Según Patricio Araujo, el capitán de la selección mexicana, César Villaluz, es el animador del equipo, el que divierte a la galería. Y ciertamente lo parece, con su escasa estatura (1.65 m), sus ojos rasgados y su pelo ensortijado. Sin embargo, el joven no ha sido siempre así. Ha sido el combinado nacional el que le ha dado notoriedad y el que le ha hecho superarse.
Nacido en la colonia Guerrero de Ciudad de México, su vida ha estado marcada por el fútbol desde siempre. Su padre lo llevaba al estadio todos los domingos, incluso cuando aún llevaba pañales y tomaba biberón."Toda mi familia, mis tíos, mis padres, adoran el fútbol. Por eso he jugado toda mi vida y voy al estadio desde que nací", confirmó el joven.
Cuando apenas tenía cuatro años, ya formaba parte de un equipo del barrio. Pero sus primeras experiencias fueron muy dolorosas. "Al principio me resultó muy difícil porque, como era muy pequeño, no encontraba mi lugar en el equipo local. En una ocasión, un árbitro me impidió jugar porque todavía llevaba pañales. Me enfadé mucho y decidí dejar el fútbol desde ese día. Pensaba que este deporte no estaba hecho para mí. Pero me gustaba demasiado, así que volví y en mi primer partido marqué. A partir de ahí, todo vino rodado".
El chaval tenía temperamento, pero era muy tímido y asustadizo. Su madre le explicó que, unos días antes de su nacimiento, ella había sufrido una agresión física. Horas después, aquella misma tarde, falleció su abuelo paterno. Estos dos traumas convirtieron a César en una persona angustiada, de pocas palabras. Aunque, sobre el terreno de juego, se libera.
Timidez infantil
César Villaluz forma parte de la selección desde los 13 años,
al igual que casi todos los integrantes del
Tri sub-20 presentes en Canadá. En la concentración se
respira una gran armonía, y él es el animador del grupo. Quizás sea
un rebrote de su timidez infantil, pero parece sentirse un poco
molesto. "En el equipo reina un gran ambiente, porque estamos
juntos desde que formábamos parte del combinado sub-15. Por esta
razón me permito tomar el pelo a unos y a otros, porque sé que no
les va a sentar mal. Se trata simplemente de bromear. Nos gusta
mucho estar juntos. Creo que eso es lo que nos diferencia de un
simple equipo de fútbol", apuntó. Y comprobamos que es cierto
cuando escuchamos las risas incesantes durante el entrenamiento,
que discurre bajo la atenta mirada del seleccionador nacional Jesús
"Chechu" Ramírez.
Villaluz, que desempeña un papel clave en el equipo, es un excelente extremo, dotado de una punta de velocidad extraordinaria. En Perú 2005 marcó tres goles y, aunque en Canadá aún no ha estrenado su cuenta personal, sigue siendo uno de los motores del ataque mexicano. Lo que resulta extraño es que los medios de comunicación no le otorgan tanta relevancia como a Giovanni Dos Santos o a Carlos Vela, convertidos en figuras tras su actuación en Perú. "No me siento frustrado por la notoriedad de Carlos y Giovanni. Yo me limito a hacer mi trabajo, y no me importa si soy o no popular. Lo que cuenta es que el equipo juegue de manera solidaria, seamos o no conocidos. Si lo hago bien, el reconocimiento mediático llegará con el tiempo", afirmó con calma.
Sólo que Dos Santos y Vela ya están en Europa, el primero en el Barcelona y el segundo en Salamanca, mientras que él permanece en el Cruz Azul, donde no dispone de muchos minutos de juego. "Mantuve contactos con entidades europeas tras el Mundial Sub-17 de 2005, pero la cosa no cuajó. No hay duda de que este certamen es una buena oportunidad para que se fijen en nosotros los clubes europeos. Y cuanto más lejos lleguemos, más oportunidades tendremos. Ya veremos qué pasa al final del campeonato pero, si vuelvo al Cruz Azul, espero tener más minutos de juego". Hasta la fecha, César se ha visto eclipsado por una pléyade de veteranos delanteros, pero él se lo toma con paciencia.
"Divertirse sobre el terreno de juego"
El perspicaz Villaluz, que es un gran admirador de
Romario, sabe que gran parte de su futuro se juega en Canadá. El
certamen en general y el partido frente al Congo el particular son
sus dos únicas preocupaciones en este momento."El objetivo es
proclamarnos campeones. Hemos llegado aquí con esa idea en la
cabeza. Chechu (Ramírez) nos ha dicho que el choque frente al Congo
es una barrera más que tenemos que superar para hacernos con el
trofeo. Tenemos que seguir trabajando, sin dormirnos en los
laureles. El Congo tiene un equipo excelente, de no ser así no
estaría en octavos de final. Debemos prepararnos y estudiar al
rival para saltar al terreno de juego con seguridad".
Tampoco le asusta la recién adquirida condición de favorito de su equipo, porque conoce la fuerza del Tri. "No sentimos ninguna presión. Seguimos trabajando de la misma forma y sólo pensamos en nuestro próximo partido, como hicimos en 2005. Puede que después de proclamarnos campeones del mundo sub-17 la prensa nos considere favoritos, pero nuestra idea es hacer lo que sabemos hacer y divertirnos sobre el terreno de juego, porque así es como ganamos el título en Perú".
A causa del fútbol, Villaluz ya ha celebrado su cumpleaños fuera de casa, lejos de su familia, en ocho ocasiones. El joven espera que la próxima sea este año: el 18 de julio México debería estar en vísperas de su semifinal. Pero, quizás esta vez, como en 2005, sus padres (Rodolfo y Mari), emprendan viaje para ver a su pequeño y soplar con él sus 19 velas. Él ya tiene la mente puesta en su 22º cumpleaños."Todos los jugadores del mundo quieren participar con su selección en la Copa Mundial de la FIFA, y yo no soy una excepción. Por supuesto que pienso en 2010, pero sé que, para lograr un puesto en la selección absoluta, antes tenemos que lograr un buen resultado con la sub-20. Después, ya veremos".



