Hasta el pasado mes de abril Bernd Stange desempeñó la labor de seleccionador iraquí. En aquel momento abandonó el país por la delicada situación de seguridad, y en julio -tras ocuparse del equipo provisionalmente por vía telefónica- dejó el puesto definitivamente. Tan sólo un mes después, su equipo sorprendió a propios y a extraños al alcanzar la semifinal del Torneo Olímpico de Fútbol masculino. Italia finalmente privaría a los iraquíes de la medalla de bronce por la mínima.

Ya en 1984 Stange, por aquel entonces seleccionador de la antigua RDA, no pudo acudir a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles porque su país boicoteó la competición. FIFA.com ha conversado con Stange acerca del rendimiento de la selección iraquí, las perspectivas de futuro del equipo de cara a la Copa Mundial de la FIFA 2006 y las circunstancias adversas en el país.

Señor Stange, la selección iraquí ha logrado el cuarto puesto en el Torneo Olímpico de Fútbol masculino.
El equipo ha conseguido todo una proeza. De hecho, resulta difícil encontrar una explicación a este éxito. El equipo ha mejorado en la Clasificación Mundial FIFA/Coca-Cola, subiendo del puesto 74 al 40 tras el final de la guerra, con todo lo que ello supone para el país. Eso ya es un gran mérito de por sí. Me alegro de poder haber contribuido a este éxito, pero mi labor ha concluido y el mérito debe ser atribuido a los jugadores y al seleccionador Adnan Hamad. Me ha alegrado enormemente ver cómo los jugadores seguían utilizando las variantes en las jugadas a balón parado que les había enseñado, entre otros, durante nuestra fase de preparación para los Juegos Olímpicos, realizada en Inglaterra. Sin duda, en Irak viví mi época más difícil como entrenador, y este éxito es el mejor broche de oro que podría imaginar.

¿Cuál ha sido la clave del éxito?
Sin duda, una de las mayores ventajas consiste en que tanto yo como mi sucesor, Adnan Hamad, pudimos entrenar al equipo como si de un club se tratase. Entre otros sitios, estuvimos en Australia, Alemania, Inglaterra e Italia, y muchos de los jugadores ya coincidieron en los combinados sub-17 y sub-20. Espero que este equipo no se descomponga, pero me lo temo. A medida que los jugadores vayan fichando por clubes extranjeros, el seleccionador iraquí se encontrará con más dificultades, porque sólo podrán acudir a las concentraciones con tres días de antelación. De hecho, más de uno se irá a algún equipo europeo tras los Juegos Olímpicos. Algunos ya juegan en el extranjero, como Mohamed Emad, que milita en un club de Qatar. El Duisburgo alemán se ha interesado por el defensa Yabar Haidar. Si el entrenador Adnan Hamad recibe una oferta lucrativa del extranjero, resultaría sumamente complicado encontrarle un sustituto de garantías. Personalmente, entendería su decisión. Sin ir más lejos, una de las razones por las que me vine de Irak fueron las condiciones económicas del contrato.

¿Cómo describiría a los jugadores iraquíes?
En primer lugar, son jugadores egoístas como cualquier otro futbolista. Buscan un buen contrato de profesional en el extranjero y nadie se lo puede reprochar. Obviamente, quieren ayudar a sus familias, porque los internacionales iraquíes son pobres. Reciben alrededor de 200 dólares al mes. Por otro lado, también juegan por el honor de su país, lo cual supone una motivación añadida. No obstante, hay que admitir que en cierta manera están algo mimados. Los más jóvenes ya han podido experimentar todo tipo de lujos, sobre todo en torneos internacionales, y a alguno que otro ya se le ha subido a la cabeza. Se han oído quejas por tener que comer el menú del día o dormir en un hostal, habida cuenta de que en los países exportadores de petróleo están acostumbrados a ricos manjares y lujosos alojamientos.

¿Con qué dificultades se encontró para realizar su labor como seleccionador iraquí?
En ocasiones, pasamos noches enteras en los aeropuertos, porque no teníamos dinero para alojarnos en un hotel. Tuvimos que entrenar bajo el calor de la tarde, porque de noche no se podía encender la iluminación artificial por motivos de seguridad. Carecíamos prácticamente de todo. En la actualidad, al menos la situación económica no parece tan grave, ya que el gobierno ha asignado un presupuesto a la selección, aunque siga siendo escaso. Además, no pudimos disputar partidos en casa. El estadio Al Shaab de Bagdad sería todo un fortín si se llenase con 50,000 aficionados apoyando a su selección. Incluso países como Afganistán o Pakistán no podrían competir en términos de entusiasmo de la gente. A nivel personal tampoco fue fácil. Varios entrenadores iraquíes me criticaron por incluir ejercicios de pesas en los entrenamientos porque nunca lo habían hecho antes, y pensaban que perjudicaría a los jugadores. Les enseñé una foto de Michael Ballack para demostrarles que sus músculos no eran fruto de la comida. Hoy en día reconocen que mi decisión fue acertada, pero eso ya no es tan importante. Me he dedicado en cuerpo y alma al equipo e incluso he invertido medios económicos. También se me deben algunas cantidades en concepto de salario, pero no tiene tanta importancia porque los iraquíes son personas honradas y sé que tarde o temprano me pagarán. Me alegro de poder haber conjuntado un equipo de garantías con jugadores desperdigados por la geografía, tal y como hizo Guus Hiddink en Corea del Sur.

¿Hasta qué punto contó con ayuda del exterior?
 

Se nos ha apoyado mucho desde el extranjero. En este sentido, la FIFA desempeñó un papel importante, ayudando al país inmediatamente después de la guerra. El Presidente de la Asociación Alemana de Fútbol (DFB), Gerhard Mayer-Vorfelder, nos brindó todo tipo de comodidades y equipajes durante nuestra estancia en Alemania. También nos han ayudado amigos personales desde Australia. Además he conseguido patrocinadores para la selección, como LC Electronics. Me alegro de haber participado decisivamente en la creación de un equipo en una fase difícil de la historia del fútbol iraquí. No obstante, el mérito les corresponde única y exclusivamente a los jugadores. Su éxito en los Juegos Olímpicos es fantástico. Obviamente, me imagino volviendo a entrenar en Irak, pero por el momento no se prevé una mejora considerable en la situación de seguridad y tampoco puedo esperar mucho tiempo por ello.

¿Qué aspectos habría que mejorar en Irak?
Hay que mejorar las infraestructuras, construir nuevos campos de entrenamiento e instaurar la competición liguera para que el fútbol vuelva a gozar de más popularidad. Obviamente, hay muchas preocupaciones en Irak, pero al fútbol no se le ha prestado la suficiente atención. Tal es así, que no se ha sabido reconocer la importancia de este deporte en el país, de modo que no existe un solo campo de césped. También se ha perdido la oportunidad de llegar a los corazones de los iraquíes por medio de pequeños gestos y detalles. Incluso he dirigido cartas emotivas al Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, a Tony Blair o a Silvio Berlusconi. Se nos invitó a una concentración en Italia y en Inglaterra fuimos recibidos por Jack Straw. El equipo acudió casi al completo, a excepción de seis jugadores de Basora que no viajaron por miedo. Bush, en cambio, no respondió.

¿Por qué decidió dejar su puesto como seleccionador iraquí en abril?¿La situación de seguridad en el país no era delicada con anterioridad?
Hubo dos razones distintas. En primer lugar, el Ministerio de Asuntos Exteriores me instó a abandonar el país y en segundo lugar la situación iba agravándose. Resulta difícil para todos y les pongo un ejemplo: mi conductor, Siad Tarek, ex campeón asiático de karate, fue tiroteado pocos minutos después de dejarme en el hotel Sheraton. Una de las balas atravesó su mano y también sufrió una herida en la cabeza. Por otro lado, debo admitir que nunca me sentí inseguro en Irak. En cualquier caso, nadie hubiese entendido que permaneciese allí.

Volviendo a lo meramente deportivo, ¿cómo evalúa la evolución del fútbol asiático en general?
Creo que el fútbol en Asia se ha desarrollado mucho más que por ejemplo en África. Esto también se debe a los medios económicos, lo que en algunos casos, como el de Qatar, puede conducir a excesos. A medio plazo creo que, sobre todo los países con una buena estructura organizativa, como Japón o Corea del Sur, seguirán progresando. El dinero por sí solo no hace que un equipo crezca como tal. Así es que creo que muchos países del petróleo encontrarán dificultades a la hora de crear una selección competitiva. Desde el punto de vista de la mentalidad se encontrarán con la dificultad de conseguir que los jugadores estén dispuestos a intensificar su trabajo en los entrenamientos. Espero que Irak pueda volver a alcanzar la posición de liderato en el fútbol asiático de la que gozaba antes de la guerra.

¿Qué posibilidades tendrá Irak en la competición preliminar para la Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006?
Siempre he dicho que si el equipo sigue en su composición actual, tiene grandes posibilidades de clasificarse para la Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006. El combinado que acudió a los Juegos Olímpicos en Atenas será el equipo que dispute los encuentros de clasificación con la inclusión de dos o tres efectivos nuevos.