Es tal vez el más paradigmático de la selección checa. Primero, porque es enorme (1,90 m), como la mayoría de sus compañeros (1,83 m de media). Además (y quizá sobre todo), porque, a sus 18 años, es muy tranquilo. Tomas Pekhart, el benjamín del equipo, se ríe hasta de su sombra. Es cierto que hay una final que jugar, pero, sinceramente, la palabra presión no tiene pinta de ser traducible al checo... Hay que destacar que en el país centroeuropeo la repercusión mediática es limitada, ya que lo que importa allí es la selección absoluta.
No es el caso de Pekhart, quien compara el éxito de su equipo con el de los mayores en 1996, cuando alcanzaron la final de la Eurocopa de Inglaterra ante la sorpresa general: "Me acuerdo de la final de 1996. Tenía 7 años y la vi por televisión. Es sin duda el mayor éxito de una selección checa en competiciones internacionales. ¡Y ahora nosotros somos los segundos en la lista!". En el equipo actual, cuentan con un aliado de peso, que sabe de qué va la historia: "El entrenador de los porteros, Petr Kouba, jugó aquella final. Nos lo contó; su experiencia es muy enriquecedora", añadió Pekhart.
Lo cierto es que nadie esperaba que llegaran hasta aquí; tal vez ni siquiera ellos mismos. ¿El secreto? Muy sencillo: "Jugamos como un equipo. No hay estrellas ni grandes nombres entre nosotros; no es como la selección argentina. De ahí viene nuestro éxito, de nuestra capacidad para jugar en conjunto", afirmó el delantero del Tottenham.
A los argentinos ya los conocen. Este segundo partido contra ellos lo encaran tranquilamente; sea o no una final, la cuestión no reviste mayor importancia. "Ya abrimos el torneo contra ellos, por lo que será un partido un poco especial. Ellos son favoritos, eso es evidente. Pero podemos sorprenderlos, como los sorprendimos arrancando un punto con el 0-0 del primer encuentro".
¿Penales? No, gracias...
Ahora, no obstante, el contexto es diferente: la competición
está bien avanzada, la confianza se ha adueñado de las dos
selecciones, el cansancio también. "Claro que estamos
cansados; es nuestro séptimo partido, con dos prórrogas de propina.
Pero es una final; es algo histórico, se trata del partido más
importante de nuestra carrera. Así que tranquilos, la energía está
ahí, ¡la adrenalina nos mantiene en pie!", aseguró
Pekhart.
En el choque inicial, los checos adoptaron una táctica clara, sin esconderse. ¿Y en esta ocasión? "No estoy seguro aún de la táctica que vamos a emplear. ¡Hay que preguntar al entrenador! Dicho esto, defender y esperar al contragolpe funcionó muy bien la primera vez, así que...", dejó caer maliciosamente. Lo que está claro es que evitar los penales es una prioridad. Bien es cierto que la República Checa ha ganado sus dos tandas hasta la fecha (una primicia en la cita sub-20), pero Pekhart cree que la suerte puede cambiar: "Nos dijimos todos que no queríamos más tandas de penales. Tuvimos suerte dos veces seguidas; no volverá a pasar una tercera vez".
Unas palabras pronunciadas con una sonrisa abierta, que parece indicar que los checos se adaptarán a lo que venga. No es precisamente el estrés lo que los trae de cabeza. "Antes del campeonato, nos dijimos que nos raparíamos la cabeza si accedíamos a octavos de final. Fue Martin Fenin quien tuvo la idea. Suele ser el payaso del equipo, siempre está haciendo bromas", explicó Pekhart.
Sin duda, esa actitud relajada es también una forma de olvidar la morriña, o la ausencia de sus familiares. Y es que no hay que olvidar que estos chicos tienen entre 18 y 19 años. "Es duro estar lejos de tu país así, por más de un mes", confesó Pekhart. "Nos las arreglamos para mantener el contacto, ya sea por Internet o por teléfono. Todos están muy excitados en el país, se alegran por nosotros. Cuando acabe el campeonato, me tomaré una semana de descanso en la República Checa, para mostrar mi medalla de oro a mi familia", afirmó riendo, antes de añadir: "Es broma, lo de la medalla de oro...".


