La única representante de Oceanía, Nueva Zelanda, llegó a Canadá con un nutrido contingente de jugadores aficionados (con talento, pero en su mayoría inexpertos) y con una única estrella clara. Sin embargo, a última hora los All Whites han tenido que revolver a conciencia entre sus efectivos, tras saltar la noticia de que Chris James, centrocampista del Fulham y ex internacional juvenil con Inglaterra, debía regresar a casa en vísperas de la fase final, por motivos familiares.

Ante el indudable enorme hueco que debe cubrir en el mediocampo, el seleccionador neozelandés, Stu Jacobs, recurrirá a Craig Henderson, nacido en Wellington. Sin estar afiliado a ningún club profesional, el inteligente estudiante de tercer curso del Dartmouth College (una de las ocho universidades del noreste de Estados Unidos que integran la prestigiosa "Ivy League"), es el hombre que Nueva Zelanda estaba buscando para dictar el juego a seguir desde la medular. Henderson, que posee un guante en sus botas y ofrece una entrega a la causa al más puro estilo kiwi, confía en dejar su huella a lo grande por primera vez en la escena mundial.

"Es una lástima que James se vuelva a casa, porque es un gran jugador que puede marcar la diferencia", declaró a FIFA.com este adolescente rubio y delgado, que viajó nada menos que 30 horas para llegar a orillas del lago Ontario. "En cualquier caso, creo que podremos superarlo. Espero ocupar un puesto en el centro del campo y asumir algunas de sus funciones. Tengo muchísimas ganas de saltar a la cancha".

La mayoría de los analistas esperan que la modesta debutante de los Mares del Sur (que vivió sus mayores días de gloria futbolísticos cuando se clasificó para la Copa Mundial de la FIFA 1982) lo pase mal en el complicado Grupo C, junto a unas selecciones tan destacadas y temiblemente profesionales como Portugal y México (vigente campeona mundial sub-17). Sin embargo, con vistas al durísimo estreno contra los portugueses, el 2 de julio en Toronto, Henderson encuentra motivación y esperanza en la condición de su equipo como una de las cenicientas del campeonato.

"Tenemos que dejarnos la piel sobre el césped"
"Sabemos que (Portugal) va a ser un gran equipo y, básicamente, tendremos que defender mejor que nunca. Debemos dejarnos la piel sobre el césped y todo el mundo deberá trabajar muy duro", destacó este viernes el simpático y optimista medio centro creador, tras una dura sesión de entrenamiento en el Estadio Nacional de Fútbol de Toronto. "Pero si defendemos bien y aprovechamos las ocasiones que tengamos, no hay ningún motivo por el que no podamos sacar un resultado positivo".

Grandes, fuertes y quizás un poco ingenuos, los muchachos neozelandeses conforman un atractivo grupo que rebosa optimismo en su primer desplazamiento a una cita mundialista de esta categoría.

"Nadie espera gran cosa de nosotros, lo cual constituye un elemento de motivación", prosiguió el jugador. "Queremos demostrar que éste es nuestro sitio, el campeonato mundial... Cuando nos vamos hacia arriba somos un gran equipo. Confío en desempeñar un papel esencial en esas subidas al ataque. También defendemos bien, pero ofrecemos nuestra mejor cara cuando atacamos".

Que los nuevos inquilinos mundialistas superen a Gambia, Portugal y México en el Grupo C es mucho pedir. Pero con un poco de suerte y un montón de moral, los jugadores aficionados neozelandeses (que ya sufrieron un serio revés incluso antes de estrenarse en tierras canadienses) podrían erigirse en los preferidos del público en esta fase final.