Al recoger el trofeo que la acreditaba como la Jugadora Mundial de la FIFA 2006, la brasileña Marta no podía ocultar su emoción en forma de lágrimas pero miraba al futuro con ambición y ganas. "El año que viene será importantísimo para mí. Disputaremos en China la Copa Mundial, y ya tengo muchísimas ganas de que llegue. No sé si podemos ganarla, pero nos plantaremos allí con la convicción de que todo es posible", aseguraba.
Sabe que lograr el título no será fácil, pero Marta está acostumbrada a luchar contra la adversidad. Sin duda, nunca escogió el camino fácil. A pesar de que el fútbol es casi una religión en Brasil, que las jugadoras sean chicas no estaba bien visto cuando la niña descubrió su pasión por el balón. Así, tuvo que pelear contra la oposición familiar.
Hizo las maletas en 2004 para instalarse en Suecia. Con 18 años, la ausencia de los seres queridos, un idioma extraño y condiciones climáticas para nada cercanas a las brasileñas fueron obstáculos que sólo pudo superar gracias a la fuerza que le transmite el balón. El Umea le ofrecía unas posibilidades de crecimiento profesional que no encontró en Brasil, y se sacrificó para seguir progresando.
Y lo hizo con pasos de gigante. Hoy, con tan sólo 21 años, la atacante es una estrella mundial. Además del galardón recibido en Zúrich el pasado mes de diciembre, la joven acumula dos medallas de oro de los Juegos Panamericanos, una medalla de plata conseguida en el Torneo Olímpico de Fútbol femenino de Atenas 2004, con su selección, y una Copa de la UEFA con el club sueco.
Quizá el reconocimiento que más la haya emocionado tuvo lugar en julio en el estadio Maracaná. La deslumbrante número 10 no sólo dejó la huella de sus pies en el Hall de la Fama del templo del fútbol brasileño, sino que se convirtió en la primera mujer que goza del privilegio de figurar al lado de las marcas de Pelé, Zico, Garrincha, Ronaldo o Romario, entre otros.
Resulta difícil describir las cualidades de la brasileña, por la variedad de virtudes que es capaz de desplegar sobre el césped. Combina velocidad con un endiablado regate que abre huecos imposibles en las defensas rivales. No sólo tiene un impresionante olfato de gol y potente disparo, sino que es generosa en el pase y la asistencia a sus compañeras. Extremadamente sensible en la distancia corta, la jugadora se convierte en pura garra y carácter en cuanto pisa el campo de juego. A pesar de su menudo cuerpo, goza de una vitalidad y fuerza impresionante; pareciera que no conoce el cansancio. ¿Un defecto? Su 1,60 no le da muchas opciones en el juego aéreo o al choque.
Progreso meteórico
Marta se presentó ante el mundo con sólo 16 años en
el Campeonato del Fútbol Femenino Sub-19 de la FIFA Canadá 2002, y
un año más tarde tuvo la ocasión de participar en la Copa Mundial
Femenina de la FIFA Estados Unidos 2003. Si en estos dos torneos
era considerada una novata, en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004
fue la gran esperanza y estrella del equipo: Brasil logró la
medalla de plata en una reñidísima final ante Estados Unidos.
Igualmente, Marta fue el motor de su selección en la siguiente
edición de la competición sub-19 en Tailandia. Su actuación no
defraudó y, a pesar de que el equipo tuvo que conformarse con un
cuarto puesto, la delantera fue premiada con el Balón de oro.
Su brillante trayectoria en ese año le valió el tercer puesto en la Gala de la Jugadora Mundial de la FIFA 2004. Sólo 12 meses después escaló al segundo lugar, para luego coronarse en 2006. Con el galardón en la mano, Marta anunciaba su ambición de cara al 2007 y, si bien comenzó con decepción tras la derrota de su club en la final de la Copa de la UEFA, recuperó el ánimo con sus meninas al hacerse con el oro del Panamericano en el Maracaná.
Ahora toca el Mundial, ambición no le falta y talento le sobra...

