El sábado por la noche, Victoria fue una fiesta. Los cuatro aspirantes que disputaban en esta ciudad de la costa occidental su último partido en sus respectivos grupos se clasificaron para la fase eliminatoria de Canadá 2007. En el primero, Zambia se impuso a Uruguay (0-2), pero ambos equipos se metieron en octavos como segundo y tercer clasificados del Grupo B. En el segundo, Japón y Nigeria empataron a 0-0, pero ya habían superado el Grupo F antes del choque. El sábado por la noche, el Royal Athletic Park estalló en una algarabía de risas y cánticos que se dejó sentir en toda Victoria.

Los más exultantes fueron los japoneses y sus muchos seguidores, pues habían ganado el derecho a permanecer en la ciudad que hasta el momento había sido su campamento base, a pesar de la igualada hasta cierto punto inesperada con las Súper Águilas. Tanta fiesta después de un partido muy reñido en el que sólo pudo arañar un empate puede parecer un poco desproporcionada si no se tiene en cuenta lo mucho que Japón deseaba quedarse en esta ciudad tan próxima al continente asiático, y la enorme compenetración que une a la selección nipona y a su hinchada.

Como ya habían hecho tras sus victorias previas en el grupo, los futbolistas de la selección japonesa se pusieron en fila para saludar a sus ruidosos seguidores con un cántico, acompañado de un baile calcado a los que salen en los vídeos de artes marciales. Después, los jugadores se quedaron junto al graderío para firmar autógrafos, posar para las fotos y darse un baño de multitudes y buenos deseos por parte de la entregada y creciente masa de simpatizantes vestidos de azul.

"Estamos encantados de quedarnos aquí", declaró con una gran sonrisa Yohei Fukumoto, el capitán de Japón, tras el choque. "Ya lo conocemos todo muy bien, incluido el terreno de juego. Nos hemos acostumbrado a todo esto. Y, por lo que parece, tenemos una gran hinchada en esta ciudad". Eran apreciaciones compartidas por todos los jugadores y entrenadores del equipo mientras el autocar que los transportaba se perdía, entre cánticos y celebraciones, en el precioso atardecer del Pacífico.

Muy lejos de África
Los auténticos campeones del día fueron los zambianos, recién llegados a la ciudad después de haber disputado sus dos primeros partidos al otro lado de la bahía, en las afueras de Vancouver. A la mañana siguiente del encuentro, Zambia tuvo que abandonar Victoria con destino a Ottawa para asistir a la cita con Nigeria, pero el sábado por la noche también disfrutó del apoyo de varios grupos de seguidores y de uno o dos tambores.

"¡Claro, por supuesto que nos encanta Victoria!", admitió su seleccionador, George Lwandamina, con un guiño (un gesto que a buen entendedor se traducía en un "¡Cómo no nos va a encantar¡"), tras conquistar su primera victoria de esta certamen en esta ciudad de clima fresco y soleado, donde Zambia estuvo sólo un par de días.

No obstante, la más ruidosa de todas las hinchadas de la tarde fue la masa de seguidores de Nigeria, cuya banda casi sambesca sonaba a todo trapo en los alrededores del estadio durante los días de partido. Los jóvenes Súper Águilas, aunque decepcionados por haber dejado escapar el liderato del grupo, lo que los obliga a abandonar Victoria, sólo tienen bonitas palabras para la ciudad a la que llegaron diez días antes del comienzo del campeonato.

"¡Nos encanta estar aquí!", desveló antes del partido el delantero Brown Ideye. "Llevamos tanto tiempo en esta ciudad que ya se nos acerca la gente, nos pide autógrafos y quiere hacerse fotos con nosotros. Oímos '¡Nigeria! ¡Nigeria!' por todas partes. Ahora dejamos en la ciudad a nuevos hermanos y hermanas".

"Les deseo de corazón toda la suerte de este mundo", dijo después del partido una simpatizante llamada Grace, que luce orgullosa el verde y el blanco de Nigeria. "Sentimos mucho que tengan que dejarnos, pero siguen en la competición y eso es lo que importa".