La suya ha sido una historia asombrosa, pero, como todo lo bueno, tenía que llegar a su fin. Mia Hamm, la jugadora más famosa del mundo, ha elegido el Torneo Olímpico de Fútbol para decir adiós a un deporte que ha acaparado su vida. La estadounidense de Chapel Hill (Carolina del Norte), cuya habilidad y atractivo le confieren un estatus de celebridad con el que no suele sentirse cómoda, colgará las botas y, después de 17 años, hará algo por sí misma: crear una familia.
"Es justo el momento ideal para mí. Necesito cambiar", señala la delantera de Estados Unidos. "Me encantaría crear una familia, aunque no hay una fecha fijada para ello", ríe, revelando un sentido del humor sorprendentemente agudo. "Si yo, si los dos (ella y su marido, el parador en corto de los Red Sox de Boston, Nomar Garciaparra) fuéramos así bendecidos, sería maravilloso".
Mientras que mucha gente la animaría a mantener el apellido Hamm, seguramente nadie envidiaría el tiempo para ella sola del que dispone la ídolo del fútbol estadounidense.
Carga, pero también regalo
Cuando recibió la camiseta con el número 9 de Estados Unidos hace muchos veranos, aquella adolescente era incapaz de imaginar lo que podía llegar a pesar. Pero a pesar de la repentina presión que recayó sobre sus hombros como estrella solitaria de un deporte en vías de desarrollo, su compromiso hacia el fútbol ha sido enorme.
Mia, cuya pasión por el fútbol nació tras mezclarse con los tifosi de la Fiorentina y presenciar las habilidades divinas de Roberto Baggio, en un principio rehuyó el protagonismo, al igual que su ídolo italiano. Pero con el tiempo, y al ir viendo que el exigente público del fútbol femenino necesitaba de un ídolo, de una diosa, de un modelo al que seguir y adorar, acabó abrazándolo a regañadientes.
"No me malinterpretes; aprecio las oportunidades de las que he gozado en Estados Unidos", añade repentinamente seria. "Pero lo que no resulta fácil es que la gente espera que seas diferente, y siempre tienes la impresión de que la defraudas cuando no lo eres. Te dicen '¿pero qué haces tú en el supermercado?'. Y yo pienso: ¿es que no debería estar aquí?".
A lo largo del camino hacia la riqueza deportiva, ha ganado dos Copas Mundiales de la FIFA, un oro olímpico, dos nominaciones como Jugadora Mundial de la FIFA e innumerables galardones de todo tipo. Y a diferencia de cualquiera de sus compañeras de equipo, ha ganado importantes premios económicos; y un edificio lleva su nombre, erigido junto a otro que lleva el de Tiger Woods.
Culpabilidad y empatía
| La estadounidense Mia Hamm, cerca del adiós al seleccionado nacional. |
| (FIFA.com) |
"No sé lo que haré cuando me retire. Tengo ganas de que nadie me diga que coma a las nueve, a la una o a las seis y media", bromea sin reírse. "Cuando lo consiga, ya veremos qué pasa. Puede que algunas personas tengan sus vidas planeadas al milímetro, pero yo soy de las que viven el día a día. Quizá el año que viene me ponga a pensar en lo que quiero hacer. Ahora mismo tengo un marido y una familia a la que, simplemente, me gustaría dedicarle tiempo. En los últimos 17 años, he visto a mi familia quizá un mes seguido de cada año. Tengo hermanas con niños y que también quieren participar en sus vidas, antes que 'te he visto en la tele'".
Después de más de 260 internacionalidades y de un récord mundial de más de 150 goles, en una vertiginosa carrera de sacrificios, responsabilidades, riqueza, alegrías y sufrimientos, el fenómeno Mia Hamm está cerca de alcanzar el cielo futbolístico o, para muchos, el infierno. No ha descartado una última 'concesión' (su concurso podría ser necesario para resucitar la Asociación Estadounidense de Fútbol Femenino (WUSA), aunque para la chica de oro del fútbol estadounidense, los 32 años marcan su propio renacer).
"Sería increíble que me fuera sin la medalla de oro", concluye con esa mirada fija de concentración que la ha hecho conquistar todo a su alrededor. ¿Y por qué no triunfar una última vez?