Tras sellar su pasaporte a su primera final mundialista como nación independiente con su victoria sobre Austria en la semifinal librada el miércoles, la República Checa contempla emocionada cómo algunos de sus jugadores sub-20 no encuentran palabras para explicar o expresar su gesta.
"Es algo muy bonito", lo intentó el mediocampista Jakub Mares, jugador del club Usti nad Labem. "Cuando salimos de casa rumbo a Canadá hace un mes, muy pocos pensaron que podríamos llegar lejos, pero aquí estamos ahora, en la final. Es difícil ponerlo en palabras. Es la mejor sensación que he tenido en toda mi carrera".
A propósito de las expectativas, el joven promesa del Tottenham, Tomas Pekhart, habló con FIFA.com antes del campeonato de Canadá y admitió que tenía emociones encontradas, dudas mezcladas con optimismo. "Lo más probable es que no ganemos el Mundial, pero tenemos un equipo muy bueno y unos cuantos jugadores excelentes", anunciaba el delantero, único miembro que juega fuera de su patria, y añadía: "El favorito es sin duda Argentina, el defensor del título. Pero quién sabe, tal vez podamos dar una sorpresa".
Las palabras de Pekhart han resultado doblemente proféticas. Primero contuvieron a los favoritos argentinos en su apertura del telón y arrancaron el empate a 0-0 que varios jugadores checos tildaron de "gran logro", y ahora tienen la suficiente confianza para enfrentarse de nuevo a los sudamericanos en esta final de ensueño.
Al igual que sus compañeros, Marek Suchy, canterano del Slavia de Praga, tiene que esforzarse para encontrar las palabras. "Aún no me hago cargo de lo que hemos logrado", confesaba. "Conseguiremos una medalla seguro, y me siento inmensamente feliz por eso. Me lesioné en los preparativos para este torneo, y por un tiempo pensé que no podría venir a Canadá. Es el sueño más hermoso hecho realidad".
"Vamos a tardar tres o cuatro días en asimilar la magnitud y el significado de esta victoria", añadía Ondrej Mazuch, jugador del Brno. "Nadie esperaba que llegáramos a la final, y para nosotros es algo maravilloso".
Para el volante Petr Janda, que recibió su segunda tarjeta amarilla de la fase eliminatoria en la semifinal contra los austriacos, el acceso a la final es en parte un gran sueño y en parte una pesadilla. Como se va a perder el que habría sido el partido más importante de su vida, el juvenil del Slavia de Praga tiene sentimientos ambivalentes. "No puedo estar más feliz por haber llegado a la final", comentó. "Pero no puedo ocultar mi tristeza por tener que ver el partido desde el banquillo. Va a ser duro".
A falta de un par de días para la gloriosa final, los checos, que son un equipo recio y sin grandes estrellas, deberán reconcentrarse para no caerse de la cama en su choque con la constelación argentina.


