En la fase de grupos, desfilaron con estilo y desenvoltura, se embolsaron nada menos que nueve goles (máxima renta de la primera ronda), superaron a Brasil y arrollando a Polonia. Freddy Adu despuntó por fin y deslumbró con todo el talento que se le había atribuido. Y la vida fue maravillosa para Estados Unidos.

Pero nubes de tormenta encapotaron el cielo de Toronto antes de la cita de octavos del miércoles, y prefiguraron un choque más de arrestos y agallas que de estilo y arte. Según el seleccionador Thomas Rongen, la épica victoria por 2-1 contra Uruguay en la prolongación fue una cuestión de virilidad.

Michael Bradley, hijo del ex seleccionador estadounidense Bob Bradley, asestó el gol de la victoria en el minuto 2 del segundo tiempo de la prórroga. Era la primera vez que Estados Unidos vencía en la prolongación en un certamen de la FIFA. Bradley sabía que el duelo, que acabó con nervios crispados y algunos puñetazos tras el pitido final, requería tripas, corazón y rechinar de dientes. "Todos se metieron en el partido, y ganaron sus batallas. También Freddy (Adu) y los extremos, que son tipos a quienes les gusta subir a inventar. Todos hicieron su parte", comentó Bradley, que se está granjeando la confianza del club holandés Heerenveen. "No fue el día más tranquilo, pero todos luchamos a brazo partido por el equipo, no olvidamos los detalles, y nunca paramos de correr".

Peleando con los del medio
Aparte del gol, las contribuciones de Bradley en su papel de contención en el medio campo, así como las del infatigable Danny Szetela, ayudaron a los suyos a franquear la sólida muralla uruguaya cuando Freddy Adu parecía haberse quedado sin ideas y fuera de su sitio en los prolegómenos. "Los equipos estadounidenses tienen corazón, los jugadores estadounidenses tienen corazón", proclamó a FIFA.com Szetela, el recuperador de balones del equipo y trigoleador en la etapa de grupos. "A veces hay que jugar con coraje y encontrar una manera de ganar que no es muy bonita. (Los uruguayos) no nos hicieron retroceder. No nos dejamos intimidar".

Bradley continuó el encendido discurso de su compañero de aventuras, y torció la sonrisa para comentar la gesta. "Los equipos que sólo saben jugar un fútbol de ataque y bonito no suelen ser los que terminan ganando los campeonatos. No siempre funciona", afirmó Bradley, que fue expulsado en la semifinal de la Copa Oro con la selección mayor de Estados Unidos en su encuentro contra Canadá antes de llegar al certamen sub-20. "Hay que tener atrevimiento y fuerza para arrancar una victoria que acaso no te merezcas. A veces, jugar un fútbol ofensivo todo el rato no te lleva a donde quieres ir".

Adu, que entró más en acción en la segunda mitad y alcanzó a servir el tanto decisivo, también ve el espíritu de equipo como una marca de campeón. "Un equipo de campeonato necesita ganar partidos así, luchando contra viento y marea", señaló a FIFA.com.

"Jozy", fuera de combate
Josmer Altidore fue quien se llevó la peor parte de la turbulenta pendencia, y tuvieron que retirarlo del campo tras sufrir una dolorosa lesión en el gemelo. Mientras salía del terreno de juego escoltado por sus compañeros, no paraba de sonreír: "Tenemos mérito", manifestó. "Somos un puñado de hombres duros", dijo riendo.

Andre Akpan, el duro universitario de Harvard que lo sustituyó y que jugó un papel crucial en la elaboración del gol del empate en propia puerta cuando sólo faltaban tres minutos para el final del tiempo reglamentado, concordaba plenamente. "No se pueden jugar todos los partidos al mismo nivel de espectáculo y estilo", opinó el avispado suplente a FIFA.com. "Siempre va a haber partidos en los que hay que apretar los dientes y conseguir goles por muy feos que sean".

En el campamento yanqui, los jugadores y su intrépido estratega, Rongen, están dispuestos a tomarse los triunfos como vengan, estén bien o mal encarados. Otra victoria contra Austria el sábado en Toronto e igualarían su mejor marca histórica, que data de hace casi 20 años, cuando la escuadra de Estados Unidos dirigida por Kasey Keller desembarcó en la semifinal de Arabia Saudí 1989.