El Paraguay-República de Corea de este sábado en Tesalónica, correspondiente a los cuartos de final del Torneo Olímpico de Fútbol masculino, pasará a la historia. Ninguna de las dos selecciones sabe lo que es colarse entre las cuatro mejores de esta competición y, tras haber eludido a grandes potencias como Argentina e Italia, el combinado sudamericano y el asiático apurarán sus opciones por un puesto en las semifinales.
Para Aureliano Torres, el partido representa el cenit de su joven carrera. El interior izquierdo de Paraguay ha exhibido un magnífico momento desde que llegó a Grecia, poco después de haber ayudado a la selección absoluta a alcanzar los cuartos de final en la Copa América de Perú. En el primer partido, contra Japón, registró casi una decena de disparos, marcando un bonito gol desde unos 20 metros y soltando un trallazo con la derecha desde 25 metros que fue respondido con una espléndida parada. Tras el revés ante Ghana (2-1), Torres volvió a la carga sirviendo un milimétrico centro a Fredy Barreiro, para que éste cabeceara el gol del triunfo contra Italia.
"Estuvimos un poco dormidos contra Italia al principio, pero luego mejoramos", afirma este jugador de voz suave. "Después de jugar contra Ghana analizamos el partido y hablamos de mantener una concentración total durante los 90 minutos. Y contra Italia, creo que controlamos el partido. Los Juegos Olímpicos son el momento cumbre de mi carrera".
Torres, con apenas 22 años, no ha tenido la trayectoria clásica del futbolista medio, aunque sí una que se está haciendo cada vez más familiar en algunos jugadores sudamericanos. Su familia y sus amigos, en el modesto barrio de Luque del que procede, se dieron cuenta de que el chaval tenía talento aunque los demás tardaran en apreciarlo, y reunieron todo el dinero que pudieron para enviar al adolescente a jugar con los grandes clubes de Sudamérica. Así, Aureliano tuvo un periplo por el Vasco da Gama brasileño, el Banfield argentino y la liga mexicana. Tanto deseaba ser futbolista que incluso cruzó el océano para marcharse a Japón, donde no tuvo mayor fortuna a la hora de ver valorados sus servicios.
"Siempre pasaba lo mismo", observa. "Surgía a última hora un problema económico o contractual, y todo se venía abajo". Así, tras unos meses fuera, retornó con rostro melancólico a su barrio paraguayo, y volvió a casa y a las cuatro paredes de su hogar familiar.
Pero después de mucho sufrimiento y de dejarse la piel en los terrenos de juego de todo el mundo, su suerte empezó a cambiar por fin en su propio país. Fue en el Sol de América paraguayo donde Torres se dio a conocer, gracias a algunas actuaciones geniales. Con 21 años, el Guaraní se hizo con sus servicios, y ese año disputó la Copa Libertadores. Al poco, un impresionado Carlos Jara, al que Torres había conocido en México, le convocó con la selección.
Y ahora, su hermano y sus seis hermanas pueden verle codeándose con ídolos nacionales como Carlos Gamarra, José Cardozo o Julio César Enciso, así como con las futuras figuras de este deporte. "Todos los días hablamos por teléfono", sonríe. "Me dijeron que todo el barrio me está animando y aplaudiendo, así como todo lo que significan mis actuaciones para mi país".
Pero el placer que producen las actuaciones de Torres podrían también causar dolor. El jugador no tiene reparos en admitir que los Juegos Olímpicos son un escaparate para cumplir el sueño de marcharse a Europa. "Todos los jugadores paraguayos tienen en mente encontrar un equipo en Europa", reconoce. "Estamos todos deseosos de hacerlo bien para conseguir un traspaso por una gran cantidad de dinero".
¿Adónde? Torres tiene sus preferencias. "No soy muy exigente, pero España o Francia estaría bien. Ir a Italia podría estar muy bien, y también a Inglaterra", ríe.
En estos momentos, no obstante, sólo piensa en Corea. "Creo que el partido contra los surcoreanos será muy parecido al de Japón. Corren mucho y juegan muy concentrados, por lo que no será fácil", afirma. "Pero si podemos llegar a semifinales, la moral en nuestro país estará por las nubes. Si logramos ganar el oro, sería algo especial de veras. El sábado queremos dar el primer paso para ello".
La propia República de Corea ha estado preparándose sin hacer mucho ruido, después de sellar la segunda posición del grupo y prolongar su estancia en Tesalónica con su remontada ante Malí (3-3)
El seleccionador surcoreano, Kim Ho-kon, viajó a Atenas para ver el Paraguay-Italia de la última jornada de la primera fase; si bien, tras haber empatado 1-1 con los sudamericanos apenas unas semanas antes del inicio de la competición, ya debería saberlo todo sobre ellos.
"El ambiente aquí (en Tesalónica) es mejor que en la Villa Olímpica, y eso permite que mis jugadores se concentren adecuadamente", afirma Kim, mirando al frente. "En este momento estamos en una buena posición. Si logramos derrotar a Paraguay, evitaremos a Argentina, que es la mejor selección del torneo".
Como Torres, Corea y Paraguay parecen haber encontrado el camino de la buena suerte. El ganador se enfrentará al vencedor del Irak-Australia que se juega en Heraclion. Ninguna de las cuatro selecciones ha jugado antes una final olímpica, por lo que será un país inédito el que se haga con el oro olímpico en Atenas, en la mañana del 29 de agosto.