Suele afirmarse en todo el mundo que uno debe la vida a sus padres. Pero en el caso de Jennifer Molina, arquera de México, podría decirse que les debe un poco más que eso. Y es que fue Jesús, su padre, quien recomendó a su hija para jugar en el equipo nacional, luego de que encontrara accidentalmente al plantel Tricolor en un aeropuerto. Hoy, apenas dos años más tarde, Jennifer es uno de los pilares del equipo que debutará este sábado ante China.

"No sabía que existía un equipo nacional mexicano para mujeres, porque vivo desde los 4 años en Boston", cuenta en inglés la encargada de custodiar el arco del conjunto de Leonardo Cuellar. "Mi padre las vio en un aeropuerto, les dio pasó mi teléfono y me invitaron para una prueba. Les gustó lo que vieron, y hoy ya soy parte del equipo en un torneo olímpico. Es muy emocionante", completa a FIFA.com.

La historia de Molina es una de las tantas que sorprenden dentro del plantel mexicano. Nacida hace 23 años en el DF, siguió a su padre rumbo a Boston. "Al poco tiempo ya estaba jugando al fútbol, siempre me encantó hacerlo. Pero cada vez que puedo me voy a México a visitar a mi familia y amigos", asegura antes de hacer una aclaración: "yo me siento mexicana, por más que viva hace mucho en Estados Unidos. La única diferencia es que, luego de jugar, tomo un vuelo hacia allá. Tengo mucha suerte de contar con compañeras que respetan eso. Estoy muy orgullosa representando a México, y espero ir a vivir allí en un futuro".

China, el primer escollo
La emoción de conseguir un lugar en la cita olímpica por primera vez en su historia sufrió un duro revés con la realización del sorteo preliminar de la competencia: China y Alemania, grandes potencias mundiales, comparten el grupo F. Sin embargo, Molina se mantiene optimista: "no tenemos nada que perder. Pero ellas tienen que mantener su nivel, lo cual es una presión. Podemos ser una sorpresa, así que debemos tomarnos todo con calma. Nadie cree en nosotros, pero sabemos que jugando lo mejor que podemos, estamos capacitadas para conseguir una medalla".

El primer rival será China, que viene de caer estrepitosamente ante Alemania en su debut en la competencia (0-8). "No le fue bien en el primer partido, pero es un equipo muy paciente y ordenado tácticamente. No tienen tanta potencia física como las alemanas. ¡Ellas son más grandes que los hombres argentinos! Debemos ser muy cuidadosas, crear espacios en ataque y reducirlos en defensa. Será un buen partido", augura quien se confiesa admiradora del alemán Oliver Kahn.

"Apuntamos a ganar ambos partidos, pero si no lo hacemos igual tenemos posibilidades de pasar de fase. Tenemos confianza, pero debemos ir paso a paso. Queremos vencer a China, y luego pensar en Alemania".

Una vida de aprendizaje
"Jennifer tiene muy buena presencia bajo los tres palos, y una voluntad inmensa para aprender. Es muy joven, y teniendo en cuenta el puesto, tiene mucho tiempo para evolucionar. Es muy importante para nosotros". La definición, perteneciente nada menos que al entrenador Leonardo Cuellar, no hace más que confirmar una de las grandes virtudes de Molina: su pasión por incorporar conocimientos.

"En la vida uno aprende desde el día en que nace, hasta el momento en que muere. Y así soy en todos los aspectos: quiero ser mejor en mi puesto, aprender cinco idiomas diferentes y viajar para conocer otras culturas. Es una característica que me fortalece en mi puesto también", asume quien augura "una larga carrera en el fútbol".

Y hablando de aprendizaje, Molina y compañía esperan conseguir una medalla para abrir un nuevo camino en la disciplina de su país. "No vamos sólo por un logro personal, sino que queremos abrir una puerta para el fútbol femenino en México. Necesitamos más apoyo del que hay, y menos machismo. Eso lo obtendremos con resultados, para que más chicas se vuelquen al juego y consigamos un mejor equipo en el futuro. ¡Podría decirse que vamos por un cambio social, de estereotipos!", exclama entre risas. Ante China, en Patrás, Jennifer y sus compañeras comenzarán su pequeña revolución.