Exultantes mientras recorrían los amplios pasillos del Estadio de los Trabajadores de Pekín, las integrantes de la selección femenina de Estados Unidos, cada una con la medalla de oro al cuello, eran la viva imagen de un justificado orgullo. FIFA.com habló con varias de las norteamericanas, que aún no habían asimilado por completo su victoria por 1-0 en la prórroga contra Brasil y el tercer oro del conjunto de las barras y estrellas.
"Qué sensación. Hemos estado unidas durante todo el torneo, a pesar de haber tenido un par de momentos difíciles", afirmó Shannon Boxx, todo sonrisas después de contribuir mediante su esfuerzo en el mediocampo al triunfo sobre las sudamericanas, en lo que fue una reedición de la final de Atenas 2004. "Este partido sintetiza todo nuestro espíritu de lucha y nuestra entrega. Esta noche hemos respetado de verdad a Brasil, que demostró ser un equipo fantástico y muy técnico con el balón. Sabíamos que teníamos que defender como un equipo, porque si dejábamos que se produjesen situaciones de una contra una, íbamos a pasar apuros".
Al preguntársele qué semejanzas había entre este oro y el conquistado hace cuatro años, no creyó que ambos pudieran compararse. "Es un sentimiento muy distinto. Las dos medallas son muy especiales, pero me siento feliz de haber ganado con este equipo y con esta sensacional plantilla", declaró.
Lindsay Tarpley, que también se colgó su segundo oro, estaba simplemente abrumada. "Todavía no lo he asumido. Estoy intentado absorber el momento, las medallas, el himno, este gran partido. Es increíble", dijo a FIFA.com. "Estoy muy orgullosa de este equipo, de cómo ha perseverado después de muchos altibajos. Es asombroso".
"La adversidad nos ha hecho más fuertes como equipo. Esta noche hemos luchado las unas por las otras y hemos vencido. Esto es un sueño", añadió.
Heather Mitts, la zaguera que se perdió la Copa Mundial Femenina de la FIFA del año pasado por una lesión de rodilla, estaba igualmente encantada. "Es alucinante. Este equipo y yo hemos vivido una trayectoria asombrosa, estoy muy emocionada", explicó. "Hoy hemos tenido que emplearnos a fondo en la defensa. Cumplimos ante dos de las mejores jugadoras del mundo, como son Marta y Cristiane. No puedo estar más feliz".
Angela Hucles, cuyas carreras ejemplificaron la lucha de Estados Unidos por el oro, coincidió totalmente. "Qué sensación. Resulta complicado describirla. Nos hemos esforzado mucho para esto, estoy muy orgullosa de mis compañeras", exclamó. "Pasamos por momentos difíciles antes del torneo, nos quedamos sin nuestra mejor delantera, luego perdimos el primer partido, contra Noruega, pero nos recuperamos y al final conseguimos lo que habíamos venido a buscar: una medalla de oro".
La dinastía olímpica de las orgullosas norteamericanas es ya oficial. Con este segundo oro consecutivo, se han adjudicado tres de los cuatro Torneos Olímpicos de Fútbol femeninos.
