Exceptuando el hecho de que ha entrenado a un nivel muy alto por todo el mundo, René Simões es el brasileño típico. Este amigable y dogmático técnico de 51 años nunca imaginó que animaría a sus tres hijas a practicar el deporte con el que suele asociarse a su país. Pero Simões, que aún no ha cumplido los seis meses al frente de la Seleção femenina, se ha convertido totalmente, y cree que la conquista del oro olímpico por parte de Brasil podría contribuir a aumentar la popularidad del fútbol femenino, sobre todo entre las mujeres.
"En Brasil mucha gente cree que las mujeres no pueden jugar al fútbol, y ése es un craso error. Yo tengo tres hijas y jamás les he dado un balón para que jugasen", se sincera Simões. "Lo que están consiguiendo estas muchachas es demostrar a los padres de todo el país que yo estaba equivocado: ¡no cometan el mismo error, denles un balón a las chicas!".
Por suerte, algunos ya lo han hecho, o cuando menos sus hijas les han desobedecido, y ahora el equipo femenino está a punto de conseguir algo que sus compatriotas masculinos no han logrado tras casi un siglo de intentos.
"Si ganamos la medalla de oro, cambiaremos la percepción que muchos tienen de las mujeres y el fútbol", añade el técnico. "Mis jugadoras han demostrado una vez más que las mujeres pueden hacer un fútbol hermoso".
Es justo decir que Simões, ex entrenador de los equipos masculinos de Trinidad y Tobago y de Jamaica, se quedó bastante sorprendido por lo que vio al asumir el cargo, a principios de año. Se ha encontrado con que tiene tanto trabajo dentro como fuera del campo. Mejorar el amor propio de las jugadoras ha sido una prioridad: la adolescente Marta ha causado sensación y acaparado titulares durante el torneo, y el seleccionador se ha apresurado a alabar también a sus compañeras.
Además de hacer las veces de psicólogo, ha ejercido como dentista y dietista: "Antes comían dos veces al día. Ahora toman cuatro comidas, y aun así están perdiendo peso. Con nuestra ayuda, están aprendiendo qué comer y cómo hacerlo".
Simões se ha convertido en una auténtica figura paternal entre las brasileñas. Mientras muchas de ellas se distraen botando pelotas de tenis al tiempo que pasean por los pasillos, su entrenador suele caminar de la mano de las jugadoras lesionadas, en una sencilla muestra de afecto.
"Como él sólo hay uno entre un millón", ha alabado Kelly, lesionada en el partido de la liguilla ante Estados Unidos, y que ha tenido que volver a casa. "Desde que está él estamos mucho más motivadas para ganar".
Obviamente, también se han producido modificaciones tácticas en el campo, y algunos analistas llegan incluso a decir que ha habido una revolución. Y el resultado ha sido la transformación de un equipo conocido por su poca determinación, a pesar de su técnica, en una destructiva y compacta maquinaria ofensiva que ha superado a todos sus contendientes, con una notable excepción: Estados Unidos.
En su país, por primera vez, las féminas están acaparando titulares, y no sólo porque una de ellas sea la novia de Ronaldo. Cuando se jugó el tan promocionado partido de "entradas a cambio de armas" en Haití, los periódicos de Rio de Janeiro, São Paulo y Belo Horizonte también se hacían eco de la cruzada del combinado femenino en Grecia.
"Ganar una medalla supone un gran logro, esperemos que sea el oro", ha alabado el seleccionador masculino, Carlos Alberto Parreira. "Lo que están haciendo no sólo ayudará al fútbol femenino, sino que también escribirá una nueva página en la historia del fútbol brasileño".
Pero a nadie le amarga un dulce, y si las brasileñas quieren proclamarse campeonas, deberán superar a la poderosa Estados Unidos, el único equipo que les ha derrotado en el torneo (2-0). En aquel partido la Seleção, liderada por Marta, su nueva estrella de 18 años, barrió del campo a las estadounidenses durante los primeros 45 minutos, antes de acabar desinflándose en la segunda parte.
Si bien la entrenadora norteamericana, April Heinrichs, confesó que su equipo apenas había tocado balón en la primera parte, Simões se quedó disgustado, y acusó a sus adversarias de ser "sucias" y "descorteses".
A continuación sus chicas hicieron pagar los platos rotos al equipo anfitrión, Grecia, y a México en cuartos de final, anotando 12 goles. "No hablemos de revancha", ha señalado el brasileño, cuyo equipo llega a la final tras derrotar a Suecia por la mínima (1-0). "Lo que nos motiva es la medalla de oro".
Tanto como el duelo entre Marta y Hamm o Marta y Wambach del jueves, la final podría verse muy influida por el ambiente del vestuario, y quizás por los medios de comunicación.
"Las estadounidenses son las mejores", ha afirmado Simões, ya veterano en este tipo de partidos en los que se requiere mentalización, muy comunes en el fútbol masculino. "Sin la menor duda, su sistema es el más avanzado del mundo. Tienen una cantera organizada a través de escuelas y universidades, y no es casualidad que sean el mejor equipo".
"Lo único que pido es que, si la final es tan competitiva físicamente como nuestro partido anterior, sea también limpia".
Con su surtido de talento y sus impresionantes jugadas, Brasil ha sido el equipo que ha hecho vibrar constantemente al público a lo largo de este torneo.
Y aunque muchos apuestan por una vestimenta más ceñida para aumentar el tirón del balompié femenino, si las chicas de Simões logran subir a lo más alto del podio, serán las gestas sobre el campo las que acaben convirtiendo a las masas.