener derecho a defender los colores del país oriental. Cuatro años después, otro brasileño, Alessandro Santos, también conocido como Alex, adquiría a su vez la nacionalidad con la que podía ser convocado para jugar en casa, en la edición de 2002.
El propio São Paulo ha contribuido a esa "adoración", al proclamarse campeón del mundo de clubes en 1992 y 1993, mostrando un fútbol alegre y objetivo, coordinado por el técnico Telê Santana y que se ganó a innumerables seguidores. "Muchos niños de 12 ó 13 años de aquella época son hoy en día padres de familia e hinchas del fútbol brasileño. Este es nuestro público", ha declarado el guardameta y capitán del São Paulo, Rogério Ceni.
Por todo ello, los jugadores del São Paulo están tranquilos. Confían en que, en cuanto empiece a rodar el balón, la mayoría de la grada esté del lado de los brasileños. Su entrenador, Paulo Autori, ha querido agradecer anticipadamente ese cariño. "El público siempre es importante en cualquier gran partido, y estamos felices por contar con él tan lejos de casa".