La mujer de Andrew Crews está muy ocupada en estos momentos. Acaba de dar a luz a una niña, y no tiene un marido que la ayude. Según el estereotipo habitual de los australianos, apasionados por el deporte, podría decirse que ella es la única responsable, ya que adelantó la cesárea para que su esposo, el guardameta de la selección australiana, pudiese participar en la Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA Rio de Janeiro 2005. Éste también espera estar bastante ocupado en los próximos días.

Aunque Australia puede presumir de tener algunas de las mejores playas del mundo, el fútbol sobre césped ha sido dominante respecto a su primo de la arena. De hecho, hasta abril no existía un equipo nacional. Eso cambió cuando la Asociación Australiana de Fútbol (FFA) recibió la invitación para acudir a Rio. El organismo decidió encargar a Alex Tobin -jugador que más encuentros internacionales ha disputado con Australia- y a Adrian Santrac que formasen un conjunto.

"Sí, la Asociación me llamó para que confeccionase un equipo sin mucho margen de tiempo. Hicimos correr la voz y realizamos un ensayo en la playa de Manley, en Sydney, en el que seleccionamos a la plantilla. Tienen mucho que aprender en poco tiempo, pero esperamos conseguirlo", afirma Tobin, que ejercerá de segundo técnico.

"Tengo suerte de tener un arenero para niños en casa. He practicado mucho allí, llevando a mis hijos y todo eso. Así que yo no tengo problemas", bromeó el defensa George Souris, que es con 35 años el miembro más viejo el equipo.
 
Por lo tanto, al no haber jugado ningún encuentro oficial, es justo decir que los australianos tienen ante sí una tarea difícil. Pero Santrac cree que su naturaleza enormemente competitiva debería ayudarles: "No hemos jugado aún ningún partido propiamente dicho, el jueves disputamos un amistoso contra Tailandia en Copacabana, que perdimos 3-0, pero para los muchachos fue una gran experiencia de aprendizaje. El equipo se ha compenetrado muy bien en muy pocos días. Aunque muchos de los chicos ya se conocían, de haberse enfrentado entre sí en Australia, por lo que están conformando una plantilla genial, y aprenden constantemente".

Y deberán aprender rápido. En su grupo figuran dos de los mejores equipos de fútbol playa del mundo, Francia y Argentina. Los australianos no acuden en absoluto con mentalidad de comparsas, pero son realistas respecto a sus posibilidades. "Mi obligación es hacer que el equipo sea lo más competitivo posible, pero dadas las circunstancias no creo que podamos esperar mucho. Dicho esto, por algún lado hay que empezar, y esta es una oportunidad fantástica para una modalidad del juego que tiene potencial de crecimiento", señala Tobin, que intercambió la camiseta con Eric Cantona después de "haberle dado una paliza" cuando se enfrentaron en su larga carrera como futbolistas.
 
Tanto entrenadores como jugadores se están teniendo que adaptar a la arena. Todos los integrantes del conjunto han sido futbolistas profesionales, pero están descubriendo que jugar en la playa requiere unas técnicas diferentes. "La arena iguala mucho las cosas… (Santrac piensa en ello durante unos instantes) ¡Aunque sí favorece a los que saben cómo jugar en ella!", se ríe. Tobin, de natural optimista, cree que los arenales de Brasil presentan una ventaja comparados con los que jalonan la costa de Sydney: "Aquí en Rio tienen una arena mucho más fina, en las playas de Sydney hay que esforzarse mucho más, así que a nosotros nos resulta bastante más fácil".

Eso se verá cuando se midan a los franceses el domingo. Por ahora disfrutan de los entrenamientos, se pierden por Rio y congenian con los habitantes de la ciudad. De hecho, tal y como se ve en nuestras fotografías, se han integrado especialmente bien con el grupo de prácticas de baile brasileño…

La playa de Copacabana se inclina de forma abrupta hacia el Océano Atlántico, con su famosa curva pronunciada. El domingo por la mañana, Eric Cantona y su selección francesa nos demostrarán si los australianos están también ante una curva pronunciada: la del aprendizaje de las técnicas especiales que exige el fútbol playa.