Cuando el seleccionador gambiano, Peter Bonu Johnson, atravesó el túnel y llegó a los vestuarios después de ver a su equipo caer por un contundente 3-0 a manos de un México arrollador, esperaba una escena de abatimiento, algo comprensible. Sin embargo, lo que encontró fue una muy grata sorpresa.
"No podía creerlo", ha declarado a FIFA.com. "El vestuario era un bullicio, mis jugadores estaban animándose, mentalizándose entre sí. No parecía un equipo que acababa de perder un partido de fútbol, sino uno dispuesto a enmendar sus errores y ganar los dos siguientes".
En realidad, no es nada extraño que los muchachos gambianos estuviesen con el ánimo relativamente alto después de debutar el lunes en Toronto. Incluso el técnico mexicano, Jesús Ramírez, y el goleador Giovanni dos Santos, estrella en ciernes del Barcelona, admitieron que Gambia había sido, con mucha diferencia, la mejor en la primera parte, y que la mala fortuna le había impedido batir la meta defendida por el extraordinario Alfonso Blanco. Si los tiros a puerta son indicativos de algo, el dinámico conjunto africano llegó al descanso con una ventaja de seis a uno.
Pero tres tantos en contra en el segundo tiempo le hicieron venirse abajo. El resultado, en honor a la verdad, fue demasiado abultado a favor de los mexicanos, y castigó excesivamente a los gambianos, que se entregaron a fondo en el que fue el duelo más abierto del torneo hasta ese momento.
Quizás por eso reaccionaran con tanto optimismo tras el encuentro. Después de todo, al igual que los mexicanos, esta selección gambiana lleva más de cinco años junta, y con el fútbol brillante que despliegan chicos como Ousmane Jallow y Modou Jagne, aspira legítimamente a conseguir un puesto en la siguiente ronda. O puede que haya algo distinto en juego...
Los elementos más importantes de esta plantilla, si se les pregunta al entrenador y a los jugadores, son el espíritu, la mezcla de estilos y el sentido de la comunicación y el entendimiento casi tácito que caracterizan al equipo del país más pequeño del África continental.
Un crisol gambiano
"Gambia es una nación de mestizaje y
entendimiento", ha dicho Bonu Johnson a
FIFA.com. "Tenemos muchos idiomas y estilos
musicales, en nuestro país existe un sentido poco común de la
tolerancia entre cristianos y musulmanes y gente de todo
tipo".
Aunque la lengua oficial de Gambia es el inglés, hay nada menos que 14 idiomas tribales reconocidos, y durante los entrenamientos y los partidos del equipo todos ellos se mezclan en una especie de criollo. Las palabras inglesas -herencia de la época del imperialismo anglosajón- se combinan con expresiones tribales, pero de algún modo los jugadores aciertan a entenderse, y reaccionan a los envites sin dudarlo un segundo.
La religión también es un componente de fusión, como señala enseguida Bonu Johnson, miembro de la minoría que constituyen el diez por ciento de cristianos en este país de África occidental. "En Gambia, la religión y la música son muy relevantes en nuestra cultura. Tenemos cristianos y musulmanes. La gran mayoría de la población es musulmana. Yo soy cristiano, y un buen número de mis futbolistas son musulmanes. Pero en el equipo, como sucede en nuestro país, no hay ningún conflicto ni fricción. Estamos en paz y armonía".
Jallow, delantero del Raja de Casablanca, quien anotó este año su primer triplete con su club y fue el máximo goleador de la competición preliminar africana, es musulmán, y es muy posible que sobre él recaigan las esperanzas de los suyos de estar en la segunda fase. "Si Alá quiere, dejaremos una huella gloriosa en Canadá", afirma. "Nos conocemos como hermanos después de todos los años que llevamos jugando juntos. Sabemos lo que van a hacer nuestros compañeros antes de que lo hagan".
La fusión, en parte religiosa, lingüística, musical y deportiva, está preparada. Ahora los gambianos esperan que su mestizaje especial les baste para clasificarse.
