El primer gran torneo de fútbol femenino disputado en Oriente Próximo ha sido un hito en muchos aspectos, aunque no en la distribución del podio. El dominio de Asia —del que han salido todos los campeones del certamen, excepto uno— no sólo continuó, sino que se vio incrementado, al estar Japón y la RDP de Corea, la campeona, claramente por encima de los demás.

Ni siquiera España y Venezuela, que terminaron entre los cuatro primeros por segunda edición consecutiva, fueron capaces de plantarles cara, al perder sus respectivas semifinales por idéntico margen, de tres goles. Estados Unidos, Alemania y Canadá, potencias tradicionales del fútbol femenino en la categoría absoluta, tampoco consiguieron llegar lejos, y los dos conjuntos norteamericanos incluso cayeron en la liguilla. El desempeño de la campeona de África, Nigeria, fue aún peor, al tener que hacer las maletas sin llegar a estrenar su cuenta anotadora. Y la maldición de los anfitriones continuó, puesto que Jordania fue el quinto país organizador, en cinco torneos, que dijo adiós en la fase de grupos, y el tercero consecutivo en perder sus tres compromisos.

Estrellas y momentos de magia
En términos globales, ha sido la Copa Mundial Femenina Sub-17 de la FIFA con menor cantidad de goles, aunque nunca se había visto tanta calidad, como corroboró una apasionante final que terminó en 0-0. Las norcoreanas se colgaron el oro gracias a sus nervios de acero en una tanda de penales prácticamente impecable, aunque el cuadro nipón también hubiera sido un digno vencedor.

El seleccionador de la RDP de Corea lo reconoció justo después de que las jóvenes Chollima, vencedoras en 2008, se convirtiesen en las primeras bicampeonas de la prueba. “Japón tiene un nivel técnico superior al nuestro, lo admito, y falló varias ocasiones inmejorables”, señaló Sin Jong-Bok, quien atribuyó la victoria de sus discípulas a la “fortaleza psicológica”.

Y no fueron palabras vacuas. Sin y sus jugadoras formaron una improvisada guardia de honor para aplaudir a las japonesas —un gesto típico de la deportividad que pudo verse en Jordania— y rendir homenaje a una selección que, en muchos aspectos, sigue siendo una referencia de este nivel.

Pero las actuaciones elegantes y pulidas de las jóvenes Nadeshiko tampoco se quedaron sin recompensa, ya que su organizadora de juego y capitana, Fuka Nagano —integrante de menor edad del plantel que conquistó el título en 2014—, fue elegida mejor jugadora de Jordania 2016. Y además de la ganadora del Balón de Oro adidas, hubo otras historias de éxito individuales: en el futuro, habrá que prestar suma atención a muchachas como Ri Hae-Yon, Riko Ueki, Laia Aleixandri, Giulia Gwinn, Sung Hyang-Sim, Jacqueline Ovalle y Sandra Owusu-Ansah.

Y, claro, Deyna Castellanos. La número 9 venezolana estuvo lastrada por las lesiones y unos marcajes estrechísimos en las últimas fases del torneo, pero nos dejó algunos de los momentos más memorables. ¿Cómo olvidar, por ejemplo, el atrevido disparo desde el círculo central con el que dio a las suyas una victoria agónica sobre Camerún, o el sensacional quiebro y el imparable remate que propiciaron el triunfo de la Vinotinto sobre Canadá? Después de una campaña recompensada con la Bota de Oro a los 15 años en Costa Rica 2014, Castellanos ha consolidado sin duda alguna su reputación como superestrella en ciernes.

Un legado duradero
Y si bien el objetivo central del torneo consistía en desarrollar a esta próxima generación de jugadoras extraordinarias, Jordania 2016 albergaba unas ambiciones aún mayores. Su Majestad la Reina Rania las dejó de manifiesto ya antes de que empezase a rodar el balón, al mostrarse convencida de que el fútbol puede ayudar a “las actitudes y la forma en la que la sociedad percibe a las niñas y a las mujeres”. Samar Nassar, Consejera Delegada de un Comité Organizador Local compuesto por un 75% de mujeres, fue más allá, afirmando que las futbolistas participantes no sólo iban a jugar “para ellas mismas y para sus países, sino también para todas las niñas del mundo, por la emancipación de la mujer y por el fomento de la igualdad de género”.

El deseo de promover estas causas y dejar un legado duradero en la región tuvo un peso considerable para que la FIFA se decidiese por llevar a Jordania el Mundial Femenino Sub-17, y se hizo evidente durante toda la competición, mediante la celebración de una serie de cursos, seminarios y otros actos para promocionar y servir de estímulo a jugadoras, entrenadoras y árbitras. Y también se brindó apoyo a las niñas de los campos de refugiados de Jordania: hasta 300 asistieron al partido inaugural de las anfitrionas, y una de ellas, Laila, confesó tras vivir esa experiencia que también quería ser futbolista y convertirse algún día en capitana de su selección.

Sólo el tiempo dirá si lo consigue. Pero, más allá de la emoción que nos ha dejado el torneo, el simple hecho de haber creado este sueño en una niña refugiada de Oriente Próximo hace que también haya sido un éxito en cuanto a inspiración.

Selecciones participantes
Alemania, Brasil, Camerún, Canadá, España, Estados Unidos, Ghana, Inglaterra, Japón, Jordania, México, Nigeria, Nueva Zelanda, Paraguay, RDP de Corea, Venezuela

Clasificación definitiva
1. RDP de Corea
2. Japón
3. España
4. Venezuela

Sedes y estadios
Estadio Internacional de Ammán (Ammán), Estadio Internacional Rey Abdullah II (Ammán), Estadio Internacional Al Hassan (Irbid), Estadio Internacional Príncipe Mohammed (Al Zarqa)

Máximas goleadoras
Bota de Oro adidas: Lorena Navarro (ESP) (8 goles, 1 asistencia)
Bota de Plata adidas: Ri Hae-Yon (PRK) (5 goles, 1 asistencia)
Bota de Bronce adidas: Deyna Castellanos (VEN) (5 goles)

Premios
Balón de Oro adidas: Fuka Nagano (JPN)
Balón de Plata adidas: Sung Hyang-Sim (PRK)
Balón de Bronce adidas: Deyna Castellanos (VEN)
Guante de Oro adidas: Noelia Ramos (ESP)
Trofeo Fair Play: Japón

Número de goles
104 (una media de 3,25 por partido)

Número de espectadores
104.095 (una media de 3.253 por partido)