A pesar del casual triunfo ante Costa Rica en su segundo partido y del aguerrido empate sin goles contra Nigeria en su última contienda de grupo, Japón ha emergido por encima del Grupo F con una esplendorosa confianza en sí mismo de cara a su choque de octavos contra la República Checa el miércoles en Victoria.
En marcado contraste con los apuros de su selección mayor en la simultánea Copa Asiática, la excitación en torno a los sub-20 en Canadá 2007 se acerca por momentos al éxtasis. La prensa de su país ya les ha puesto el mote de la Generación Sonriente, por su efervescente estilo de juego y su carácter jovial. La sintonía impera en la concentración y contrarresta el peso de las expectativas que tanto parece lastrar a los mejores combinados nipones. No hay que olvidar que estamos hablando de la primera selección sub-20 de Japón que ha atravesado la fase de grupos sin conocer la derrota.
Relajados en medio de la agitación general
El guardameta titular, Akihiro Hayashi, ya se lo había advertido a FIFA.com: "Somos un equipo muy distendido. Los días de los partidos estamos muy concentrados, pero una de nuestras mejores cualidades es que, antes de los partidos, estamos muy relajados".
El prodigioso mediocampista Tsukasa Umesaki coincidía con su compañero después de su entrenamiento del martes: "Nos sentimos muy bien ahora mismo", recalcó. "No tenemos ninguna ansiedad, pero nos estamos concentrando mucho en el partido contra los checos porque sabemos que va a ser difícil".
Aunque no se puede decir que haya destacado ninguna individualidad, el sistema de combinaciones y en general el alto nivel de técnica desplegados por esta escuadra han suscitado comparaciones con el plantel sub-20 de 1999 de Inamoto y Takahara que llegó a la final de la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA en Nigeria y sucumbió ante España. Si a eso se añade la extendida equiparación de la República Checa con Escocia, a quien los japoneses tumbaron por 3-1 en su estreno, la idea de que el único superviviente asiático puede subir muy alto en la prueba reina está empezando a cobrar cuerpo.
La llegada de otras dos docenas de periodistas a la concentración de la selección en Victoria y la multitud de mirones que acechan sus movimientos es una buena medida de la magnitud de la expectación creada, y da a los jugadores el aire de estrellas de rock en esta somnolienta ciudad portuaria. Las peticiones de autógrafos y los aplausos esperan a los juveniles al final de los entrenamientos pero, antes que sentir cualquier tipo de presión, los chavales se regodean con la atención y sonríen. El entrenador Yasushi Yoshida ha insistido mucho en que este equipo necesitaba mejorar la mentalidad para desafiar a los mejores onces del mundo, pero parece que lo está logrando.
Fuerzas de flaqueza
En su último choque de grupos contra Nigeria, los dos conjuntos sabían que estaban clasificados para la siguiente ronda, y en consecuencia los japoneses dieron descanso a ocho de sus titulares. Sin embargo, contra los finalistas de 2005, los suplentes nipones se gustaron y fueron creciéndose, hasta que al final por poco consiguen un éxito sonado. Lógicamente, esas tablas les han resultado mucho más gratificantes que si las hubieran registrado en condiciones normales, y les han ayudado a enterrar algunos fantasmas que trajeron consigo al certamen.
Su acceso al torneo se vio salpicado por actuaciones muy irregulares. El colmo fue la paliza por 5-1 sufrida a manos de Francia en el prestigioso torneo internacional de Tolón, que obligó a los japoneses a cuestionarse si podrían competir contra los mejores del mundo. En aquel compromiso participaron muchos reservas y, pese al regreso de muchos de los titulares al once en el siguiente encuentro contra Costa de Marfil, los nipones, alicaídos y sin ímpetu, volvieron a perder. En la competición en curso, el prometedor desempeño de los suplentes ha tenido el efecto contrario: ahora el contingente sospecha que, si su equipo B puede contener a los aclamados nigerianos, probablemente el equipo A puede habérselas con cualquiera.
"Nuestros jugadores están creciéndose más y más cada día", declara Yoshida. "La verdad es que incluso algunos de nuestros reservas están acostumbrándose a este nivel tan alto, y eso dice mucho acerca del desarrollo del fútbol en Japón". Su afirmación se ve reforzada por el hecho de que todos sus pupilos menos uno juegan en la principal liga japonesa, y muchos de ellos, como Atsuto Uchida, Michihiro Yasuda, Yohei Fukumoto y Umesaki, son titulares en sus respectivos clubes y ya han debutado en la selección absoluta.
Uchida nos contó su sensación tras el partido contra Nigeria con estas palabras: "De alguna manera, este resultado está conectado con la derrota contra Francia y con lo mucho que nos dolió. Pero aquel sentimiento nos dio mucho poder, y ahora encaramos la segunda ronda con confianza".
El acerado capitán, Yohei Fukumoto, una roca inexpugnable en el centro de la defensa nipona, resume perfectamente el ambiente en el campamento: "Ahora mismo, las cosas marchan por el buen camino. Tenemos montones de motivación y nada de miedo".



