Las emociones encontradas atormentarán de nuevo a una selección estadounidense sub-20 que tuvo momentos de brillantez en la cita de Canadá y que regresa a casa tras caer por 2-1 en la prórroga del duelo de cuartos de final frente a Austria el pasado sábado.

"No sé qué salió mal", declaró a FIFA.com un perplejo Freddy Adu tras la derrota encajada en Toronto, que llegó como consecuencia de un gol de Erwin Hoffer en la prórroga. "El fútbol es un deporte en el que los rebotes y unos pocos centímetros tienen mucha importancia. A veces, los rebotes no te favorecen y el balón no cae donde necesitas. Sabemos que nos dejamos la piel sobre el césped, pero no ha sido suficiente".

Adu anotó tres goles, participó en muchos otros y realizó un magnífico certamen, en el que fue protagonista de la victoria sobre Brasil y la goleada a Polonia en la primera ronda. Ahora busca una razón que explique la derrota. Michael Bradley se mostró más claro y directo. "Lo dimos todo sobre el césped", suspiró. "Pero nuestros rivales aprovecharon sus oportunidades y nosotros no".

Integrante ya del combinado estadounidense absoluto e hijo del seleccionador Bob Bradley, el joven Michael, enrolado en las filas del Heerenveen holandés, se ha revelado en Canadá como una gran promesa del fútbol norteamericano. El futbolista estadounidense, autor del gol de la victoria en el duelo de octavos de final contra Uruguay, posee una enorme capacidad para recuperar balones que, combinada a la obstinada entrega de su compañero en el mediocampo Danny Szelela, desbrozará el camino hacia un futuro brillante para Estados Unidos.

Estrella en ciernes
Szetela, un pétreo e incansable mediocampista que anotó tres goles y se reveló como uno de los líderes del conjunto estadounidense por su capacidad de lucha y su férrea decisión, no quiso buscar excusas para justificar la eliminación. "Es cierto que la lluvia convirtió el campo en una pista de patinaje, pero para los dos equipos", aseguró sin rodeos el jugador del Crew de Columbus, quien atraerá sin duda la atención de los clubes europeos tras su actuación en Canadá. "Lo que ocurrió fue que creamos ocasiones y no las aprovechamos... Quizá los austriacos tuvieron menos oportunidades, pero la diferencia radica en que ellos sí las transformaron en goles".

El seleccionador Thomas Rongen se refirió al significado del certamen en sus declaraciones a FIFA.com el día antes de la derrota ante Austria. "Para un país con una tradición futbolística reciente como Estados Unidos es importante jugar un fútbol atractivo y de ataque", aseguró este veterano técnico nacido en Holanda. "A fin de cuentas, en categorías inferiores, el juego que practicas es quizá más importante que los resultados. Estamos progresando a pasos agigantados y la gente está empezando a hablar del buen fútbol que practica Estados Unidos, y eso es algo que no estamos acostumbrados a oír".

Como Rongen subraya, el legado de este combinado estadounidense será el de la confirmación de los grandes progresos que se están realizando en la dirección correcta. Mientras que, en el pasado, las selecciones norteamericanas se han mostrado en ocasionas ingenuas tácticamente, este equipo imaginativo y dinámico llegó a Canadá con el objetivo de alcanzar las semifinales, un paso más allá que la última vez en que Rongen dirigió al combinado estadounidense, en Emiratos Árabes Unidos 2003, donde Estados Unidos cayó en un apretado duelo de cuartos de final ante una Argentina que lideraba Javier Mascherano.

Al final, el seleccionado estadounidense fracasó en su intento de lograr el objetivo marcado, pero si el propósito de un proyecto sub-20 es nutrir de estrellas a las selecciones absolutas del futuro, Estados Unidos han conquistado grandes metas en la cita de Canadá.

Futuros brillantes
Bradley y Szetela destacaron como verdaderos colosos en las labores de contención. Adu tuvo días de auténtica brillantez, especialmente el del 2-1 sobre Brasil. Josmer Altidore se mostró como un delantero de una tremenda proyección, dotado de la astucia y la fuerza física necesarias para dominar la pelota y anotar muchos goles.

En las bandas, los universitarios Tony Beltran y Sal Zizzo, de la Universidad de California de Los Ángeles, no desentonaron en un equipo de profesionales y sobresalieron por su habilidad y la precisión de sus centros. Todo apunta a que ambos jugadores tendrán brillantes carreras una vez que finalicen sus estudios en la soleada California.

En líneas generales, Estados Unidos echó en falta una mayor experiencia en partidos decisivos, lo que es comprensible si nos guiamos por las palabras de Rongen, que define la tradición futbolística de Estados Unidos como "aún en formación". Tras arrollar en la fase de grupos, el combinado norteamericano demostró que la tensión de las eliminatorias todavía le viene un poco grande. Con todo, Rongen, que logró que su equipo jugara el fútbol más atractivo y técnico que ninguna selección estadounidense haya practicado nunca, hace balance positivo de la experiencia.

"Lógicamente, siempre quieres ganar, pero, si el mundo comienza a darse cuenta de que en Estados Unidos se está jugando un fútbol ofensivo y de calidad, podemos estar seguros de haber avanzado en la dirección apropiada", aseguró. "Estamos muy decepcionados porque no logramos nuestro objetivo en Canadá. No obstante, podemos sacar más conclusiones positivas que negativas".