La número 17 de Australia, una rubia burbujeante que recorre Europa con la mochila a cuestas, se parece a cualquier otra chica de las Antípodas. Pero detrás de su reluciente sonrisa y de sus ojos de intenso color azul, se esconde un deseo incumplido. Hace cuatro años, en su ciudad natal de Sydney, una lesión frustró el sueño de Danielle Small de actuar ante su familia y amigos en los Juegos Olímpicos. Ahora, con el retorno de la competencia a su lugar de origen, esta volante ofensiva está ansiosa por quitarse de encima aquella frustración imprimiendo a las Matildas el ritmo necesario para conseguir una medalla en Grecia.

"Perderme aquello fue un mal trago, pero eso ha hecho que mi convocatoria esta vez me sepa mucho más dulce", comenta la muchacha de 25 años. "Traté de olvidarme de ello en Sydney, pero las Olimpiadas son tan grandes que no podía estar en ningún sitio sin verlas, así que terminé deambulando junto a mi equipo. Ahora estoy concentrada en Atenas, y quiero aprovecharlo al máximo".

Con una victoria (ante Grecia) y una derrota (frente a Brasil) en sus dos primeros encuentros en el Grupo G, Australia podría haber hecho ya suficientes méritos para pasar a cuartos de final, pero tendrá que encarar su tercer choque, contra Estados Unidos, en busca del punto que le falta para garantizar su clasificación.

"No impusimos nuestro juego contra Brasil", piensa Small. "Contra las griegas, sabíamos que iban a salir a por nosotras, porque con Estados Unidos y Brasil en el mismo grupo, éramos la presa más propicia para obtener un buen resultado. Pero el marcador (1-0) no reflejó lo que ocurrió en la cancha: acabamos de volver a verlo en vídeo y hemos contado 27 tiros a puerta".


Ligas y ligues
Además de haber venido a las Olimpiadas, Small juega en el Northern New South Wales Pride, es profesora de educación física y recientemente ha estado viajando por Europa, y en especial por un determinado condado de Inglaterra.

"Mi novio (Philip Jaques) juega en el Yorkshire Cricket Club como internacional", sonríe. "Así que he estado trabajando un poco con los palos y siguiendo al equipo".

Como el fútbol no es todavía un deporte profesional en Australia y las concentraciones del combinado nacional pueden durar mucho tiempo, muchas componentes de la joven selección han encontrado en el estudio y el empleo temporal y a jornada parcial las mejores maneras de mantener vivo su sueño de jugar. Pero incluso en un país en el que el fútbol encuentra dificultades para competir con la liga de rugby, el reglamento australiano y el críquet, el nivel del fútbol femenino está en ascenso.      

"El fútbol es un deporte en expansión, cada año se hace más y más grande", comenta Small entusiasmada. "Aún no cobramos, así que las chicas tienden a conseguir trabajos temporales cuando pueden".

Recaudación de fondos
Hace algunos años, mientras la estadounidense Brandi Chastain se levantaba la camiseta, muchas Matildas saltaron a los titulares por fotografiarse semidesnudas para un calendario.

Pese a la enorme publicidad generada, las australianas no han concertado otra cita fotográfica.

"Lo del calendario ya está superado. Lo utilizamos para llamar la atención y ahora queremos conquistar los titulares por lo que hacemos en el campo", contesta.

Al otro lado del vestíbulo del hotel se sienta uno de los ídolos y una de las caras más famosas del fútbol femenino: Mia Hamm. A su alrededor se encuentran otras veteranas de la selección estadounidense, que, después de largas y distinguidas carreras, podrían despedirse del fútbol en Grecia.

"Su dedicación a este deporte ha sido increíble y envidiable", comenta Small, que marcó el primer gol de ventaja de las Matildas en el encuentro más reciente disputado entre los dos conjuntos, hace un par de meses. Eso no impidió que las norteamericanas les endosaran tres dianas en la segunda mitad y consiguieran la victoria por 3-1 en casa. "Va a ser duro, pero todas las chicas tienen muchas ganas de jugar este partido. Confiamos en poder obtener un buen resultado".

Hamm, lista
Abby Wambach se perderá la próxima cita por una sanción, pero su compañera de vanguardia, Mia Hamm, se muere de ganas por saltar al terreno de juego tras marcar en los dos primeros partidos, con vistas a mejorar su marca mundial. 

"Las australianas son siempre muy tenaces: pelean los 90 minutos", avisa Hamm, dos veces honrada con el título de Jugadora Mundial del Año de la FIFA. "Les tenemos todo el respeto, y eso significa que nos prepararemos para el partido de la mejor manera posible".

Su entrenadora, April Heinrichs, no ha revelado todavía cuál de las cuatro delanteras de que dispone -Cindy Parlow, Heather O Reilly, Lindsay Tarpley o Kristine Lilly- será la elegida para el combate, pero ha advertido de que, aunque ya se han clasificado para cuartos de final, su equipo va a hacer su juego habitual. "No vamos a salir a descansar", ha aseverado.

La veterana seleccionadora norteamericana ha confesado su sorpresa ante la manera en la que sus pupilas fueron doblegadas en el primer tiempo de su duelo contra Brasil, pero alabó el carácter de sus jugadoras a la hora de recuperarse y ganar el encuentro por 2-0.

"El margen que hay entre ganar, empatar o perder un partido es tan pequeño, que no se puede manipular el resultado", concluyó. "Jugaremos para ganar". 
   
A no ser que Grecia logre una milagrosa victoria contra Brasil, todo deberían ser sonrisas cuando se pite el final del encuentro en Tesalónica, sea cual sea el resultado. Para Danielle Small, habrá sido otro obstáculo superado en su camino hacia la gloria olímpica.