En el mundo del fútbol, existen jugadores destinados a brillar en los momentos importantes. Esos que, incluso con pocos minutos en cancha, surgen de la nada para salvar a sus equipos en las situaciones más calientes. A esa raza pertenece Lautaro Acosta, el argentino que, desde el anonimato, ya ha dado más de una satisfacción al conjunto de Hugo Tocalli.
Su primer acto salvador llegó ante Uruguay en el torneo sudamericano, cuando se filtró dentro del área para concretar, de cabeza, el gol agónico que clasificó a los suyos para la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA y en el Torneo Olímpico de fútbol masculino 2008.
El segundo, más reciente, se produjo en los últimos instantes del partido ante la República Checa. Acosta, que otra vez había ingresado para jugar los últimos diez minutos, corrió sesenta metros para salvar, sobre la línea, lo que hubiese sido el tanto decisivo de Tomas Micola. A horas del trascendental partido ante Panamá, el Laucha dialogó en exclusiva con FIFA.com acerca de su particular caso. Ese que lo ha convertido en un hombre de pocos, pero importantes minutos.
"Quiero sumar minutos"
Rápido como en la cancha. Así responde el futbolista de Lanús
a cada pregunta relacionada con su presente en la selección
argentina. Y más aún cuando se trata de sus acciones destacadas,
como si lo incomodara hablar de sus propios aciertos dentro del
campo: "Uno tiene que estar pendiente del objetivo del equipo
más que el personal. Y yo vine acá para ser útil al grupo y salir
campeón. Después sí, claro, quiero sumar minutos para ir ganando en
confianza. El otro día fueron diez, y esperemos ir agregando más en
los próximos partidos".
Sin embargo, casi a la fuerza, este admirador de Lionel Messi finalmente admite que ha sido determinante en la clasificación argentina para Canadá 2007: "Aquel gol ante Uruguay sirvió mucho en lo personal también. A partir de ahí me empezaron a reconocer más y me sentí mejor, con más confianza. Pero es normal, yo tengo en claro que no tiene la misma repercusión un jugador de Lanús que uno de River Plate o Boca Juniors. ¡No me molesta para nada!", completa.
El Hombre de la Máscara
Influenciado por su padre, Acosta comenzó a jugar al fútbol a
los cuatro años. Cinco más tarde, llegaría a Lanús, club en el que
juegan tanto él como dos de sus hermanos. Hoy, el mismo hombre que
lo llevara de la mano a dar sus primeros pasos con el balón, lo
acompaña en su aventura en Canadá.
Aventura que trae una novedad en lo "estético". En el debut ante la República Checa, Acosta ingresó a jugar con una máscara protectora, requisito ineludible tras la fractura del malar sufrida hace dos meses en la liga argentina. Algo que, lógicamente, ha despertado las bromas dentro del plantel.
"Me vuelven loco, pero está todo bien. Hay veces que estoy sin la máscara y alguno me dice que todavía no me la saqué o cosas así, pero es divertido. Lo bueno es que me da más confianza para jugar, porque la pasé bastante mal. Me operaron y estuve un mes con dos clavos en la cara. Hasta tengo parte de la dentadura adormecida todavía", reconoce.
Sin embargo, más allá de las bromas, Acosta anhela volver a ponerse la máscara para saltar al terreno de juego ante Panamá, un rival al que Argentina debe vencer para mantenerse con posibilidades intactas de avanzar de fase. "Es un equipo que juega bien y toca el balón, aunque parece un poco desordenado. Ahí podemos marcar la diferencia", analiza. Y se despide con una frase: "Lo importante será no desesperarnos y saber que el gol puede llegar al principio o al final". Como le gusta a él. En los momentos calientes.
