"Cuando es la hora, es la hora". Walter Sieber, el más experto de los coordinadores generales de la FIFA, lleva sobre sus hombros la responsabilidad de los partidos de fútbol más importantes. Él es el jefe del estadio. Pero en Atenas, Sieber se ha reencontrado con el aroma familiar de aquellos años olímpicos que le vieron debutar en 1976, en Montreal. He aquí el perfil de un hombre minucioso hasta el detalle y preciso como un cronómetro. Si la organización fuera una disciplina, él sería campeón olímpico y campeón mundial. Por supuesto, con el mejor crono.

La siguiente escena tuvo lugar en París, en junio de 2003, con las gradas del Estadio de Francia desiertas en una tarde soleada. Rodeado de voluntarios, Walter Sieber ensaya la entrada de los equipos en el terreno de juego para la semifinal de la Copa FIFA Confederaciones Francia 2003. A una señal suya, un grupo de niños sale del túnel de vestuarios y se coloca sobre el césped en los lugares designados.

Un chico mantiene asidos los colores de Turquía. El chaval canta a pleno pulmón el himno nacional de Francia, que resuena para las necesidades de este ensayo cronometrado, mientras su esquina de la bandera tiembla. Walter Sieber se acerca.

- Escucha: tú estás orgulloso de ser francés, y eso está bien, pero esta tarde, excepcionalmente, no es necesario que cantes. Luego, debes tirar bien aquí de esta bandera, para que esté bien tirante. Y además, es tu rodilla derecha la que toca el suelo, no la izquierda.

 

Una de las clásicas tareas Walter Sieber: dar instrucciones protocolares antes de los partidos.
(FIFA.com)
El niño escucha, se ruboriza, y cumple lo ordenado con una amplia sonrisa. Antes que él, cientos de hombres y mujeres de todo el mundo, en los estadios de los cinco continentes, ya habían sido corregidos por la voz dulce pero firme de Walter Sieber. Una voz que da órdenes con la mayor naturalidad. Estos días le ha tocado el turno a los griegos del estadio Karaiskaki de Atenas, con idénticos resultados.

De talla mediana y pequeñas dimensiones, no es su estatura lo que le confiere esa tranquila autoridad a Sieber. Si impresiona por algo, es más por su conocimiento de los aspectos organizativos y por la mecánica que preside sus órdenes. Un pelo corto y canoso adorna una cabeza ligeramente inclinada hacia delante, como tendida de un modo imperceptible, pero tenaz, hacia un objetivo implacable: el desarrollo perfecto del partido de fútbol del que se encarga, con un seguimiento casi al minuto.

Este canadiense de origen suizo es, en sí mismo, un nexo de unión entre los mundos del fútbol y del olimpismo. Walter Sieber descubrió la organización de las grandes competiciones internacionales y sus responsabilidades en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, en los que era director general de Deportes. "Cuando acepté ese trabajo", comenta llevándose sus finas gafas a la boca, "me dije: 'en principio, puestos como éste sólo hay 25 cada siglo. Y eso siempre que no haya guerra ni nada...".


Pero Sieber repitió. La calidad de la organización de los Juegos de Montreal le había entrado por los ojos al brasileño João Havelange, entonces Presidente de la FIFA. Su secretario general, Sepp Blatter, confió a Sieber la sede de Monterrey con motivo de la Copa Mundial de la FIFA México 1986.

En esa competición se estrenó el puesto de coordinador general, el que tiene a su cargo el seguimiento operacional diario de las sedes. Sieber se introdujo en el mundo del fútbol, y estuvo en Nápoles para la semifinal Italia-Argentina de la cita mundialista de Italia 90, o en China al año siguiente, para la primera Copa Mundial del Fútbol Femenino de la FIFA. Los partidos de fútbol más importantes ya no dejarían de estar en sus manos, como ocurrió en las dos últimas finales de la Copa Mundial de la FIFA, en París en 1998, y en Yokohama en 2002.

 

Walter Sieber se prepara para ingresar a la cancha con los equipos durante la Copa FIFA Confederaciones 2003.
(FIFA.com)
El día del partido, Walter Sieber es el jefe supremo, y hace suyo su ceremonial. "Hay que ser estricto en la ejecución del protocolo previo al partido, pues debe ser el mismo en todas partes. Existen reglas de precisión. Los niños llegan cinco horas antes del partido y, por una razón o por otra, siempre tienen hambre o sed, por lo que en general no se les ve durante la primera media hora. Después, ya se puede trabajar. Como en cada partido son niños diferentes, hay que volver a empezar cada vez".

Al tercer ensayo, Sieber está satisfecho, y concede un descanso antes del ensayo general. Una pausa que aprovecha para subir a lo alto del estadio. En el control, ordena que le pongan una vez más los himnos de las dos selecciones y el de la FIFA. A continuación, el canadiense baja hasta el césped.

Sieber inspecciona todas las líneas del terreno de juego, se asegura de que las redes de las porterías están en buen estado y bien fijadas a los postes, así como a los arquillos metálicos clavados en el suelo. Y también de que el césped está impecable. "Mi primera preocupación es su calidad; si es posible, que sea una alfombra. Recuerdo que en Melbourne, a diez días del partido, se había quemado completamente".  

A estas alturas de la cuenta atrás, esta vuelta de reconocimiento al campo no es más que una rutina. "En mi cabeza, el partido ya está listo en un 90 por ciento. Todo se ventila en la reunión de coordinación, la víspera del partido. Es un elemento capital en la preparación, pues es entonces cuando se les indica a los equipos cómo será el desarrollo del encuentro hasta sus últimos detalles. Asisten a la reunión todos los que van a desempeñar un papel en el partido: los representantes de los dos equipos, el cuarto árbitro, el inspector arbitral, el médico de la FIFA, el jefe de prensa de la FIFA, el responsable de la competición, el responsable de los transportes y el responsable de la seguridad, que tiene un papel muy importante".

Sieber entrega entonces a los representantes de los equipos la cuenta atrás oficial, que les permitirá organizar su tiempo en torno al partido: el momento en que salir del hotel, cuándo calentar... "Yo les dejo la hoja detallada de la cuenta atrás porque es esencial empezar a la hora. Ahora bien, sin su colaboración sería imposible. La mayoría de los equipos la pegan en la pared de los vestuarios".

Se entra en la recta final una hora y media antes del partido, cuando los equipos llegan al estadio. "El primer acto reflejo de los jugadores es ir a dejar sus cosas en el vestuario, e inmediatamente después ir al campo para echar un vistazo y sentir un poco el ambiente. Después de 5 o 10 minutos, vuelven a los vestuarios". Walter Sieber se asegura de que el cuerpo técnico de los equipos le entrega las hojas de partido, pues sobre él recae la responsabilidad de transmitir la lista de los 22 jugadores que empezarán el encuentro.

 

Walter Sieber verifica el estado de las redes del arco, una de las tareas más importantes antes de cada partido.
(FIFA.com)
A 50 minutos del comienzo del encuentro, cada intervalo de tiempo está cuidadosamente delimitado.
A 50 minutos - Comienzo del calentamiento.
A 22' - Fin del calentamiento: "Los jugadores disponen de 25 minutos, salvo los porteros, para quienes se ha ampliado este tiempo en 5 minutos".
A 11' - Los jugadores abandonan el vestuario: "Hay equipos a los que les cuesta salir del vestuario. He visto algunos que se ponen a rezar y, aunque llames a la puerta, no salen hasta que no terminan su oración. Para mí es esencial dejar que los equipos se preparen en paz. Pero cuando es la hora, es la hora".
A 9' - Los equipos se reagrupan en el túnel de vestuarios: "Estamos a merced del reloj, listos para entrar en el campo. Están los niños que toman de la mano a los jugadores y los que llevan las banderas. Todo el mundo conoce su papel".
A 7' - Entrada de la bandera "Fair Play de la FIFA" seguida de los equipos: Sieber marcha en medio de la comitiva y observa a los dos grupos situarse ante la tribuna principal.
A 6' - Comienzo del primer himno nacional.
A 4' - Fin del segundo himno nacional. Los dos equipos se dan la mano.
A 3' - Los niños abandonan el campo y los jugadores posan para la foto oficial.
A 2' - Apretón de manos entre los capitanes y los árbitros. Intercambio de banderines y moneda al aire.
H - Comienzo del partido.

"Una vez que empieza el encuentro, yo estoy sentado en el banquillo, con el cuarto árbitro, el jefe de prensa de la FIFA y el director de competición del comité organizador. Si los jugadores no calientan donde deberían, o si la delegación de un equipo es demasiado numerosa en su banquillo de suplentes, entonces se lo digo al cuarto árbitro para que intervenga. Pero en principio, para mí se acabó la historia".

Terminado el partido, en el momento en que los aficionados tocan el claxon o salen a las calles de la ciudad, Walter Sieber se asegura de que todos los informes sobre el partido se transmitan por fax a la sede de la FIFA en el menor tiempo posible. Una vez cumplida esta última tarea, se encuentra con su chofer en el aparcamiento. Las noches en que hay partido, Sieber no cena. Y a las 0:30h, a la cama.