La comparación es evidente; casi demasiado. Louisa Necib empezó a jugar al fútbol en las calles de Marsella, es de origen argelino, juega con el número 10, posee un repertorio técnico impresionante y su timidez sólo es equiparable a su talento. Como Zinedine Zidane…
Ella misma evoca a Zizou como su modelo. El 12 de julio de 1998, tenía 11 años. A esa edad, ver a su ídolo meter dos goles en la final de la Copa Mundial de la FIFA es algo que deja huella, pues a Louisa ya le había picado el gusanillo del fútbol. "De hecho, siempre jugaba en el barrio, con los chicos. No tenía intención de apuntarme a un club; a decir verdad, no sabía que hubiera equipos femeninos. Luego vi que había un club en el Distrito 14, así que me apunté", explicó con su inimitable acento sureño.
Louisa recaló después en el Celtic de Marsella. Sus cualidades técnicas llamaron muy pronto la atención y, con 16 años, se marchó al Centro Nacional de Clairefontaine. "El primer año fue duro, a causa del distanciamiento familiar. La verdad es que estuve a punto de dejarlo", aseguró. Sin embargo, siguió luchando, gracias a amigas como Elodie Thomis.
La consecuencia de ello fue su presencia en la selección sub-19 de Francia, con la que se proclamó subcampeona de Europa en 2005. Ese mismo año, incluso, fue convocada con la selección absoluta para el Campeonato de Europa Inglaterra 2005. A semejanza de Zidane, no parece realmente que persiga los laureles y la vanagloria: "No estoy pensando en la Copa Mundial 2007. He regresado a mi categoría y me estoy centrando en ella. Me encantaría ir a China, pero no es algo que me preocupe", señaló.
Tras una primera fase relativamente concluyente, la nueva jugadora del Montpellier confía bastante en sus posibilidades: "Empezamos con muy buen pie la competición frente a Argentina; ante la RD del Congo, dominamos pero nos faltó efectividad; y aguantamos bien contra Estados Unidos. Es un balance bastante satisfactorio".
Falta de combatividad
Dada su voz débil, se la podría considerar frágil o ansiosa, pero, simplemente, es muy tranquila. "Siempre hay cosas que mejorar en el juego de una. Tengo que ser más combativa, en especial cuando pierdo el balón. Me lo dicen a menudo", admitió.
Salta a la vista que robar balones no es lo suyo, lo que recuerda a alguien… En cuanto a la falta de efectividad en los dos últimos partidos del grupo, no es algo que le preocupe demasiado: "No estoy preocupada; únicamente hace falta que sigamos trabajando de cara al gol. Es sólo una pequeña falta de confianza y, tal vez, de rapidez en el último gesto; no va a durar".
Y, por el bien de las Bluettes, más vale que no dure, ya que en los cuartos de final ante las infatigables chicas de la RDP de Corea, habrá que meter goles. "Son unas chicas vivas y rápidas que despliegan un juego colectivo casi perfecto. Tendremos que jugar muy cerca unas de otras para dejarles el menor espacio posible", analizó. Pero, una vez más, el rival le importa poco: "A estas alturas de la competición, cualquier equipo es difícil. Jugar contra Alemania habría constituido una revancha de la final de 2005 del Campeonato Europeo Sub-19, es cierto, pero no creo que eso hubiera cambiado mucho las cosas".
Volvemos al tema: al igual que a Zidane, no hay nada que parezca impresionarle ni afectarle realmente; todo se lo toma con mucha sencillez. Cuando se le hizo ver que incluso su juego recuerda al del número 10 de Francia, Necib interrumpió (un ídolo no se toca): "Ah no, Zidane siempre será Zidane". Sin embargo, cuando se trata de definir su juego, buscó sus palabras y al final recurrió a lo más evidente: "Mi papel consiste en orientar el juego". ¿Hay mejor forma de describir lo que hacía a la perfección el ex cerebro madridista?