Los estudios, la música, las amigas y el turismo han constituido la base de sus actividades entre bastidores. Las jóvenes futbolistas de las 16 selecciones participantes en la Copa Mundial Femenina Sub-17 de la FIFA Jordania 2016 han pasado mucho tiempo jugando, entrenándose, recuperándose físicamente o analizando el juego de sus rivales. Ahora vamos a ver lo que han hecho una vez terminados sus deberes deportivos.

Jordania goza de una rica historia. Numerosas civilizaciones han ocupado este país a lo largo de los siglos. Por tanto, no es de extrañar que las selecciones hayan aprovechado este campeonato para hacer turismo. La maravillosa ciudad de Petra, situada a unas tres horas por carretera de la capital, Ammán, ha sido su principal destino. Tampoco hay que olvidar el Mar Muerto (el punto más bajo de la Tierra), ni la antigua ciudad de Jerash, a menos de una hora de la capital. Eso sin contar que bastaban unos minutos para plantarse en el centro de Ammán y visitar su famoso teatro romano…

“Jordania tiene paisajes muy bonitos y grandes monumentos, que son muy diferentes de los que conocemos en Alemania”, confiesa la jugadora alemana Giulia Gwinn. “Ir al Mar Muerto ha sido una experiencia única: basta con tenderse sobre el agua para flotar tranquilamente. Hemos disfrutado del lugar, de su tranquilidad y de la puesta de sol”.  

De turismo por Jordania
La selección neozelandesa fue una de las primeras en darse cita en Petra. Tras su prematura eliminación en la segunda jornada de la liguilla, el cuerpo técnico decidió visitar el histórico emplazamiento para que cambiasen de aires las jugadoras, lógicamente decepcionadas. “Es un viaje bastante largo desde Ammán, pero merecía la pena”, estimaba la jefa de equipo, Kelly Bolus. “Las jugadoras pasaron un magnífico momento allí. Descubrieron la civilización que construyó este sitio hace miles de años. Algunas se montaron en los camellos y regatearon con los vendedores del lugar”.

Las selecciones participantes llegaron a Jordania una semana antes del comienzo de la competición. Esa fecha coincidía con la vuelta al colegio en la mayoría de los países, pero los profesores dejaron marchar a sus alumnas para disputar este campeonato internacional. Las jóvenes, eso sí, no se olvidaron de llevarse sus manuales escolares; y muchas dieron clases con sus compañeras para no quedarse retrasadas a su regreso.

“Todas las chicas se reúnen en una sala con sus libros y estudian. Lo hacemos dos horas al día”, cuenta la defensa Taylor Hinds, que disputó los 4 partidos de Inglaterra hasta su eliminación en cuartos de final.

Todas las selecciones estaban alojadas en Ammán, en el mismo hotel. Por tanto, era fácil que las chicas de los diferentes países se encontrasen en el vestíbulo del alojamiento, los ascensores o la piscina. A pesar de las diferencias culturales y la barrera del idioma, consiguieron comunicarse, como nos confirmaba la portera de Ghana, Kayza Massey: “Estas competiciones nos permiten descubrir otras culturas. Me lo pasé genial con las neozelandesas”.

Buenas y malas cantantes
A las jugadoras les gustan las largas concentraciones que tienen lugar antes y durante las grandes competiciones, pues les dan la oportunidad de pasar tiempo juntas, como subraya la jugadora española Laia Aleixandri: “Escuchamos música, a veces todo el día. Ana Torroja es la que mejor canta. Las demás cantamos horrible”, aseguraba entre risas.

“Nos reunimos y escuchamos nuestras canciones preferidas”, coincide la alemana Giulia Gwinn. “Durante nuestra prolongada presencia aquí, formamos un grupo unido, y hacemos las mismas cosas”.

La inglesa Taylor Hinds, por su parte, cuenta lo que hacían las chicas después de las clases: “Nos divertimos mucho. Jugamos a juegos de preguntas o vemos películas. Hacerlo juntas resulta aún más agradable”.

“Durante el día, vamos a nadar, nos tumbamos al sol y nos relajamos en el jacuzzi después de los partidos y los entrenamientos”, desvela a su vez la japonesa Fuka Nagano. “Después, nos reunimos para ver la televisión y jugar a las cartas. Lo estamos pasando bien en Jordania, y todas las jugadoras son amigas”.

La camerunesa Eni Kuchambi nos explicó cómo ocupaba el tiempo libre en el hotel con sus compañeras: “Después de las clases, vamos al vestíbulo a charlar. Hablamos de lo que ha pasado en el terreno de juego y nos reímos de ello. Incluso, nos planteamos retos con el fin de mejorar”.

La competición concluye dentro de dos días escasos. Este jueves, las jugadoras que siguen en liza realizarán su último entrenamiento antes de la final y del partido por el tercer puesto. Sin duda, hablarán del trofeo y de los demás galardones que se otorgarán en la noche del viernes, pero sólo algunas de ellas cumplirán su sueño.