Hungría se impuso por 2-0 en la definición por tiros desde el punto del penal a Costa Rica y se colgó la medalla de bronce de la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Egipto 2009. El encuentro se disputó el viernes 16 de octubre en el Estadio Cairo Internacional de la capital egipcia. Desde 1972, cuando fueron subcampeones del Torneo Olímpico de Fútbol Múnich, que los Magiares no se subían al podio de una competición FIFA.
El calor, un enemigo común
Está claro que, a veces, las buenas intenciones no alcanzan para entregar un partido atractivo y dinámico. Eso fue lo que sucedió durante el primer tiempo entre húngaros y costarricenses, quienes siempre pensaron en el arco de enfrente pero no tuvieron la lucidez indispensable para llevar a cabo sus planes. Es cierto que el calor tuvo mucho que ver, ya que no sólo quita piernas sino también aplana las ideas, pero aún así se esperaba un encuentro más abierto y con situaciones de gol sobre los dos arcos.
Cada uno apostó a lo suyo a la hora de pasar de posiciones defensivas a ofensivas: Hungría, a los pases largos y su verticalidad; Costa Rica, al cuidado del balón o su rapidez para salir de contragolpe. Sin embargo, todos los ataques se diluían en los metros finales, por lo que ambos eligieron el remate de media distancia para probar suerte. Pero tanto Peter Gulasci como Esteban Alvarado se mostraron atentos.
Emociones varias
Distinta fue la historia en la segunda etapa. De la mano de Vladimir Koman, Andras Simon y Andras Gosztonyi, Hungría fue haciéndose del control del juego, empezó a empujar a Costa Rica contra su arco y bombardeó la meta de Alvarado, pero su falta de puntería y la brillante noche del arquero tico le impidieron abrir el marcador.
Y vaya si es cierto aquello de que "los goles que no se hacen en el arco de enfrente, se pagan en el propio": Marcos Ureña recibió en la puerta del área levemente ubicado sobre la izquierda, encaró hacia el medio y, tras sacarse una marca de encima, sacó un tremendo derechazo que se metió abajo junto al palo derecho de Gulasci (81', 0-1).
Pero de tanto insistir, Hungría tuvo su premio. Un minuto después de que perdiera su tercera opción clara del gol del partido, Krisztian Nemeth entró al área por izquierda y fue desplazado por José Mena: segunda amarilla, expulsión y penal que Koman transformó en el empate con un remate fuerte al medio (90' +1', 1-1).
Ya no había tiempo para más y la contienda debió definirse en los penales. Allí surgió la enorme figura de Gulasci, quien atajó los disparos de David Guzmán, Cristian Gamboa y Carlos Hernández para catapultar a su selección al tan ansiado podio del torneo.

