Doble triunfo psicológico para Estados Unidos
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Pleno de victorias, 15 goles a favor y ninguno en contra y un sensacional triunfo sobre su adversario de la final ya en la primera fase. Alemania se presentaba con estas credenciales al choque por el título de la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA ante Estados Unidos. Las germanas parecían disponer de una enorme ventaja psicológica, pero nada de eso funcionó. Todo lo contrario: fueron las norteamericanas quienes mostraron una sorprendente fortaleza mental para alzar su tercer trofeo mundialista de la categoría.

Volviendo brevemente atrás en el tiempo, aquella goleada por 3-0 acabó transformando la forma en que Estados Unidos encaró el resto del certamen, y principalmente esta final, con sabor a desquite. “Creo que las cosas cambiaron después de aquel primer partido: aprendimos una lección, pero no bajamos la cabeza, porque sabíamos que a partir de entonces empezaba una nueva competición”, declaró la delantera Maya Hayes, máxima anotadora del equipo, con cuatro dianas, a FIFA.com. “El comienzo irregular, la derrota... Supimos utilizar eso en nuestro favor. Fue algo que nos hizo crecer bastante al final del torneo”.

El revés inicial fue duro, pero Estados Unidos logró adaptarse y, sobre todo, evolucionar en ciertos aspectos. Por eso mismo, los entrenamientos tuvieron una importancia casi secundaria: lo más relevante, de hecho, fueron las constantes charlas entre las jugadoras y el cuerpo técnico.

“Pienso que el principal cambio no se produjo en los entrenamientos ni en los partidos. Lo que marcó diferencias fue una cuestión psicológica”, explicó Kealia Ohai, autora del gol del título. “Todos coincidieron en que aquella derrota, en cierto modo, nos ayudó a crecer en este aspecto. La cuestión era simple: o mejorábamos y empezábamos con todo en la fase de eliminatorias o podíamos decir adiós al torneo. Eso nos ayudó a jugar mejor, indudablemente”.

Y si este choque podía decidirse en el plano psicológico, nada mejor que conseguir trasladar la presión al adversario, que hasta entonces parecía imparable. En opinión de Crystal Dunn, que dio la asistencia del gol de Ohai, esa fue una de las claves de la final. “Afrontábamos el partido sabiendo que ellas no habían recibido ningún gol y que no conocían ese tipo de presión”, indicó. “El gol hizo que la situación cambiase por completo, porque se encontraron ante una novedad. Llegó en un momento excelente”.

Goles oportunos y mucha fiesta
La polivalente Dunn, que exhibía orgullosa su medalla de oro —al contrario de lo sucedido en la prueba mundialista sub-17 de Nueva Zelanda 2008, donde alcanzó el subcampeonato—, volvió a ser fundamental para Estados Unidos, como en cuartos de final contra la RDP de Corea, cuando se multiplicó dentro de la cancha y efectuó el centro que terminó en el gol de Chioma Ubogagu.

Este vez, la jugada del gol partió de nuevo de las botas de la lateral derecha, quien regateó a una oponente y centró hacia el medio del área. Allí estaba Ohai, una extremo no excesivamente goleadora, pero que demostró su puntería tanto en semifinales como en la final. “Creo que lo mejor quedó para el final. Yo no marco muchos goles, porque juego más por los extremos, pero cuando entro por el medio acabo teniendo algunas ocasiones”, contó. “Cuando vi regatear a Crystal, sabía que iba a centrar al medio. Entonces corrí y conseguí posicionarme bien”.

El tanto de Ohai dio tranquilidad a las norteamericanas, y también llevó a la desesperación a las europeas, a las que nada salió bien hasta el final. Cuando se señaló el final del encuentro, las discípulas de Steve Swanson dieron rienda suelta a sus emociones: realizaron una vuelta olímpica y una especie de número de natación entre el confeti. Los festejos continuaron en el vestuario, donde los cánticos de alegría resonaban con fuerza. Eran incapaces de contenerse, y aún esperaban más.

“La celebración ha sido fantástica, inolvidable. Pudimos respirar al fin, porque fue un partido muy tenso”, destacó Dunn. “Creo que todos han podido ver en nuestros rostros lo contentas que estábamos”, añadió Hayes. “Hemos cantado, bailado, todas juntas, como un verdadero equipo. Es algo excelente que hay en este plantel. Espero que el vuelo de vuelta, en las 12 horas que nos esperan, sea también así, con mucha fiesta”.