Aunque las semifinales del Torneo Olímpico de Fútbol masculino tengan sabor sudamericano, quien acaparará los titulares será Irak, que hizo historia al imponerse 1-0 a Australia. El único representante asiático que sigue en liza se enfrentará ahora a Paraguay, otro equipo que ha batido récords tras el 3-2 que le ha endosado a la República de Corea. Su vecina y favorita para hacerse con el título, Argentina, doblegó con facilidad a Costa Rica (4-0), y se medirá a Italia en un duelo que se adivina reñido, aunque tentador. La selección transalpina necesitó un gol a cuatro minutos del final para deshacerse de Malí, última esperanza de África de conservar el oro.
Malí 0-1 Italia
Irak 1-0 Australia
Argentina 4-0 Costa Rica
Paraguay 3-2 República de Corea
Si bien Irak sigue inmerso en un conflicto bélico, sus futbolistas están dando a su oprimida población motivos para la alegría. No ha sido fácil frente a una de las generaciones de mayor talento de Australia, pero el equipo de Adnan Hamed tuvo fe, una pizca de suerte y el respaldo incondicional de sus 5,000 seguidores, lo que le ha permitido pasar. La selección australiana de Frank Farina, con las exhibiciones del joven Alex Brosque por la banda izquierda, dispuso de las mejores ocasiones al principio, planteando un duelo por alto a sus adversarios, en el que los árabes mantuvieron la compostura.
El fútbol que se vio en la hermosa isla griega de Creta quizás no haya sido el más vistoso, pero sólo por el gol de la victoria ya valía la pena presenciar el partido. ¿Y quién mejor para marcar que Mohamed Emad, una de las mayores estrellas de Asia a quien por fin se ha dado el escaparate mundial que su talento merece? Su espectacular disparo de bicicleta llegó en el minuto 64 y las celebraciones que desató pudieron oírse en todo Irak y entre los 10,000 espectadores de Heraklion. Al final, el unido grupo de futbolistas, muchos de los cuales llegaron a Grecia apenas con el tiempo suficiente para recuperarse de la Copa Asiática, en donde alcanzaron los cuartos de final, abrazó a sus hinchas. Ya ha mejorado la clasificación para cuartos lograda en Moscú 1980.
En la capital griega, más de 27,000 personas se dieron cita en el remodelado estadio Karaiskaki con la esperanza de asistir a un clásico entre Malí e Italia. Sin embargo, a pesar de sus vistosas actuaciones al principio del torneo, el conjunto africano parecía incapaz de meterse en el partido. No le ayudó el que su cerebro en el mediocampo, el jugador del Valencia Momo Sissoko, fallase un penal a la media hora, que detuvo Ivan Pelizzoli.
En esos momentos, el máximo goleador del torneo Tenema Ndiaye no lograba abrir brecha en la compacta defensa italiana construida por Claudio Gentile, mientras que, en el otro extremo del campo, el genial delantero del Parma Alberto Gilardino falló infinidad de ocasiones claras. Cuando parecía que habría que ir a los penales, Cesare Bovo evitó las angustias de los azzurri al elevarse para rematar un lanzamiento de falta de Andrea Pirlo y marcar con un imparable testarazo.
Aunque no asistieron muchos aficionados locales, los hinchas de los Diablos Rojos coreanos volvieron a acudir en gran número a la ciudad norteña de Tesalónica. Gritaron y cantaron, tocaron tambores y vistieron trajes tradicionales, pero el espectáculo sería de Paraguay, que se puso con un 3-0 a favor a falta de 20 minutos, gracias a Freddy Bareiro, autor de dos goles, y a su compañero en la delantera José Cardozo. Pero, como ya es costumbre, los coreanos siguieron cantando, y finalmente los Guerreros Taeguk encontraron un cierto ritmo.
El jugador de la Real Sociedad Lee Chun-soo, auténtico motor de su equipo, hizo callar al estadio con un imparable disparo desde 30 metros que se coló por la escuadra en el minuto 74. Cinco minutos después, el ariete rubio hizo el segundo de su cuenta particular desde el punto penal, preparando así el terreno para un final épico. Pero la defensa del técnico paraguayo Carlos Jara resistió y el marcador de este encuentro abierto y entretenido ya no se movería. Ambos contendientes se llevaron los aplausos del público.
Al sudoeste, en Patras, Argentina refrendó su condición de favorita con otra goleada, en esta ocasión ante una Costa Rica superada en todo momento. Muchos de los integrantes del equipo de Marcelo Bielsa se coronaron campeones del mundo juveniles en Buenos Aires hace tres años, pero la estrella de esta cuarta victoria consecutiva de los rioplatenses saltó a la palestra unos meses antes, en el Campeonato Mundial Sub-17 de la FIFA Trinidad y Tobago 2001. Con sus tres fantásticos goles, Carlos Tévez no sólo ha doblado su marca, pasando a ser el máximo anotador del torneo, con seis dianas, sino que cada vez se va encontrando más cómodo con el número 10 de la Albiceleste que dejó libre Diego Armando Maradona. Después de que César Delgado abriese el marcador tras atrapar un rechace a un tiro de Christian González, Tévez vio puerta al rematar otro centro del jugador del Inter de Milán.
Posteriormente dio la puntilla a los Ticos con dos goles en otros tantos minutos: un mano a mano con el guardameta y una buena jugada individual. Con esta actuación, los hinchas argentinos, que esperan ansiosos la primera medalla de oro olímpica del país, quizás tengan que acostumbrarse a ver al jugador del Boca Juniors por televisión en campos europeos.
Así pues, de los 16 equipos, quedan dos fascinantes semifinales. El martes se resolverá todo, pero, pase lo que pase, la final olímpica parece lista para convertirse, tal y como está previsto, en la mejor forma de dar comienzo a las últimas horas del día más grande del deporte en todo el planeta.