Portugal se ha llevado un susto de muerte. Pero lo peor parece haber pasado ya. Un empate contra Costa Rica le bastará para alcanzar los cuartos de final. El buen ambiente ha vuelto al seno de un equipo en entredicho tras su derrota inicial ante Irak. Y aunque ejercitan la prudencia, Ricardo Costa y sus compañeros esperan a los Ticos en Heraclion en actitud distendida.
Se oye una gran algarabía en el salón del hotel Kapsis de Heraclion donde descansan los jugadores. Los portugueses salen del desayuno, fluyen las risas, todos bromean gentilmente. Ricardo Costa, capitán y defensa central de la formación lusitana, no se queda atrás. Hace unos días, sin embargo, los semblantes estaban más bien enfurruñados. Él mismo lo da a entender: "El ambiente ha mejorado. Cuando se gana, es más fácil. Después de Irak, perdimos la confianza, desde luego; ya no creíamos en nosotros mismos".
Este muchacho tiene la cabeza sobre los hombros, y oyendo la determinación con la que habla, se comprende muy bien por qué José Romão lo ha elegido como capitán. Se toma su papel muy en serio. Algunos compañeros pasan y se burlan de él cuando responde a la pregunta sobre su responsabilidad. Pero esta vez no le hacen reír: "Mi papel de capitán es muy importante. Soy el vínculo entre el entrenador y los jugadores, es un privilegio. Es un gran honor representar a mis compañeros, que son todos excelentes futbolistas".
La selección portuguesa -firmamento de estrellas en ciernes, compuesto casi exclusivamente por jugadores que militan en grandes clubes, algunos portugueses y otros extranjeros- cayó estrepitosamente en su duelo contra Irak. Y este admirador de Jorge Costa, compañero suyo en el Oporto, no esconde la cara ante ese batacazo: "Simplemente el equipo iraquí es muy bueno, y tiene excelentes jugadores. Su organización es perfecta. Por nuestra parte, no hemos podido contenerlos en el mediocampo, que es donde sin duda hemos perdido el partido".
Costa: "Convivimos con la presión"
En cuanto a la presión, que podría haber servido para explicar este naufragio, Ricardo Costa no consiente excusas: "Portugal casi siempre es más o menos favorito en los torneos. Estamos aquí para ganar, no para otra cosa. Hay presión, es normal. Pero todos nosotros jugamos en grandes clubes, y convivimos con la presión".
Ricardo Costa comenzó su carrera en el Boavista, antes de fichar por su rival de la ciudad, el Oporto, a los 18 años. No le fue difícil elegir. "Es el club de toda mi familia, el club de mi corazón", explica. Este gallardo mozo de 1.84 metros no destaca por su altura en una escuadra lusitana impresionante a nivel físico (1.81 metros de media). Esto es una novedad entre los portugueses, que antes solían ser de talla más razonable. De hecho, conviene aclarar que el juego desplegado hasta ahora, aunque limpio, se basa principalmente en esta inusitada corpulencia.
Una prueba: los dos goles inscritos contra los marroquíes partieron de jugadas a balón parado. Uno de ellos fue un cabezazo que Costa cazó a una altura vertiginosa a la salida de un córner. Como cabía esperar, el capitán está bastante satisfecho del rendimiento de los suyos. "Hemos hecho un buen partido contra Marruecos. Estratégicamente, hemos hecho lo que teníamos que hacer para desestabilizarles", opina. Y luego añade: "Ante todo, hemos ganado, que es lo principal, ¿no?".
| Jugadores portugueses celebran el gol de Cristiano Ronaldo ante Marruecos en el partido disputado el 15 de agosto de 2004 en Grecia. |
| (AFP) |
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Para este encuentro, los lusos deberán arreglárselas sin dos de sus piezas claves, que no podrán jugar por acumulación de tarjetas: Bruno Alves en defensa y Cristiano Ronaldo en ataque. Pero este contratiempo no hace mella en la confianza de Romão, que tras el encuentro contra Marruecos sentenció: "Mis 18 jugadores son capaces de jugar y tienen una gran voluntad. Estoy confiado".
El caso de Ronaldo es un tanto particular. El medio ofensivo del Manchester United parece ir adaptándose poco a poco tras pasar apuros a la hora de situarse sobre el terreno de juego en el primer encuentro y durante la primera media hora del segundo. Abrió el marcador contra los marroquíes y mareó a la zaga izquierda árabe con sus virguerías durante el último cuarto de hora.
Los rumores que hablaban de una suerte de aislamiento del muchacho de 19 años dentro del equipo, por la atención que recibe de los medios de comunicación, son descartados de plano por Ricardo Costa. "Ya estamos acostumbrados a que la prensa concentre su atención en Ronaldo. En este momento, él es la referencia de Portugal, ha hecho una Eurocopa espléndida, es joven: es normal. Eso no nos causa ningún problema. Lo importante es que juega en nuestro equipo. Porque si recibe todas esas alabanzas es porque es bueno. ¡Y eso es bueno para todos nosotros!".
La prudencia, la madre de la confianza
Con la confianza estabilizada y el ambiente evolucionando positivamente, Ricardo Costa tendría motivos para desplegar su ambición. Pero este defensa de 23 años, que no quiere oír ni hablar de un traspaso al extranjero "en tanto no me haya consolidado en el Oporto", y cuyo mayor sueño no es otro que ser capitán de su club, es razonable. Sabe que la conquista del título olímpico no está todavía en la agenda. "He visto muchos equipos muy buenos aquí: Argentina, Irak, Malí, Ghana. Todo el mundo en nuestro país, toda la prensa en particular, piensa que podemos regresar con una medalla. Pero aquí hay grandes selecciones, y eso no va a ser fácil", avisa.
Y lo que es más, el muchacho parece haber encontrado algunas posibles excusas en caso de fracaso. "Hay varios factores que no controlamos: la temperatura, por ejemplo, o el hecho de que acabamos de empezar la temporada, mientras que otros ya están en plena forma. Por eso es imposible saber lo que va a pasar". La prudencia es la madre de la confianza, dicen algunos. Es como si este aficionado a los saltos desde grandes alturas hubiera hecho de este dicho su lema. A pesar de todo, si hace falta volver a saltar alto para empalmar un cabezazo contra los costarricenses, nadie duda que la pasión sabrá imponerse a la razón. Portugal no espera menos.