Los cuartos de final son siempre un obstáculo muy difícil de salvar en cualquier fase final de la FIFA. Cuatro de los equipos más espectaculares de Canadá 2007, España, Nigeria, México y Estados Unidos, han caído en la complicada prueba de cuartos.
España, ganadora de la última edición del Campeonato Europeo Sub-19 y campeona del mundo en 1999, llegó a Canadá con la intención de pelear por su segunda corona. La selección española, repleta de atacantes de gran talento, como Diego Capel o Adrián López, su máximo goleador, y tachonada de estrellas de la Primera División del campeonato nacional de liga, como Gerard Piqué o Antonio Barragán, arrasó en la fase de grupos con un estilo fresco y sumamente ofensivo que, en ocasiones, dejó sin aliento al público de Burnaby. España se proclamó campeona de su grupo, apeó de la competición a Brasil en octavos de final y se erigió como absoluta favorita para el choque de cuartos contra la República Checa, el combinado que acababa de eliminar a Japón en tanda de penales. Pero, como ocurre con frecuencia en los fatídicos cuartos de final, ganó el equipo más organizado y menos ofensivo, y de nuevo desde el punto penal, al que se vio abocado el partido después del desangelado empate a 1-1 con que se saldó la prórroga. Piqué, quien erró el quinto y decisivo lanzamiento para España, estaba convencido de que su equipo había sido el mejor sobre el terreno de juego: "Todos los compañeros están muy tristes. Se han echado a llorar en el vestuario", declaró el jugador, que esta temporada militó en el Zaragoza. "A veces el fútbol no es justo, pero debes aprender a aceptarlo".
La derrota por 4-0 de Nigeria ante la excepcional selección chilena pasará a la historia de las Copas Mundiales de la FIFA como uno de los resultados más injustos de una fase final. Los nigerianos habían ofrecido durante toda la competición un fútbol de ataque, espontáneo y atractivo, con el que habían creado innumerables ocasiones de gol, a pesar de contar con un grupo de jugadores prácticamente desconocidos, afincados todos ellos en sus ligas nacionales. Las jóvenes Súper Águilas se entregaron en cuerpo y alma los 90 minutos más seis de prolongación, pero acabaron por rendirse en la prórroga. Catorce minutos más tarde, habían encajado cuatro goles y jugaban con un hombre menos. El resultado allanó el camino para los chilenos, pero dejó al único representante africano, que había llegado al partido con el segundo mejor registro defensivo, tumbado sobre el césped preguntándose qué había ido mal: "Cuando encajamos el primer gol, nos sentimos hundidos. Planeábamos llegar lejos y ese gol hizo que nos sintiéramos indefensos", declaró el excepcional Ezekial Bala después de la eliminación. Pese a la derrota, Bala, Brown Ideyie y Chukwuma Akabueze brillaron en Canadá y demostraron que a estas jóvenes Súper Águilas les espera un futuro de altos vuelos.
La CONCACAF, herida en su orgullo
Otro equipo con un futuro brillante es la selección
nacional de Estados Unidos. Los norteamericanos empataron con la
República de Corea en su primer partido, vapulearon a Polonia por
un contundente 6-1 y, por último, se impusieron a Brasil para
finalizar primeros de su grupo. En octavos de final, pasaron apuros
para derrotar a Uruguay y, por último, se dieron de bruces contra
la robusta y eficaz selección austriaca. Freddy Adu, el capitán y
organizador del juego del equipo, se mostró consternado y sin
respuestas después de la derrota: "A veces, los rebotes no te
favorecen y el balón no cae donde necesitas", aseguró.
"El fútbol es un deporte en el que los rebotes y unos pocos
centímetros tienen mucha importancia. Sabemos que nos dejamos la
piel sobre el césped, pero no ha sido suficiente". Aunque en
esta última fase de la competición no le hayan salido las cosas
como había previsto, el seleccionador Thomas Rongen ha conjuntado
un grupo de jugadores con un futuro muy prometedor en el fútbol de
clubes y con la selección absoluta de su país. Michael Bradley,
Danny Szetela, Sal Zizzo, Tony Beltrán y Josmer Altidore cumplieron
con su cometido y demostraron que Estados Unidos es capaz de jugar
con estilo y coraje.
México, vecino sureño de los estadounidenses, llegó al campeonato de Canadá como uno de los favoritos para conquistar el título. El combinado de Jesús Ramírez, en el que figuraban diez de los jugadores que formaron parte de la selección sub-17 que se ciñó los laureles en el Campeonato Mundial Sub-17 de la FIFA Perú 2005, derrochó organización, estilo y voluntad para ganar. El coloso de la CONCACAF, propulsado por Giovanni dos Santos, del Barcelona, Carlos Vela, del Salamanca, y César Villaluz, del Cruz Azul, arrasó en el Grupo C hasta afianzarse en el primer puesto y, en octavos de final, derrotó al campeón africano, el Congo, por 3-0. Pero en el tenso partido de cuartos contra la defensora del título, Argentina, cualquier error iba a ser decisivo. Y, como era de esperar, un fallo defensivo justo antes del descanso significó su ruina y su eliminación de Canadá 2007 por la mínima (1-0). El guardameta Alfonso Blanco, uno de los mejores de esta edición del campeonato, fue filosófico respecto a la derrota: "No nos acompañó la suerte, pero así es el fútbol. El rival marcó y logró mantener la ventaja hasta el final".




