El Torneo Olímpico de Fútbol femenino ha sido presentado a menudo como el último desafío que les queda a las estadounidenses. Pero hay una de sus componentes que no tiene la intención de detenerse tan pronto. Abby Wambach, una de las jugadoras que más se está dejando ver del equipo, y gran promesa del fútbol femenino, es una chica más bien jovial, lejos de la imagen un tanto dura que se está ofreciendo de la selección de Estados Unidos en las últimas fechas. Esta ariete de enorme talento será una de las atracciones de la semifinal que enfrentará a las norteamericanas con Alemania, este lunes en Heraclion.
Con sus 1.80 metros de estatura y sus 73 kilos de peso, Abby Wambach da la impresión de ser un tanto desgarbada. Pero en cuanto entra al terreno de juego, se mueve como pez en el agua. Como delantera, utiliza a la perfección su imponente planta: excelente en el juego aéreo y de espaldas a la portería, es temible igualmente en la definición. A sus 24 años, es el buque insignia de las jugadoras que constituyen el relevo en Estados Unidos.
Su equipo requerirá de todo su talento para deshacerse de las alemanas en la semifinal del Torneo Olímpico de Fútbol femenino. Wambach no se ha olvidado de la semifinal de la Copa Mundial del Fútbol Femenino de la FIFA, perdida hace un año ante el mismo rival. "Recuerdo cómo animaban los aficionados. Y después, ese gol que encajamos al comienzo del partido. Normalmente solemos ser buenas a la hora de remontar un marcador adverso, pero en esa ocasión no lo conseguimos", recuerda.
Sin embargo, esta ganadora nata no tiene un sentimiento de venganza con respecto a sus contrincantes. "'Revanchista' es una palabra muy fuerte. Respetamos a Alemania y nos tomamos este partido como una ocasión de recuperarnos. Será un bonito encuentro de todos modos". En cierta manera, ella es la única de la selección norteamericana a la que Alemania le trae buenos recuerdos. En primer lugar, porque debutó como internacional contra las europeas, en septiembre de 2001.
Después, y quizá principalmente, porque fue en la Copa Mundial del Fútbol Femenino de la FIFA EE UU 2003 donde Wambach se hizo con un puesto en el seno de la formación estadounidense. La delantera, que no era titular con su selección antes de la máxima competición mundialista, jugó en los cinco partidos, marcando tres tantos y siendo la máxima goleadora de su equipo.
Desde entonces, no ha vuelto a abandonar el once titular, y viene logrando un gol tras otro. En la cita olímpica, ya lleva tres dianas, pero es algo que no le preocupa demasiado. "¿Quién es la máxima realizadora? ¿Cristiane? Pues vale... No, para mí eso no tiene ninguna importancia. Lo que me interesa es ganar partidos, vencer a todas las selecciones: ese es mi reto", asegura.
Derecho de primogenitura
La pequeña de siete hermanos, Wambach sabe perfectamente lo que representa la primogenitura. Por ello, profesa una auténtica admiración por la generación dorada estadounidense, que concluirá su camino en Grecia. "Formar parte de esta selección integrada por leyendas es extraordinario. Han hecho tanto por nuestro deporte que tenemos un deber para con ellas. Tenemos que aprovechar estos Juegos Olímpicos para devolverles todo lo que nos han dado".
Asimismo, es consciente de lo que significan unos Juegos Olímpicos, a los que considera todo menos un torneo como otro cualquiera. "Los Juegos Olímpicos son un acontecimiento muy particular. Hay tantos países compitiendo, tantos colores, tantas diferencias de nivel... Es la universalidad, y es magnífico tener la oportunidad de participar de ella".
Participar, sí, pero sobre todo ganar. Porque a Abby no le gusta perder. Ella, que fuera una destacada jugadora universitaria de baloncesto, sólo tiene un deseo: apear a las campeonas del mundo. Aunque reconoce la valía del rival. "El gran potencial de Alemania reside en su capacidad para irse permanentemente hacia arriba. Y también en su remate, lógicamente. Es la campeona del mundo, y no por casualidad. Todas las selecciones tratan de ganarle, ¡y nosotras las primeras!".
Wambach, que lleva un año cubriéndose de gloria, tiene motivos para darse importancia. Más si tenemos en cuenta que a menudo se la compara con Birgit Prinz, no tanto por su juego como por su envergadura. Un paralelismo que ella prefiere rechazar, sin duda por modestia. "No tenemos un estilo de juego comparable. Es cierto que ambas sacamos mucho partido a nuestro físico y que hacemos goles, pero la comparación se termina ahí. Ella es la mejor futbolista de 2003 y es una goleadora magnífica. Tendremos que secarla en este partido si queremos ganar". Cierto, pero no bastará con eso. Hará falta también que la gran Abby se deje la piel en el otro lado del campo.