Al ver en acción a Bruno Gama, la nueva sensación en las bandas del mediocampo de Portugal, uno tiene la sensación de haber visto todo eso antes en otra parte. Sus incisivas internadas, sus movimientos serpenteantes llenos de picardía, su capacidad para venirse al centro desde una posición escorada en un palmo de terreno y causar auténticos estragos... ¡Eureka! Podría tratarse perfectamente del segundo advenimiento de Luís Figo.
Gama, autor de los dos tantos de Portugal en su triunfo inicial por 2-0 ante la representante de Oceanía, Nueva Zelanda, marcha en pos de una gloria similar a la que alcanzara su ídolo Figo, que conquistó la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA en 1991, en su propio país.
"Desde luego que nos encantaría lograr lo que consiguieron Figo y su generación en el 89 y el 91", declaró el jugador del Braga a FIFA.com.
Tras erigirse en bigoleador contra los Kiwis, el electrizante Gama era un manojo de alegría y de nervios en sus declaraciones ante los periodistas portugueses congregados en el exterior del Estadio Nacional de Fútbol de Toronto: "Nuestro objetivo en este campeonato es ganar todos los encuentros, incluida la final, y espero poder meter más goles hasta llegar allí, como he hecho esta noche".
Otra vez el factor campo a favor
Por más que se encuentren al otro lado del Océano
Atlántico, Gama y sus compañeros de selección están disfrutando en
Toronto de todas las ventajas de jugar "en casa". Con una
comunidad portuguesa de 20,000 personas en la ciudad, el estadio
fue una "pequeña Lisboa" cubierta de verde y granate.
El primer gol de Gama (un sensacional lanzamiento de falta al filo del descanso) fue recibido con un rugido atronador desde las gradas. El jugador se apresuró a corresponder a las muestras de cariño después del encuentro, con estas palabras: "Me encantan los aficionados de Canadá. La forma en la que nos han apoyado hoy ha sido sencillamente increíble".
Zequinha, delantero del Tourizense, se hizo eco del sentir de su capitán mientras firmaba autógrafos de camino al autocar del equipo. "Los aficionados han estado realmente extraordinarios por su manera de animarnos. Parecía como si estuviésemos jugando en Portugal", afirmó con una amplia sonrisa dibujada en el rostro, mientras posaba para alguna que otra foto.
Pero no todo eran sonrisas y ánimos para los jóvenes pupilos de José Couceiro. El seleccionador luso, que guarda un importante parecido (tanto en carácter como en aspecto) con el técnico del Chelsea e ídolo portugués José Mourinho, tenía motivos para estar preocupado por la forma en que sus chicos se quedaron sin gasolina en los diez últimos minutos. De no ser por la escasa contundencia en el remate del neozelandés Jeremy Brocki, el partido podría haber acabado perfectamente en empate.
Necesidad de mejoras
"Cometimos también algunos errores y tuvimos
suerte de no pagarlos", declaró Couceiro tras el primer
partido. "Intentaremos hacerlo mejor en los próximos
encuentros".
Los portugueses son conscientes de que tendrán que mejorar en su próximo duelo: un complicado examen contra el campeón mundial sub-17, México, que no anduvo nada escaso de brillantez en su 3-0 a Gambia de la primera jornada.
El defensa Mano estaba especialmente preocupado. "Hicimos lo que debíamos hacer contra Nueva Zelanda", declaró a FIFA.com de mala gana. "Pero si jugamos así contra México, lo pasaremos mal. Debemos mejorar si queremos conseguir nuestros objetivos aquí en Canadá".
Suponiendo que esos objetivos de los bien arropados lusos son los que decía Bruno Gama (llegar a la final y ganarla), algunos goles más de su nuevo Figo serían bienvenidos este jueves en Toronto, contra la selección mexicana de Giovanni dos Santos y Carlos Vela. Un triunfo para cualquiera de los dos equipos le garantizaría prácticamente un puesto en los octavos de final.
