Como en cualquier torneo internacional, en el Campeonato Mundial del Fútbol Femenino Sub-20 de la FIFA Rusia 2006, se esperaban grandes cosas de la selección anfitriona. Sin que se pueda decir que las rusas hayan hecho un mal campeonato, la derrota infligida por la RP China en el encuentro de cuartos de final ha sido un auténtico mazazo para la concurrencia local. FIFA.com se ha entrevistado con el seleccionador Valentin Grishin para recabar sus impresiones sobre la actuación de su equipo en esta competición.

Es difícil saber qué sentirá, pero exteriormente no da la impresión de ser un hombre consumido por la desesperación. "Conociendo las condiciones de mi equipo, ya me temía más o menos que cayera contra China", señala. "Aunque en el fondo aún tenía esperanzas de lograrlo. Pero cuando las chinas marcaron sus dos primeros goles tan temprano, nuestras jugadoras bajaron los brazos".

Por "las condiciones de su equipo", Grishin se refiere tanto a las lesiones de varias de sus principales jugadoras como a la fatiga colectiva que afecta al conjunto por culpa de una agenda apretadísima. No hay duda de que el rendimiento de la selección rusa se ha resentido por culpa de los problemas individuales que sufre el equipo. En el primer choque, Grishin se vio obligado a sustituir a las mediocampistas Olga Petrova y Nadezhda Kharchenko. En los siguientes partidos tuvo que recurrir a Oxana Titova, recién recuperada de una lesión, y la delantera estrella del equipo, Elena Danilova, no aguantó los 90 minutos del duelo con las Rosas de Acero.

Grishin atribuye el flojo rendimiento físico de sus pupilas al cansancio que aqueja a algunas de sus ases: "Las chicas no han tenido tiempo de recobrar fuerzas como es debido después de competir en los Campeonatos Europeos, la liga rusa, y [en algunos casos] la selección nacional absoluta. Estoy seguro de que si hubieran tenido más descanso, habrían puesto las cosas más difíciles a las chinas".

A la pregunta acerca del ánimo reinante en la concentración rusa tras la derrota, Grishin contestó: "No es bueno. Se habían propuesto plantar cara a las chinas, pero la suerte no estuvo de su lado".

Sin embargo, las jugadoras no parecían demasiado alicaídas en la recepción del hotel, donde intercambiaban risas y bromas mientras se preparaban para volver a casa. Tal vez sabían que, siendo realistas, no podrían haber llegado más lejos, o simplemente que habían hecho todo lo posible y no había ningún reproche que hacer a su actuación.

Su apertura del telón fue excelente, consiguiendo un empate contra Brasil. "Jugamos muy bien en aquel partido", admite el seleccionador de 65 años de edad. "Me gustaría dar las gracias a los seguidores de San Petersburgo que vinieron a vernos. Ningún otro encuentro de esta fase final ha tenido un estadio tan lleno".

No obstante, el choque que hizo las mayores delicias de los espectadores fue el disputado contra Nueva Zelanda, que terminó con victoria local por 3-2. También fue el más emocionante. "Las chicas tuvieron montones de ocasiones que deberían haber convertido", reflexiona Grishin respecto a la primera mitad del encuentro contra las Kiwis. "Pero Danilova no hizo diana, no hizo bien su trabajo", añade, apuntando a una de las principales razones, según él, de la caída de Rusia en el torneo.

Contra Australia, el cuadro local se vio favorecido por la suerte en numerosas ocasiones, y tuvo mucho que agradecer a la endeble definición de las jóvenes Matildas. Grishin lo ve de otra manera: "Marcamos un gol vital y pudimos marcar más. Pero cuando ellas empataron, empezamos a ponernos nerviosos".

En contraste con la fluidez de sus comentarios al hablar de los tres encuentros de grupo, el veredicto de Grishin sobre el duelo de cuartos de final contra las asiáticas va precedido de una larga y reflexiva pausa. Ciertamente, el 4-0 lo dice todo. "Fue toda una lección para nosotros", concluye por fin el técnico. "Estamos un tanto atrasados en comparación con China, en donde el fútbol femenino se está desarrollando muy activamente. Tenemos que aceptar que las chinas son más fuertes que nosotros en estos momentos".

Dicho eso, Grishin cree que esa situación puede, y de hecho debe, cambiar. "Creo que dentro de unos años estaremos a la misma altura que ellas", afirma con optimismo. "El título de campeonas europeas en 2005 dio un gran impulso al fútbol femenino [en Rusia]. Estimuló la creación de un gran número de clubes femeninos. En Perm y Rostov se han fundado nuevos clubes, y en las academias de fútbol cada vez se inscriben más chicas. La asociación está recibiendo cada vez más llamadas de padres preguntando a dónde pueden enviar a sus hijas a entrenar. En una palabra, que hay un repentino aumento del interés".

Como es natural, la celebración en su propio territorio del Campeonato Mundial del Fútbol Femenino de la FIFA también ha contribuido a la afición. "Ha tenido una buena repercusión mediática, y los partidos se han retransmitido por televisión. Eso ha servido bastante para familiarizar a la gente con el fútbol femenino", indicó Grishin.

Para la guardameta Elvira Todua, la capitana Ksenia Tsibutovich y varias otras seleccionadas, ésta ha sido su última gran competición en la categoría juvenil. En cierta forma, es un momento triste para estas muchachas que, a lo largo de los últimos tres años, han conformado un colectivo sólido y unido. "Cuando nos despedimos, les di las gracias y también les dije que no se pararan aquí, que intentaran acceder a la selección nacional absoluta", reveló Grishin.

No menos de cinco jugadoras de Grishin ya lo han conseguido. Si algunas otras logran seguir su ejemplo, ya no habrá que preocuparse por el futuro de la selección femenina de fútbol rusa.