Cada año, el decimoquinto día del octavo mes lunar de su calendario, los chinos de todo el mundo se reúnen a la luz de la luna para comer pasteles de luna con té verde y pensar en sus seres queridos en lugares remotos. Quienes han llegado a China desde tierras lejanas con motivo de la Copa Mundial Femenina de la FIFA de este año, también han participado de los ritos de conmemoración y nostalgia del Festival de Mediados de Otoño. Durante el festival, que este año ha coincidido con el 25 de septiembre del calendario gregoriano, los anfitriones del campeonato han trabajado con ahínco para recrear el ambiente familiar en la prueba reina, y procurar a las jugadoras y a los delegados un entorno acogedor con tradicionales pasteles de luna incluidos.
El Festival de Mediados de Otoño es una popular tradición china que data de hace 3,000 años y se remonta a la dinastía Zhou. El Día de Mediados de Otoño, la gente se reúne para adorar a la divinidad lunar y comer algunos alimentos típicos de estas fechas, como pasteles de luna, sandías, manzanas y yuyubas. Al cortar el pastel de luna, es importante tener en cuenta a todos los miembros de la familia, ya estén cerca o lejos, y dividir el pastel en porciones iguales en aras de la tradicional importancia de la reunión familiar.
Según el antiguo mito chino, Chang'e es una deidad que vive en la luna con un conejo de jade por toda compañía. La leyenda dice que Chang'e quedó extasiada ante la brillante luz lunar y, movida por su anhelo de un país maravilloso, abandonó el mundo de los mortales y se refugió en la luna. Gracias a los esfuerzos de los organizadores, la Copa Mundial Femenina de la FIFA de este año ha dado un nuevo significado a esta venerable tradición asiática.
Un día entre otros
El 25 de septiembre, el día antes de su choque de semifinales
contra Noruega, la selección de Alemania asistió a una rueda de
prensa en la que los periodistas chinos le informaron cumplidamente
de las tradiciones del Festival de Mediados de Otoño. Las
defensoras del título escucharon con atención mientras los
periodistas les explicaban que el 25 de septiembre es cuando la
Luna está más cerca de la Tierra, y cuando está más llena y
luminosa. Para el combinado de Brasil, fue un día más de trabajo,
pues pasó la tarde ejercitándose con intensidad sobre el campo de
entrenamiento.
Sin embargo, la delantera brasileña Cristiane no pudo evitar acordarse con nostalgia de los suyos cuando se enteró del simbolismo de esta fecha especial. "Es un festival fantástico. Echo mucho de menos a mi familia últimamente", comentó la letal ariete. El nostálgico evento también tocó alguna fibra sensible del seleccionador auriverde Jorge Barcellos, que señaló a FIFA.com: "Es un festival con un hondo significado. Ya llevo dos semanas en China y también empiezo a añorar mi hogar. Tengo ganas de estar con mi mujer y mi hija. Estar con la familia es simplemente maravilloso".
La añoranza del hogar que sienten muchos de los participantes en la Copa Mundial Femenina de la FIFA en curso fue bien expresada por las famosas palabras del poeta Wang Wei, de la dinastía Tang, que una vez escribió: "Como extranjero solitario en tierras extrañas, echo más de menos a mi familia en los días festivos". Mientras las celebraciones del festival de la luna han puesto a muchas jugadoras y entrenadores a pensar con cariño en su casa, la generosa hospitalidad y la cálida bienvenida de la nación anfitriona han contribuido a aliviar su melancolía durante el torneo.
En Shanghai, el Comité Organizador Local de la Copa Mundial Femenina de la FIFA regaló a los delegados del organismo rector del fútbol mundial cajas de pasteles de luna junto con sus mejores deseos para el Festival de Mediados de Otoño. El mensaje festivo rezaba así: "La noche del decimoquinto día del octavo mes del calendario lunar, la luna se encuentra en toda su plenitud. En la cultura china, la luna llena de mediados de otoño simboliza la felicidad y la unión familiar. Por tanto, nos gustaría transmitirles a ustedes y a sus familias nuestros saludos en esta ocasión dichosa". Este considerado gesto no sólo dio al equipo internacional de delegados la oportunidad de saborear las delicias de la repostería tradicional china, sino que demostró además otras maneras en las que el certamen está ayudando a construir puentes entre gentes de todas las nacionalidades.
Aunque muchas de las jugadoras y muchos de los delegados que han acudido a la fase final de este año han estado lejos de sus seres queridos durante este periodo de celebración familiar, el acogedor ambiente que han creado los anfitriones del campeonato perdurará por mucho tiempo en sus memorias.
