En la próxima temporada televisiva, a los seguidores de la premiada serie de la CBS "Sin rastro" (Without a Trace) les sorprenderá ver escenas rodadas en el paisaje electrónico de Tokio en lugar de las más familiares calles de Nueva York. El veterano agente del FBI Jack Malone se encuentra en la capital japonesa en un intento de localizar a otra persona desaparecida. Sin embargo, el cambio de lugar para el rodaje de exteriores no vino originado por un deseo de dar un toque exótico a la intensa y dramática serie policíaca, sino más bien por un pequeño capricho: el actor de Hollywood Anthony LaPaglia, que interpreta a Malone, resulta ser un fanático seguidor del Sydney FC.

"Pedí que hicieran un reajuste en la programación y que escribieran un guión con un argumento sobre Japón", explicó el actor australiano a FIFA.com. "La mayor parte del episodio está rodado en Los Ángeles. Vamos a rodar algunas escenas en Tokio y haremos el montaje de todas cuando volvamos. (Los productores) estaban muy contentos con la idea, ya que le da más interés a la serie".

A juzgar por la cara que puso LaPaglia al decir esta última frase, es probable que tuviera que convencer un poco a los realizadores del programa antes de que accedieran a reescribir el guión y a contratar un equipo japonés para que les ayudara en el rodaje.

"Creo que dieron su aprobación porque nos está yendo bien", añadió con un leve acento australiano. "Si no, no estaríamos aquí".

LaPaglia ganó un Globo de Oro por sus actuaciones en "Sin rastro". Otros éxitos de su filmografía son "La boda de Betsy" (Betsy's Wedding, 1990), "El cliente" (The Client, 1994), "Una última copa" (Trees Lounge, 1996) o la película australiana de intriga "Lantana" (Lantana, 2001).

LaPaglia, nacido en Adelaida (en el sur de Australia) de padre siciliano y madre holandesa, se mudó a Nueva York a los 22 años con la ambición de dedicarse profesionalmente a su segunda pasión.

"Mi primer amor fue el fútbol", comentó con una sonrisa el actor de 46 años, que llevaba la bandera del Sydney enrollada en el cuello. "Jugué cinco años como profesional en el Adelaida y quería jugar en Europa, pero me di cuenta de que no era lo bastante bueno. Sin embargo, nunca he dejado de jugar. Ahora, a mis cuarenta y pico años, lo sigo haciendo".

Los organizadores de la flamante liga australiana (Hyundai A-League), sabedores de la afición al fútbol de LaPaglia, se pusieron en contacto con el actor para que diera mayor realce al nuevo equipo de la ciudad portuaria. 

"Fue el año pasado. Ellos sabían que yo estaba muy interesado y se pusieron en contacto conmigo para preguntarme si quería involucrarme con el equipo de Sydney. Me llevé unos pocos palos de la gente de Adelaida, de los chicos con los que jugaba", afirmó entre risas. "Les deseo todo lo mejor, pero cuando volví a Australia, mi sitio era Sydney. Mi mujer es de allí. En cualquier caso, consideré lo que querían hacer y decidí que era también lo que yo quería hacer; de modo que así fue como me comprometí".

A pesar de su condición de estrella del cine y de todo lo que conlleva, el tranquilo australiano reconoció que este último año ha sido, en cierta medida, como un guión de ensueño y digno de Hollywood para el Sydney FC, ya que en él se fundó el club y ganó el torneo de clasificación australiano y, a continuación, el Campeonato de Clubes de Oceanía. Además, este año se ha producido también el nacimiento de la nueva liga australiana y el Sydney ha desembarcado en Japón para codearse con los campeones de todo el mundo.

"En noviembre del año pasado no existíamos, por lo que ya sólo estar aquí es increíble", añadió. "Estoy más loco por el fútbol que nunca y me considero uno de los principales seguidores del Sydney. Estoy bastante involucrado con este deporte".

LaPaglia, directivo y principal accionista del club, contribuyó al fichaje del entrenador alemán Pierre Littbarski; y luego al del ídolo japonés Kazu Miura para este campeonato.

"La contratación de Pierre demostró que pensamos en clave empresarial, y la de Kazu fue un golpe maestro", explicó. "Uno de los objetivos del club es diversificarse y clasificarse para la Liga de Campeones asiática. El fichaje de Kazu fue una jugada genial, ya que ha generado aquí un enorme interés hacia nosotros y ha brindado a la población japonesa alguien a quien animar".

Tras una valiente actuación en su primer encuentro contra el Deportivo Saprissa costarricense (saldado con una derrota por 1-0), el Sydney no alzará el trofeo de campeón mundial de clubes este año. Sin embargo, su mayor aficionado confía en el éxito a largo plazo del equipo, en un país cuyo panorama deportivo está dominado por el rugby y el críquet desde hace mucho tiempo.

"A la nueva liga australiana le ha ido mucho mejor de lo que nadie esperaba", señaló. "Nosotros hemos recibido habitualmente 17,000 o 18,000 espectadores y algunas veces 25,000; más que algunos equipos de la Premier League inglesa. Hemos intentado crear un equipo que no estuviera destinado a una minoría nacional en concreto. Antes teníamos equipos que eran el equipo de los griegos, de los italianos, croatas, serbios… Hemos abolido ese concepto creando un equipo más popular, de modo que todo el mundo pueda ser seguidor nuestro".

El interés de LaPaglia en el fútbol no se reduce al Sydney FC. El año que viene irá a Alemania a apoyar a Australia en la Copa Mundial de la FIFA e, incluso, confesó tener debilidad por el Charlton Athletic inglés.

"Si vas a The Valley, es un estadio muy lindo; justo del tamaño apropiado", observó. "(Alan) Curbishley está haciendo un gran trabajo con pocos medios económicos. Hace fichajes inteligentes, el equipo practica un buen fútbol y normalmente termina en la mitad de la tabla. Admiro a los equipos así, donde es mucho más difícil hacer que funcionen".

Debido a su aspecto misterioso y a sus facciones melancólicas y meditabundas, a LaPaglia le han ofrecido frecuentemente el papel del policía duro pero bondadoso, o el del gángster incomprendido. En cualquier caso, el actor australiano reconoce sentir empatía hacia los más modestos en la vida.

"Actúo muchísimo en apoyo de los desvalidos. Puede que eso tenga que ver con mi propia vida. Cuando llegué a Nueva York, tenía 22 años, no conocía a nadie y no tenía ni idea de lo que iba a hacer con mi vida", aseveró recordando la época en que tuvo que servir mesas durante mucho tiempo, antes de ganar el Premio Tony de Broadway al mejor actor de teatro en 1998. "Vivir en Nueva York fue muy duro, pero disfruté de la experiencia. No importaba que tuviera éxito o no; simplemente, era algo que tenía que hacer y lo pasé lo mejor que pude. No debes dejar que nadie te diga lo que debes hacer con tu vida; es mucho mejor lanzarte y realizar tus deseos".

Precisamente eso es lo que ha hecho con el Sydney FC. Quizás algún día se haga una película sobre ello…