El jugador más destacado de la selección estadounidense que recientemente se ha clasificado para la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA en la República de Corea se llama Alex Nimo y, a sus 16 años, ha marcado tres goles en otros tantos encuentros de clasificación y se ha colocado en cabeza de la tabla de realizadores de su equipo en Kingston, Jamaica. Pero su escalada hasta la selección nacional dista mucho de ser el cómodo y sencillo viaje en ascensor que suelen hacer la mayoría de sus nuevos compañeros para llegar hasta ahí.
Nacido en una Liberia devastada por la guerra en pleno conflicto civil, Nimo pudo escapar a duras penas de la violencia cotidiana de su país de origen antes de emigrar con su hermano menor y sus padres a Ghana. Allí, en el campo de refugiados de Buduburan, el joven Alex jugaba con un balón de trapo. En medio de aquella miseria, soñaba que era el as brasileño Ronaldo y jugaba en la Copa Mundial de la FIFA, e incluso trazó el famoso dorsal número 9 de su héroe en su camiseta.
En 1999, cuando Alex tenía 9 años, la familia Nimo obtuvo asilo político en Estados Unidos y emprendió el penoso viaje hasta la costa oeste de Norteamérica para recalar en la ciudad de Portland (Oregón), que curiosamente recibe el apodo de "la ciudad del fútbol" en la región.
Cuando el padre de Nimo le dijo que se mudaban a Estados Unidos, Nimo miró en un mapa del mundo para ver dónde estaba su nuevo hogar. "No podía encontrar Oregón", recuerda. "Había oído hablar de Nueva York, pero no tenía ni idea de dónde estaba Oregón".
Si es bueno, no es pequeño
Sus patadas y correrías con el balón en Buduburan no cayeron
en saco roto. Después de dar mucho la lata a su padre para que se
enterara de qué clubes de fútbol había en la zona, el joven
liberiano consiguió entrar en unas pruebas en el equipo juvenil del
Portland FC. Fiel a sus raíces, Nimo era el único chaval de la
concurrencia que no llevaba puestas unas flamantes botas de fútbol.
Pero para causar sensación, le bastaron sus sencillas zapatillas de
tenis. Como marcaba gol tras gol en la prueba junto con su hermano,
a nadie se le pasó por la cabeza que Alex era cinco años más joven
que el resto de los chicos.
Clive Charles, ex entrenador adjunto de la selección sub-23 de Estados Unidos y actual entrenador jefe de la Universidad de Portland, reconoció de inmediato el don de Nimo y luchó por incluirlo en el equipo sub-14. Allí y en la escuela no paraba de hacer goles, con un formidable control del balón y una velocidad de espanto.
Los rumores de un aprendiz de brujo de origen liberiano, larguirucho pero físicamente impresionante, comenzaron a propagarse rápidamente por los círculos futbolísticos de Estados Unidos. El programa de residencia para los sub-17, ubicado en Bradenton (Florida), se convirtió en el siguiente paso para el figura. Apenas un adolescente, Nimo ya suscitaba comparaciones con el mejor futbolista liberiano de todos los tiempos, George Weah.
"Enseguida nos dimos cuenta de que era bueno, pero entonces no tenía la ciudadanía, así que tuvimos que esperar a ver si la obtenía para cuando alcanzara la edad mínima estipulada para el programa de residencia", recuerda Hackworth, seleccionador sub-17 de Estados Unidos.
Alex fue declarado oficialmente ciudadano de los Estados Unidos en 2006 y, acto seguido, se incorporó al combinado nacional sub-17 que se estaba preparando para la campaña de clasificación en Jamaica. "Estábamos ansiosos por meterlo en el equipo y lo llamamos inmediatamente", agrega Hackworth.
Un cachorro de león
Después de esa larga espera, Nimo no tuvo que aguardar mucho
para abrir su cuenta goleadora con Estados Unidos. Sólo seis meses
después de unirse al grupo y en su sexto partido internacional,
marcó a los dos minutos del encuentro inicial contra Trinidad y
Tobago.
"No sabía qué hacer porque era mi primer gol", explica Nimo, que corrió hasta el banderín de córner y se puso a bailar tras el tanto. "Me sentía aliviado y muy emocionado". Su celebración recordó a la del camerunés Roger Milla, esa otra leyenda del fútbol africano. En la segunda mitad, y tras una jugada que habría llenado de orgullo al "Viejo León", volvió a acertar diana en la victoria por 3-0 de sus nuevos compatriotas.
Con la ayuda de Alex (que también vio portería contra los anfitriones jamaicanos), el conjunto sub-17 de Estados Unidos se clasificó para el certamen de Extremo Oriente de este verano, en el que se medirá con Tayikistán, Túnez y Bélgica en el Grupo E.
El viaje a Corea, emplazada en el otro extremo del mundo con respecto a su actual hogar, que a su vez se encuentra a miles de kilómetros de su lugar de nacimiento, encaja muy lógicamente en el prodigioso ascenso de este joven portento.
Luego de haber encontrado este diamante que es Alex Nimo, no es de extrañar que el jefe Hackworth esté contento: "La suya es una situación difícil, pero lo está haciendo de maravilla, y esperamos que siga mejorando".
Para Alex sería como un sueño hecho realidad regresar a su continente dentro de tres años. "Le pido a Dios que pueda jugar en la Copa Mundial de 2010 en Sudáfrica con Estados Unidos", confiesa Nimo. "Ésa es mi gran meta".
