Probablemente fue la jugadora con menos fortuna de la final de la Copa Mundial del Fútbol Femenino de la FIFA del año pasado. Steffi Jones no estaba con sus compañeras el día en que la selección femenina alemana ganaba por 2-1 a Suecia en la final, en Carson (California). La desafortunada futbolista estaba en casa, en Francfort, presenciando por televisión el momento en que sus compañeras levantaban la copa. Y sólo habían pasado dos semanas desde el día en que se tuvo que despedir del magnífico combinado germano. Durante el último partido de preparación, contra Argentina, se torció la rodilla. El diagnóstico exacto: ruptura del ligamento cruzado. Jones tuvo que irse rápido a Alemania, en donde la operaron.
Después vino la rehabilitación y, más tarde, los entrenamientos. El que haya podido participar en los Juegos Olímpicos es prácticamente un milagro. No se subió al tren del Olimpo hasta poco antes de empezar el torneo. "Al principio pensaba que no lo conseguiría en la vida. Todavía me faltaba tanto por recuperar que no llegaba a quedar satisfecha", declara la jugadora en una entrevista con FIFA.com.
En los partidos de prueba, contra Noruega y Nigeria, entró a jugar bastante tarde, para recuperar un poco la práctica. Sin embargo, su rendimiento no le bastaba a la seleccionadora, Tina Theune-Meyer, para darse cuenta de que esta espléndida zaguera se merecía estar entre las heroínas de Atenas.
Jones casi consiguió, ella sola, quedarse sin ir a Grecia. Después de ocho meses, volvió a jugar en su club, el 1. FFC Frankfurt. Este equipo necesitaba a su defensora de 1.80 metros de altura en los encuentros decisivos. En lugar de empezar con tranquilidad, se metió de lleno en su profesión de futbolista. "En la Copa de la UEFA, en el campeonato de liga y en la final de la Copa de la DFB", recuerda Jones. "En esas cinco semanas, quería recuperar mi velocidad, pero no me fue posible, porque estuve jugando".
"Me jugué el quedarme en casa"
Los siguientes problemas fueron ligeras lesiones que le cerraban el camino a Atenas. "Me jugué el quedarme en casa, pero todo el mundo se tiene que sacrificar por su club", señala la alemana de 31 años.
De todas maneras, de todo esto ni se acordó el día en que se enfrentó con su equipo a China, en el primer partido. Jones jugó los 90 minutos, sin lesionarse, y además pudo celebrar con sus compañeras una espectacular goleada de 8-0 contra las asiáticas. "Al principio estaba un poco intranquila, porque la presión se vuelve un poco más fuerte", dice Jones, que por otra parte se sorprendió de que las cosas les hubieran salido tan bien contra China. "Cada vez que miraba al marcador mientras jugaba, no me lo podía creer", explica. "Era impresionante lo débil que estaba el adversario". Ella piensa que el factor principal fue la diferencia de condición entre los dos equipos. "Antes del descanso, a mis contrincantes ya no les quedaba aliento. Creo que, sobre todo, les faltaba condición física".
Después de un primer encuentro a pedir de boca para las alemanas, les quedan unos días para descansar, hasta que se enfrenten a México el 17 de agosto. Además del entrenamiento diario, las germanas también saben disfrutar de las comodidades del hotel, en Patrás. Se van a la playa de vez en cuando, o se quedan tomando el sol junto a la piscina. Lo que más le gusta a Jones es que haya más equipos alojados en el mismo hotel y que algunos deportistas ya hayan entrado en contacto. En el Hotelareal es fácil encontrarse con argentinos o portugueses. A Jones le parece que la convivencia entre los equipos femeninos y masculinos tiene su encanto: "Solemos entretenernos más tiempo en el gimnasio. Cuando ves los cuerpos que tienen, te quedas un ratito más en la bicicleta estática", dice riendo.
Pero, a pesar de toda la diversión, lo que más le importa a Jones es la medalla. Después de haberse perdido la final de la Copa Mundial del Fútbol Femenino de la FIFA y las fiestas de Carson, esta jugadora quiere experimentar, de una vez, la misma sensación. Para ella, los Juegos Olímpicos son lo máximo. "En general, es lo más grande y lo más valioso. La Eurocopa y el Mundial también son muy bonitos, pero los Juegos Olímpicos son algo grandioso", dice la germana, de 31 años. "Para mí, siempre ocuparán el primer lugar, y no podría entender a nadie que no lo diera todo por ganar".