Parece serio, casi inaccesible. Su mirada, fija en algún punto del horizonte, impide cualquier contacto visual en sus largas caminatas rumbo a las conferencias de prensa. Sin embargo, Miroslav Soukup dista de ser un personaje frío.
Por el contrario, el entrenador de la República Checa es uno de esos estrategas peculiares, capaces de decir la más cruda verdad sin siquiera parpadear. En ese contexto, a horas de definir su clasificación a octavos de final, el director técnico recibió a FIFA.com para dialogar de su equipo, el partido ante Panamá y, sobre todo, su particular manera de vivir y sentir el fútbol.
"Sólo digo lo que veo"
Acostumbrados a decir lo que se debe escuchar, muchos se
sorprenderían al oír las reflexiones de Soukup. A los 41 años, y
tras pasar los últimos tres y medio al frente del equipo checo, el
entrenador analiza la actuación de sus chicos a corazón abierto.
Así, uno puede escucharlo decir que "ante Argentina, la única
manera de rescatar un punto era jugando en forma defensiva y
apelando a la suerte. Nos salió bien". O que "si
hubiésemos anotado en esa oportunidad que tuvimos al final del
partido, habría sido maravilloso pero para nada justo. No
merecíamos el triunfo". Sin pelos en la lengua...
¿Cuál es la razón de semejante sinceridad? "Soy un entrenador que debe analizar los hechos y decir lo que ve, no lo que le gustaría que suceda", afirma sin vacilaciones. Así, es simple caer en la tentación de preguntarle qué sucedió en su último compromiso ante la RDP de Corea, que le igualó a falta de un minuto para el cierre del partido. ¿Mala fortuna? ¿Una decisión equivocada del árbitro? No para él: "Tuvimos un buen segundo tiempo, pero no supimos cerrar el juego y lo pagamos con el empate. Fue justo, los norcoreanos acumularon sus méritos y consiguieron el penal. Es difícil decir si fue falta o no desde dónde estaba yo, pero creo que sí, fue una decisión acertada", completa.
La importancia del consenso
Lejos de monopolizar el poder de decisión, este hombre de 41
años, casado y con un hijo, aprovecha cada reunión para discutir
las tácticas a aplicar con sus muchachos. Así, antes de cada
partido, mantiene una junta con sus futbolistas antes de plantear
lo que se hará dentro del campo de juego. "Ellos me conocen a
mí y yo los conozco a ellos, por lo que me parece importante
preguntar por su forma de pensar antes de decir lo que
haremos", explica con sencillez.
Por ende, no hay que esforzarse demasiado para saber que, antes del partido decisivo ante Panamá, Soukup y sus muchachos hablarán largo y tendido sobre cómo evitar que se les escape un partido como el del pasado martes ante los norcoreanos. "Me gustan los entrenadores que respetan a sus jugadores, que están abiertos al diálogo. Ahora tenemos que reponernos todos juntos y salir adelante en el próximo partido. Todavía dependemos de nosotros, que es una gran ventaja", analiza.
Amante del pool y novato del golf, que le permite alejarse de los nervios que le provoca el fútbol, Soukup sabe que aún falta mucho para alcanzar su sueño en la profesión, esa que empezó a adorar admirando al argentino Mario Kempes por televisión en 1978. "El deseo de todos los equipos es ganar el torneo, ser campeones del mundo. Pero hay que ser realistas: el objetivo concreto es ganar el próximo compromiso para acceder a los octavos de final", resume con su habitual claridad.
Luego sí, sólo superada esa instancia, llegará el momento de soñar a lo grande. Aunque él, y su manera de sentir el fútbol, eviten ver mucho más allá: "Mi sueño se habría concretado si le ganábamos a Argentina (ríe). Ahora, veremos lo que nos toca en gracia. Sólo dependemos de nosotros".

