Una palabra se repetía el sábado por la noche en el Estadio Nacional de Fútbol de Toronto: "Increíble". Ni ellos mismos se creían lo que acababa de ocurrir. Los austriacos acababan de doblegar por 2-1 a Estados Unidos en un vibrante duelo de cuartos de final y celebraban la victoria por todo lo alto.

Nada más acabar el partido, la vuelta de honor y el agradecimiento a los hinchas; camino de las duchas, el cubo de agua fría sobre las cabezas del entrenador Paul Gludovatz y su ayudante Gerhard Schweitzer; en los vestuarios, la canción Soy de Austria, del cantante Reinhard Fendrich, entonada a pleno pulmón. Los austriacos daban rienda suelta a la alegría. "No puedo describir lo que ha pasado en el vestuario, lo emocionante que ha sido. Es una locura si pensamos lo que representa para un país tan pequeño como Austria estar en semifinales de una Copa Mundial", comentó a FIFA.com el delantero Rubin Okotie, que apenas encontraba palabras para describir lo que sentía en aquellos momentos .

El propio Okotie supo sacar partido a un fallo del guardameta estadounidense en el minuto 43 para igualar el gol con el que Josmer Altidore había otorgado la ventaja a Estados Unidos al cumplirse el primer cuarto de hora de juego. "Creo que hoy simplemente hemos tenido más fuerza de voluntad, que queríamos esta victoria a toda costa. Quizá esa voluntad haya sido decisiva", explica el delantero austriaco, que milita en el FK Austria Magna, un equipo de aficionados de su país.

Jimmy llegó, vio y venció
Recién finalizado el encuentro sonó el teléfono móvil del entrenador Paul Gludovatz. Uno de los primeros en llamar para felicitarle fue el Canciller Federal de Austria, Alfred Gusenbauer. Los teléfonos no pararon de sonar en ningún momento. Toda Austria había seguido el partido por televisión en el horario de máxima audiencia y, tras la sensacional victoria, llamaban amigos, conocidos y familiares para felicitar a todo el equipo. Como en el caso de Erwin Hoffer, cuyo teléfono sonó justo en el momento en que charlábamos con él a las puertas del estadio. "Es una sensación maravillosa. Nadie pensaba antes del Mundial que llegaríamos a semifinales", asegura el jugador que anotó el gol de la victoria.

Hoffer tuvo que esperar 103 minutos en el banquillo antes de saltar a la cancha. Al igual que en el partido contra Gambia, el delantero del Rapid de Viena se convirtió en el autor del gol decisivo. "Cuando uno salta a la cancha, lo da todo por el equipo. Y cuando he entrado yo, lo he dado todo y he marcado el gol. ¿Qué más se puede pedir?", dice humildemente. A modo de broma se ha afeitado su apodo "Jimmy" en la sien izquierda. "Ya lo hice en Austria antes del torneo, pero ahora que hemos llegado tan lejos tengo que retocarme", bromea el jugador de 20 años.

Alegría a raudales
Tras el partido, el equipo siguió celebrando su victoria en varios locales de Toronto. Pero la noche fue corta, ya que a primera hora de la mañana salía el avión con destino a Edmonton, donde la selección austriaca se enfrentará el miércoles a la República Checa. Los chicos de Austria conocen bien a sus vecinos del norte. Hace casi un año se vieron las caras en el Campeonato Europeo Sub-19. El 20 de julio de 2006, Austria cayó derrotada por 1-3; Hoffer marcó el único gol de Austria en aquel encuentro. Así pues, el equipo de Paul Gludovatz busca la revancha. "Todo es posible. Hemos demostrado que podemos ganar a cualquiera", asegura Hoffer, cuyo tanto del sábado se convirtió en el gol número 1,700 de la historia de la competición mundial sub-20.

A falta de un año para el saque inicial en su propio país del Campeonato Europeo de la UEFA, el éxito ha devuelto a los austriacos la confianza en sí mismos. La última vez que una selección de Austria se metió en la semifinal de una Copa Mundial de la FIFA fue en el año 1954, cuando cayó derrotada por 1-6 ante la República Federal de Alemania. "Creo que no se puede comprender cómo nos sentimos ahora. Todas las miradas están puestas en nosotros. Austria vive en un estado de euforia que, por supuesto, es muy beneficioso para la Eurocopa del año que viene", declara el capitán Sebastian Prödl intentando esbozar las consecuencias de este éxito. "Hemos demostrado que tenemos una cantera muy buena".

Tras el choque de semifinales, la selección austriaca regresará a Toronto. El 22 de julio, Austria disputará a orillas del lago Ontario o bien la final o bien el partido por el tercer puesto. "Este estadio se nos da bien, la ciudad nos gusta y, lo más importante, tenemos el apoyo de los espectadores. Nos veremos pronto", asegura Prödl, que tiene muy claro que quiere estar en la final. "Somos la revelación de esta fase final, los rivales nos respetan y estamos muy motivados".

Ahora, lo importante es concentrarse en la semifinal del próximo miércoles. "Jimmy" Hoffer y compañía seguirán escribiendo la gran epopeya austriaca.