Eric Cantona, gran astro futbolístico de los años 90, estrella de la selección francesa y del Manchester United, está ahora totalmente implicado en el fútbol playa. El entrenador-jugador del ambicioso equipo de Francia ha conversado extensamente con FIFA.com en las playas de Copacabana.

"Canto", antaño futbolista excéntrico, es ahora mucho más pausado, aunque sigue conservando la misma pasión. El fútbol playa anima este espíritu ardiente, que se convierte en incansable cuando evoca el nuevo deporte al que se consagra. En la primera parte de esta entrevista en exclusiva, el ex delantero de los Bleus nos habla de cómo descubrió la modalidad, de su desarrollo y de las diferencias con el fútbol. Todo ello con una satisfacción no disimulada.

Eric Cantona, ¿cuándo y cómo descubrió usted el fútbol playa?
Empecé en 1997, cuando puse fin a mi carrera de futbolista profesional. Me retiré en mayo, y jugué mi primer torneo de fútbol playa en diciembre. Mi hermano había venido a Río a disputar uno de los primeros Campeonatos Mundiales y me habló de esta disciplina. Como siempre había practicado deporte, y dejé el fútbol muy joven, tenía ganas de seguir haciéndolo. Y además, jugar a la pelota es lo que mejor se me da (risas).

¿Qué es lo que le atrajo?
La novedad. Había muchas cosas que descubrir. En la vida siempre se aprende, pero aquí empezamos casi de cero. Teníamos mucho retraso respecto a Brasil. Cuando uno tiene ganas de progresar y de que los demás también progresen, hay que observar mucho a los mejores. Y eso es lo que hemos hecho nosotros. Era necesario adaptar el estilo brasileño a nuestras cualidades.

Al principio recurrían ustedes a ex futbolistas profesionales, amigos, para formar la selección francesa…
Sinceramente, incluso llegábamos a disputar competiciones únicamente por el placer de estar juntos. Hoy seguimos divirtiéndonos, pero casi ya no salimos. ¿Cuál es el beneficio en última instancia? Ir a la discoteca por la noche supone sufrir al día siguiente, a veces incluso hacer el ridículo... Salir por la tarde es sinónimo de ser irregular. Queríamos rivalizar con los mejores. Por lo tanto, al mismo tiempo que seguimos practicando este deporte con deleite, tenemos un enfoque mucho más serio.

Suponemos que esa primera fase, con sus amigos, ha sido de gran importancia para dar a conocer el fútbol playa.
¡Por supuesto! Necesitábamos nombres conocidos para atraer al público a los torneos. Y poco a poco, nos fuimos dando cuenta de que la gente venía por los futbolistas, y se marchaba conservando los nombres de jugadores de fútbol playa como Jorginho, Amarelle, Samoun... A partir de ese momento fue cuando el deporte comenzó a tener vida propia.

¿Cómo se desarrolló la transición?
Se hizo paso a paso, en relación a las ambiciones de unos y otros. Habríamos podido quedarnos así, contentarnos con nuestro pequeño disfrute. Pero no podíamos ignorar que disponemos de jugadores de 25 años en plena forma, que practican regularmente, y que tienen ganas de progresar... Aunque mis amigos fuesen conocidos, había que dejar sitio a otros. Para que la disciplina avanzase.

¿Qué método ha empleado para confeccionar la plantilla?
Ojeamos, sobre todo en el sur de Francia. Hemos construido un centro de entrenamiento en la región de Marsella. En esa ciudad hay un gran vivero de futbolistas, y muchos clubes de barrio. La mayor parte de ellos se dedican al fútbol once, y se liberan para el fútbol playa, gracias a acuerdos con sus clubes. Como media, entrenan cuatro veces a la semana con sus clubes, y dos veces al fútbol playa. Son atletas de alto nivel. A menudo, incluso, se trata de muchachos que pasaron por centros de formación y lamentan un poco sus errores pasados. Con el fútbol playa se comprometen a fondo. Sienten que se están enmendando.

Todo el mundo conoce la carrera que ha tenido usted. Suponemos que estos jugadores prestan mucha atención a sus instrucciones, ¿no?
Sobre todo al principio (sonríe). Una vez que me han oído decir dos o tres tonterías, el mito decae un poco (risas). Pero para mí lo más importante es ayudarles a ganar. Me escuchan cuando se dan cuenta de que progresan. Conservan un cierto orgullo, un bienestar personal. Progresar es una satisfacción. Da alas para continuar.

¿Cuáles son las bases del entrenamiento del fútbol playa?
Voy a referirme sobre todo a nosotros, porque los métodos pueden cambiar de un equipo a otro. Pero, como decía antes, nuestros jugadores siguen un entrenamiento regular en sus clubes. Por lo tanto, en el aspecto físico están a punto. Luego consiste básicamente en familiarizarse con el terreno de juego, que cansa mucho. En el fútbol playa, el físico también se trabaja con el balón. Aunque, evidentemente, nos apoyamos al máximo en la técnica. Sabemos que marca la diferencia en un partido.
 

Bajo su punto de vista, ¿cuáles son las grandes diferencias entre el fútbol once y el fútbol playa?
Las bases del fútbol playa consisten en levantar el balón lo máximo y lo mejor posible, golpearlo sin tener que depender de un buen o un mal rebote. En un césped, pasas o golpeas, y raramente se producen rebotes defectuosos. En fútbol playa es al revés: cuando la pelota está en lo alto de un montón de arena, siempre acaba cayendo a un hueco. Si esperas al mejor momento para disparar, ya es demasiado tarde. Así pues, es necesario aprender a golpear el balón en el momento oportuno. Otra dificultad consiste en jugar con mucha rapidez, porque, en algunos segundos, una buena petición puede volverse inútil. Los brasileños nos han enseñado todo eso.

También la táctica parece desempeñar una función extremadamente importante.
Tenemos que repetir nuestras combinaciones numerosas veces antes de encontrar la mejor sincronización posible. Sabemos lo que funciona y lo que no, pero depende de las características de cada escuadra. Los jugadores deben estar situados siempre en el lugar adecuado, e ir en el momento oportuno en la dirección correcta. Y otro tanto sucede con las fases defensivas. Cuando se pierde el balón, cada jugador debe ocupar un puesto muy preciso. Actualmente, creo que la selección francesa ha encontrado ese equilibrio entre un juego ofensivo inspirado y un buen posicionamiento defensivo.

Aunque Brasil sigue siendo la gran potencia en cuanto a fútbol playa, parece que la distancia se está reduciendo poco a poco. ¿Cómo explica esta evolución?
Para ellos es un deporte antiguo, y para nosotros es muy nuevo. Basta con pasearse cinco minutos por Copacabana para ver a todos los muchachos jugar en la arena. Y, por último, creo que esta antigüedad les perjudica. Opino que ya no progresan, mientras que nosotros estamos en plena ascensión. Pero cuidado: siguen siendo mejores aún, los respetamos enormemente. Aunque hoy en día sabemos que podemos ganarles. Además, los últimos partidos que hemos jugado contra ellos han estado muy reñidos.

En Río, en esta Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA, vemos que todos los equipos se alojan en el mismo hotel, se encuentran, charlan, cenan juntos… ¿Esta faceta distendida es lo que también le gusta de este deporte?
Es muy agradable. Nos conocemos todos desde hace años, se han creado auténticas amistades. Pero, sobre el campo, todo se olvida. En los partidos de fútbol playa hay una entrega enorme.