El mayor momento de gloria de la poderosa selección mexicana no se produjo a través de Hugo Sánchez o Cuauhtémoc Blanco, García Aspe o Luis "El Matador" Hernández, sino gracias a un fantástico grupo de ambiciosos adolescentes, en gran medida desconocidos, que dejaron boquiabierto al mundo del fútbol con su conquista del Campeonato Mundial Sub-17 de la FIFA en Perú.
Hasta la fecha, es el único título mundialista de un país al que suele considerarse como una de las grandes potencias de la CONCACAF.
Dos años después de aquellas imágenes de multitudinarias celebraciones y eufóricos desfiles por las calles de Ciudad de México, el núcleo de aquel equipo campeón (diez futbolistas, para ser exactos) vuelve a competir ante los ojos de todo el planeta en Canadá 2007.
Carlos Vela y la estrella en ciernes del Barcelona, Giovanni dos Santos, serán los portaestandartes del combinado norteamericano. Hay muchas esperanzas depositadas en estos dos jóvenes, cuya sintonía dentro del campo es casi telepática, y nos trae ecos nostálgicos de grandes parejas futbolísticas de la historia.
Dos Santos, nacido en Monterrey, fue elegido segundo mejor jugador del certamen sub-17 celebrado en Perú (siendo superado únicamente por el brasileño Anderson), y Vela, oriundo del soleado Cancún, se proclamó máximo goleador, con cinco dianas.
"Ahora jugamos los dos en España [Vela fue cedido por el Arsenal al Salamanca la temporada pasada]. Nos llamamos mucho por teléfono, aunque llevabamos un tiempo sin vernos", dice Dos Santos, de quien se prevé que debute este año con el Barça y con la selección absoluta. "Pero cuando saltamos al campo por primera vez en Toronto, fue como si no nos hubiéramos separado nunca".
México, de hecho, ofreció un ejemplo de organización y entendimiento el jueves, durante su primera práctica en el Estadio Nacional de Fútbol de Toronto. El seleccionador, Jesús Ramírez, quien también estuvo al frente de la sub-17 en Perú, apenas tuvo que hablar a sus muchachos. Se limitó a pasear por el campo con una sonrisa, cambiando de vez en cuando los ejercicios o gritando jovialmente algún elogio o comentario alegre.
Pasar a la historia
Ese tipo de sintonía es la que caracteriza a los
equipos que pasan a la historia. Y el elemento más destacado de
esta impresionante plantilla es el tándem formado por Vela y Dos
Santos.
Mientras que Dos Santos muestra algo de picardía, y siempre tiene bromas y sonrisas para sus compañeros, Vela presenta un semblante algo más serio, que pudimos ver claramente cuando habló con FIFA.com después del entrenamiento.
"Deberemos jugar con mucha creatividad y habilidad, y también vamos a tener que luchar por la causa", afirmó el jugador del Salamanca, con el pelo teñido de rubio para esta competición. "Es una virtud de este equipo que a menudo se pasa por alto. Tenemos calidad, sí, pero también agallas y temple, y valor para luchar por la camiseta".
"Creo que tenemos lo que hace falta para ganar este torneo", añadió. "Aunque no será fácil, y no podemos pensar que nos van a regalar el trofeo. ¡Debemos demostrar temple y jugar como los hermanos que somos!".
Otro "hermano" del equipo, y veterano de Perú 2005, es César Villaluz, un sensacional centrocampista del Cruz Azul. Comparte la ligera cautela de Vela y su determinación. "Sabemos que si hacemos valer todo nuestro potencial somos capaces de vencer a cualquier equipo del mundo y a cualquier equipo de este torneo", señaló el pequeño jugador. "Pero que hayamos ganado el Mundial sub-17 hace dos años no implica automáticamente que vayamos a ganar este. Hay que ser prudentes".
Sin embargo, a decir verdad, la prudencia no es algo de lo que vayan a hacer gala la arrolladora seleccionador mexicana y sus dos figuras en su primer partido, que disputarán el lunes en Toronto ante otro participante en Perú 2005, Gambia. Los 16 goles de México en seis choques de la cita andina representan una media superior a los 2.5 por encuentro. Y ahora, los campeones del mundo sub-17 intentarán sin duda que la historia se repita en el país de los grandes horizontes nevados.
