Cuando sólo faltan tres días para el comienzo de la primera Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA, el ambiente se empieza a caldear en la famosa playa de Copacabana, en Río de Janeiro. Con temperaturas de 28 grados a las 10 de la mañana, las condiciones son ideales para los cinco contra cinco sobre la arena.

Antes de que pueda iniciarse el torneo propiamente dicho, queda por decidir el detalle del último equipo clasificado europeo. Austria, Italia, España y Suiza pelearán por su plaza el viernes y el sábado para abrir el apetito del público, que ha bajado a la renombrada playa de Brasil sólo para ver entrenar a los jugadores.

El jueves se pudo ver a italianos y portugueses estirando las piernas sobre la arena tras llegar al hotel de los equipos participantes después de once horas de vuelo. Luego de breves sesiones de entrenamiento, entablaron partidillos suaves, y a continuación una serie de tandas de penales. Y con razón, pues en cada partido de la Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA habrá un ganador: los encuentros terminados en empate al cabo de la prórroga se decidirán mediante series de penas máximas.

Con la famosa montaña del Pan de Azúcar como asombroso telón de fondo del estadio, Río es ciertamente un escenario perfecto para el torneo. Los deportistas salen a correr a las 6 de la mañana aprovechando el vasto arenal, atentos a esquivar los innumerables postes de fútbol clavados en la arena. No es de extrañar que los brasileños sean los favoritos a conquistar este título: su pasión por esta disciplina se evidencia en todos los rincones.

El magnífico estadio se encuentra a escasos metros del retumbante Océano Atlántico. Las olas emiten destellos azulados que deben de resultar muy familiares para los italianos, pero a diferencia de las playas de Rímini, aquí hay pocos bañistas. Las olas son demasiado grandes, las corrientes de resaca demasiado fuertes. Los que quieren nadar van más al norte de la franja litoral. En cambio, no hay escasez de bañistas de sol. Bronceados y tonificados, se apretujan junto al borde del agua. Los italianos y los portugueses se deben de sentir un tanto pálidos y delgados en contraste, mientras realizan sus entrenamientos a escasos metros.

Uruguay será el último equipo en arribar, esta noche, mientras los trabajadores dan los últimos toques a las gradas del estadio con capacidad para 10.000 personas y aprovechan sus descansos para embobarse ante los despampanantes monumentos que se pasean por la famosa avenida.

La gente, el paisaje, el estadio, todo ello conformará el escenario perfecto para que los seguidores del fútbol playa vean en acción a los mejores jugadores del planeta.