El verdadero punto culminante de Marta hasta la fecha se produjo en el Torneo Olímpico de Fútbol femenino de Atenas, este verano, donde tiró de un impresionante Brasil hacia la primera final mundialista femenina de su historia.

Con su nuevo seleccionador, el reputado René Simões, al timón, las sudamericanas se vieron repentinamente imbuidas de una sensibilidad más fuerte; una mayor resistencia que emparejaron a su habilidad suntuosa, tradicionalmente siempre de manifiesto. El técnico que en su tiempo llevara las riendas de las selecciones masculinas de Jamaica y de Trinidad y Tobago aportó un mayor temple y una preparación física más profesional a unas mujeres brasileñas de indudable talento.

Con un equipo que se empezó a conjuntar apenas seis meses antes del comienzo del torneo, la consecución final de la medalla de plata se antojó un punto de inflexión para el fútbol femenino de Brasil, siempre con un papel secundario frente a la fabulosa Seleção. El equipo, forjado con jugadoras que fueron madurando futbolísticamente en Canadá 2002 y EE UU 2003, y con Marta como líder, arrancó el torneo de manera espectacular y estuvo a un paso de derrotar a las favoritas estadounidenses en el partido por la medalla de oro.

Al marcar el único gol en  la primera victoria del equipo , sobre Australia en Tesalónica, Marta se destacó como el foco de atención de su selección. Pero pronto iba a quedar claro que este Brasil distaba mucho de ser un equipo de una sola jugadora.

Y a pesar de sus valientes esfuerzos, de un arbitraje discutible y de un serio intento de complicarles su fase de grupos,  Estados Unidos ganó 2-0 ese día . El resultado dejó a las brasileñas atolondradas, pese a que venían de plantar cara a las colosales norteamericanas, grandes favoritas del torneo.

En su último compromiso del grupo, las Reinas de la Samba se soltaron la melena y  apabullaron a la anfitriona Grecia , completamente desbordada con un 7-0.  Fue una seria advertencia al resto de participantes, y  el triplete de goles de Cristiane la situó al mismo nivel que Marta, quien también consiguió marcar un tanto esa noche.

Con Daniela, Pretinha, Marta y Cristiane en un brillante momento de forma, la segunda fase acabó siendo el verdadero escaparate de Brasil.

En el choque de cuartos de final contra México ,  Marta puso el broche de oro a una noche de lujo con el último gol del 5-0 final, después de haberle puesto en bandeja un nuevo doblete a la imponente Cristiane. Brasil, de repente, parecía imbatible, y en la semifinal contra Suecia, subcampeona mundial en EE UU 2003, un gol de Pretinha colocó a las cautivadoras sudamericanas en su primera final olímpica (donde volverían a encontrarse con las favoritas estadounidenses). Fue  una pequeña dulce venganza , ya que las escandinavas las habían apeado un año antes de la Copa Mundial del Fútbol Femenino de la FIFA, en cuartos de final.

Con el equipo totalmente lanzado, y sin encajar ni un gol desde su derrota ante las norteamericanas en su segundo partido, Marta no tardó en hablarle a FIFA.com sobre la imborrable sensación de talento innato brasileño que se percibía sobre la cancha. "Es la forma de jugar de las brasileñas. Somos así y no sabemos hacerlo de otra manera. El estilo, los gestos, la clase, el ritmo... así es como aprendemos a jugar al fútbol en Brasil. Es evidente que contra Estados Unidos nos resultó un poco más difícil poner en práctica nuestro juego, pero en cada partido aprendemos un poco más y vamos mejorando cada día".

Y tenían que ser mejores si querían batir a las estadounidenses de April Heinrichs. Ansiosas por quedar las primeras, las norteamericanas contaban en su formación con un número considerable de figuras veteranas y muy motivadas, entre ellas Julie Foudy, Mia Hamm y Kristine Lilly. Pero Brasil, después de verse privada de la posesión del balón por las estadounidenses en la segunda jornada de la primera fase, no estaba dispuesta a dejarse intimidar de nuevo.

Las brasileñas estuvieron a un suspiro de desalojar de su trono al que ha sido buque insignia del fútbol femenino durante mucho tiempo, y de hacerse con la medalla de oro. La agresividad complementó en su juego a su habilidad técnica sin par. Y después de empezar perdiendo a causa de un disparo lejano de Lindsey Tarpley en la primera mitad, demostraron su temple forzando la prórroga por mediación de Pretinha.

Pero allí, después de que Brasil rematara agónicamente contra la madera en dos ocasiones,  la suerte sonrió a las norteamericanas , con un soberbio testarazo de la espigada Abby Wambach en el minuto 112 (fue una especie de caso de deus ex machine si es que alguna vez hubo alguno).

"Nos vamos de Atenas un poco tristes porque pudimos haber ganado el oro, pero somos conscientes de que hemos logrado algo muy importante para el fútbol femenino brasileño. Merecimos tener mejor suerte", afirmó Rosana tras una orgullosa -pero también llorosa- ceremonia de entrega de medallas.

Fue, temporalmente, el final del brillante arco iris brasileño. Pero, por supuesto,  se trató también del comienzo de un nuevo dinamismo en el fútbol femenino del país de la samba . Pero después de haber saboreado la gloria, y aun con el regreso de Simões al fútbol masculino, no hay duda de que las jóvenes brasileñas seguirán creyendo en sí mismas durante algún tiempo más...