La Copa Mundial Sub-17 de la FIFA Corea 2007 es una grandiosa experiencia para todos los participantes. Jóvenes futbolistas de los cinco continentes se miden con las mejores selecciones del mundo y exhiben su talento en el gran escenario internacional. Pero los adolescentes alemanes no sólo sudan copiosamente sobre los campos de Extremo Oriente. Quien crea que entre las duras sesiones de entrenamiento y los partidos agotadores tienen tiempo libre para holgazanear está equivocado.
Los sub-17 alemanes podrían contar muchas historias al respecto. Al fin y al cabo están al cuidado de Wolfgang Wassmund, que no sólo está en Corea como Subdirector de la Delegación Alemana, sino que además tiene asignada una "misión especial". Wassmund, que ejerce como profesor de inglés y de deportes en el instituto Alexander-von-Humboldt de Hamburgo, supervisa a los jóvenes futbolistas de Alemania en su desarrollo académico y cuida de que, a pesar de la euforia mundialista, también agarren los libros y se ciñan al programa de estudios. Después de todo, al final del torneo los sub-17 alemanes volverán a ser estudiantes como los demás.
Para que no pierdan el hábito de estudio por su compromiso con la selección alemana y el largo tiempo que le dedican, Wassmund se encarga de que sus pupilos dominen, además de la línea de cuatro defensas, la regla de tres. FIFA.com habla con el pedagogo, que ejerce el cargo honorífico de Presidente de la Comisión de Fútbol Escolar de la Asociación Alemana de Fútbol.
Señor Wassmund, ¿cómo empezó usted a desempeñar esta
función?
Todo surgió hace unos años a raíz de un partido
internacional escolar sub-16 en Berlín, en el que nos enfrentamos a
una selección holandesa. El partido se disputó a las 10 de la
mañana en el Olympiastadion, y luego, por invitación del alcalde,
acudimos a una recepción en el Ayuntamiento rojo de Berlín. Al
terminar, les preguntamos a los holandeses si querían compartir
nuestra agenda. "No podemos", nos contestaron,
"ahora tenemos tres horas de tareas escolares". Aquello
me dio que pensar y me pareció una buena idea. Se me ocurrió
entonces implantar esa costumbre entre nosotros, lo cual llevó un
tiempo, porque los entrenadores no estaban muy convencidos con la
idea. Pero al final conseguimos nuestro propósito y ya llevamos
unos cuantos años poniéndola en práctica. Además de valorar como
pedagogo el desarrollo escolar, tengo para mí que es algo que
merece la pena. Sabemos que no todos los jugadores que integran una
selección nacional juvenil logran continuar su carrera como
futbolistas. Pensando en ellos, nos hemos comprometido a procurar
que terminen sus estudios razonablemente bien.
¿Qué materias enseña usted a los jugadores?
Yo no lo llamaría enseñar. Antes de partir,
enviamos al domicilio de los jugadores un papel que deben llevar a
la escuela para que los profesores de las distintas materias
apunten en qué apartados deben trabajar los estudiantes. Mi tarea
consiste en supervisar que eso se cumpla. Yo enseño inglés y
deportes, aunque también puedo impartir alemán, biología, e
historia. Las matemáticas, la física y la química no son mis
especialidades, así que para estas materias contamos con otra
persona cuando el desplazamiento dura más tiempo, aunque esta vez
no ha venido.
¿Cómo reciben esta propuesta los jugadores? ¿La reacción es
positiva, o hace falta un poco de persuasión de vez en cuando?
Hay jugadores que no necesitan motivación, la
iniciativa sale de ellos mismos. A los demás hay que
"persuadirles". Al principio no fue nada fácil, porque
era algo que en general no se lo esperaban. Pero, en su conjunto,
la respuesta ha sido positiva. Hasta el punto de que a veces, mucho
después de volver a casa, los estudiantes me llaman para que les
ayude a entender algo. Me resulta muy gratificante cuando veo que
les sirve lo que hago.
A lo largo de los años, ¿quiénes han sido sus alumnos más
destacados?
De aquellos que en el pasado reciente juegan o han
jugado en la
Bundesliga, destacaron Sebastian Deisler, Lukas Podolski,
Fabian Ernst y Raphael Schäfer. Todos ellos han pasado por nuestras
manos.
¿Cuál es la tasa de éxitos bajo su tutela?
Desde que llevamos haciendo esto, afortunadamente
todos los jugadores han podido terminar sus estudios con resultados
positivos. Eso no lo atribuyo exclusivamente a mi labor, más bien
se debe al propio sistema, al orden que entraña. Incluso hemos
conseguido que los estudiantes puedan hacer algunos exámenes
durante los desplazamientos.
Uno de sus jugadores dispone incluso de un sitio Web
especial preparado por su centro de enseñanza con contenidos
pedagógicos. ¿También se encarga usted de coordinarlo?
Eso surgió bajo la responsabilidad exclusiva de su
centro de enseñanza y de su club. Hace dos años instalamos algo
parecido con ayuda de Microsoft para la actual selección sub-19,
que entonces disputaba el Campeonato Europeo, y pudimos contar con
la colaboración de todos los profesores participantes.
Desarrollamos una especie de concepto de aprendizaje electrónico.
Por desgracia, sin embargo, la selección alemana no se clasificó
para la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA en Perú, y por eso no se
hizo necesario continuar elaborando el proyecto.
¿En su trabajo, observa usted alguna diferencia en la
formación de los jóvenes? Para la nueva generación, Internet está
pasando cada vez más al primer plano...
Desde luego. Se puede observar que están muy
familiarizados con este medio, a diferencia de los jóvenes de hace
diez años. Lo usan a diario. Utilizan Internet como nosotros
usábamos antes el teléfono. Ahí ya hay una diferencia. Creo que en
nuestra situación particular estas nuevas tecnologías son muy
útiles.
¿Cuánto tiempo deben dedicar los jugadores a sus estudios
durante el torneo?
Hay un par de jugadores que trabajan de manera
independiente y por voluntad propia. Actualmente, tengo un alumno
que está enfrascado en la interpretación de un texto de Kant, nada
menos. Es difícil calcular el tiempo que dedican. En las
concentraciones, solemos disponer de una hora por la mañana y de
hora y media por la tarde, de modo que en total dedicamos unas dos
horas y media a las cuestiones escolares. Los jugadores trabajan en
tareas diversas, pues proceden de distintos centros de enseñanza. A
veces se ayudan mutuamente, cosa que me parece provechosa, porque
nos hemos dado cuenta de que retienen mucho mejor algo
cuando tienen la oportunidad de explicárselo luego a sus compañeros
de la misma edad que cuando soy yo el que les transmito el
contenido.
¿Cómo es su relación con los muchachos? ¿Es usted como un
padre para ellos o es más bien estricto?
Es un término medio entre las dos cosas. Habría que
preguntárselo a los jugadores, pero creo que tienen una buena
opinión de mí. Después de pasar conmigo un tiempo, ya saben a qué
atenerse. Como profesor particular, soy bastante autoritario y
estricto.
¿Es difícil transmitir la disciplina de estudio a los
jugadores que acaso prefieren concentrarse en su carrera
futbolística?
Nunca es fácil, pues naturalmente todos los
jugadores creen que van a dar el gran salto. Eso está bien, pero
como ya he dicho antes también tenemos el compromiso de hacer que
los chavales dediquen un tiempo a la escuela. La mayoría se da
cuenta tarde o temprano de que eso es tan bueno como se lo queremos
hacer creer. Mario Gómez, por ejemplo, cuando era jugador sub-16 y
sub-17 tenía que esforzarse mucho para completar sus tareas
escolares, pero cuando llegó a ser sub-18 y sub-19 le resultaron
mucho más fáciles. Y él no sólo se ha convertido en jugador de
fútbol sino que además ha conseguido el graduado escolar.



